Juan Daniel Oviedo (Bogotá, 49 años) usa todos los días un chaleco con notorio rayo amarillo en su solapa. Aparece lleno de energía en el tercer piso de una vieja casa de un barrio de clase media alta de Bogotá, el Polo Club, donde tiene su sede de campaña. La que alguna vez fuera una habitación, con vista amplia al occidente de la ciudad en la que nació y en la que fue candidato a la alcaldía hace tres años, se convierte en una sala con mobiliario escaso, sencillo pero cuidado, algunos libros y grandes afiches. El aspirante a la vicepresidencia de Colombia recibe a EL PAÍS al día siguiente de que se conocieran dos encuestas que muestran que la campaña que lidera la senadora uribista Paloma Valencia ha perdido terreno frente al ultraderechista Abelardo de la Espriella en la lucha por pasar a segunda vuelta frente al senador de izquierdas Iván Cepeda. Oviedo, quien duerme y come poco desde hace años, muestra cierta desilusión a nueve días de las votaciones. “Colombia cree que la unión de diferentes es una receta para el fracaso”, dice, aunque después matiza: “Estar aspirando la Vicepresidencia de Colombia es algo que me emociona”.P. ¿Cómo ve el remate de la campaña? R. Veo un país que no madura tan rápido como quisiera. Tenía la esperanza de que valorara honrar la palabra y organizar una coalición tras la consulta, que valorara que sumar vale la pena. Pero la norma politiquera es otra en un país que ya tiene una tribuna electoral en las redes sociales, donde todo depende de la viralidad orgánica, que a su vez requiere o de mucha autenticidad o de mucha ponzoña. Y lo fácil es la ponzoña, inventar, confundir, porque la autenticidad requiere que la audiencia tenga una actitud reflexiva de sí. Pero, como dije en los debates televisados de la gran consulta, se necesita más carácter para sumar que para dividir. Creo que vale la pena hacer esa tarea en la política.P. Con las encuestas recientes, ¿cree que eso les está costando?R. Creo que a la gente le cuesta entender una coalición interpartidista, con diferentes movimientos y matices ideológicos. Cree que la expresión de la diferencia es el anuncio de un fracaso, su receta. Al analizar la encuesta de cultura política del DANE, encontramos una dificultad para trabajar en equipo, típica de una sociedad supremamente desconfiada. Y lo que nosotros hacemos es eso, trabajar en equipo desde la autenticidad de cada uno. Ella tiene que amasar la base del Centro Democrático, su partido, y yo tengo que atraer a personas no necesariamente indecisas, sino que estaban desconectadas con la política porque nadie les inspiraba confianza. Creo que yo les he inspirado al explicarles que sencillamente estoy aplicando para un trabajo sin cambiar mi vida para eso, ofreciendo mi guía y lo que soy.P. ¿Ustedes dos son complementarios o contradictorios?R. Ahí aparece otro tema: somos el país del “pero”, en lugar del “también”. Cuando acepté ser la fórmula de Paloma, gente de la comunidad LGBTI me decía “usted se vendió por estar con un partido antiderechos”. Pero si ese partido renuncia a hacer reformas constitucionales en los próximos 4 años para retroceder en los derechos…P. ¿Eso es parte de su acuerdo con Valencia?R. Sí, está clarísimo, porque el plan de Gobierno no tiene ninguna propuesta para hacer un referéndum para prohibir la adopción homosexual o para que la identidad de género diverso sea reconocida como ya establece la Corte Constitucional.P. ¿No hay un riesgo de retroceso?R. La gente piensa en Estados Unidos y dice: “Pero la Corte Suprema puede hacerlo”. Pero no mira al fondo, las diferencias entre sistemas jurídicos... Colombia es víctima de la tendencia global del extremismo. Paloma le apuesta a que la derecha del Centro Democrático se siente con el centro de Oviedo, pero automáticamente eso genera el riesgo de que aparezca una derecha más extrema que, al contrario de concentrarse en debatir con la extrema izquierda, nos ataque a nosotros. Y ya pasó: en 24 horas la extrema izquierda vandalizó nuestra sede en Bogotá y la extrema derecha dijo que soy drogadicto. Hay un interés explícito de debilitarnos. Y para eso sirve el machismo mojigato colombiano, el que lleva a la gente a decir que, si los problemas son tan complejos, se necesita votar por dos hombres, no por una mujer y un gay. El discurso de Abelardo de demostrar su hombría, de mostrar sus genitales, tiene un sentido en las narrativas electorales: ya habían dicho del otro lado “¡Solo Petro en esta mondá [pene]!“. Y para eso tiene que haber otra mondá, y él transmitió ese mensaje. P. ¿Cuál es su propuesta ante ese diagnóstico? R. Nuestro plan es mirar a 2050. Ese es un año particular porque el envejecimiento nos llevará al llamado impuesto demográfico, cuando nuestro sistema de protección social no encontrará forma de financiarse si no formalizamos la economía, si no conectamos mejor los territorios, si no resolvemos el problema de desigualdad estructural. Pero en este 2026 la izquierda quiere borrar el dos para volver a 2006, a la reelección de Álvaro Uribe. La izquierda nos quiere tratar como si estuviéramos en la generación pasada, y nosotros queremos proyectarnos a la próxima generación. P. ¿Y la derecha?R. La alternativa de la derecha extrema dice “refundemos la patria”, es decir, volvamos atrás, cambiemos el pasado. Hoy el país está mirando el pasado porque este Gobierno apagó la llama del futuro de Colombia. ¿Quién habla hoy del futuro de Colombia? ¿Cómo aspiramos, qué queremos tener? Ahí está la favorabilidad de esas dos visiones extremas, compatible con la radicalización de las redes sociales, compatible con el carácter violento de nuestra cultura política, compatible con el afán del Gobierno de turno de estar mirando hacia atrás. Esa reivindicación nos tiene en un escenario complejo, en el que la esperanza no cautiva tanto.P. Se dice que esta es una campaña mediada por la emoción del miedo: el miedo a que vuelva Uribe, el miedo a que siga la izquierda...R. Creo que lo que le pasa a Colombia ya está escrito y no lo hemos querido ver. Siempre cito a Jared Diamond en su libro Colapso: esto le pasó a Finlandia, le pasó a Francia. Cuando un país no reconoce sus problemas, queda condenado a los populismos. Y los populismos nos llevan a repetir los mismos errores de siempre: o gobernamos con el miedo, como hoy está proponiendo la ultraderecha, o hacemos promesas irrealizables, como anuncia Iván Cepeda.P. Dice que estamos condenados. ¿No ve salidas?R. Creo que esta apuesta tiene un valor muy importante en el hecho de que Paloma sea mujer. Aunque tenemos un machismo mojigato, más del 94% de la gente que vota responde en la encuesta de cultura política que estaría dispuesta a hacerlo por una mujer; el problema es la homofobia: el 23% de la gente todavía dice que no por un marica como yo. Pero cuando pregunta qué es lo más importante para que funcione bien la democracia, después del derecho a elegir y ser elegido, aparece la participación equitativa de mujeres. Tal vez de allí salga un impulso para votar por una mujer.P. ¿Han visto eso en las más recientes encuestas?R. Vemos que el país mordió el anzuelo de la izquierda de pensar que la relación cercana de Paloma con Uribe significa que votar con ella era volver a 2006, y también se comió el cuento de que se necesita o un mago que resuelve problemas con una varita mágica o un milagro que borre todo para volver a empezar.P. ¿Cómo van a enfrentar esa realidad en los pocos días para la primera vuelta?R. Tenemos una estrategia clara. En la encuesta de Invamer, el 10,5% de quienes dicen que definitivamente votarán señala que podría cambiar su voto antes de las elecciones. Lo más probable es que oscilen la centroderecha de Paloma-Oviedo y la derecha radical de Abelardo, y a eso le apostamos. También tenemos un voto que puede estar más cercano a la centroizquierda, donde competimos con Cepeda. Es el norte de nuestra estrategia, la de este equipo de trabajo. Buscamos que la gente nos vea juntos, para luchar contra la plaga que tenemos como sociedad de la desconfianza; demostramos nuestra confianza, tanto en lo programático como en lo político. Y mientras Paloma cuida su base del Centro Democrático, nosotros consolidamos nuestra base de centro. Por eso hemos dedicado esta semana a Bogotá, que apareció en consulta del 8 de marzo.P. En esas muestras de confianza está el reciente anuncio de la candidata de crear una gerencia de salud en cabeza suya, cuando la vicepresidencia no tiene funciones y el asunto es muy relevante para los votantes.R. Más que un anuncio, fue la demostración de lo que queremos hacer en el Gobierno de Paloma-Oviedo: nuestras conversaciones están orientadas a lo que necesita Colombia, no a lo que queremos nosotros. Yo no estoy aquí para un juego de poder entre dos personas, estoy aquí para trabajar. Yo le he tomado mucho afecto desde que la conocí en junio del año pasado, confío plenamente en ella y coincidimos en que no se trata de repartir puestos entre nosotros, sino de juntar propósitos. Es cierto que las encuestas muestran que la prioridad de la gente es la salud, y si en 2022 el 24,3% de los pobres decía no poder acceder a medicamentos porque no estaban disponibles, pasamos al 60,3% en 2025. Le está yendo peor: están pagando los impuestos saludables y están pagando ese costo de sacar más plata del bolsillo para pagar por medicamentos, lo que casi siempre implica quebrarse, dejar de comer o sacar a un hijo de la universidad. Entonces, más que una visión de poder, es una visión de utilidad. Por eso hemos acordado con Paloma que asuma la gerencia de salud en paralelo al liderazgo de los temas minero-energéticos, de los temas de informalidad y de proyectos específicos dignificatorios, como Dignidad Buenaventura, para que de aquí a 2030 tengamos acueducto en el puerto, y Dignidad Ipiales, para que en el acueducto de esa ciudad no corra agua contaminada, sino agua potable. Esas tareas muestran que vamos a ocupar un espacio en función de nuestras capacidades, y eso me emociona muchísimo.P. Conoció hace poco a Valencia, pero hace mucho a José Manuel Restrepo, fórmula presidencial de De la Espriella. ¿Hay algún tipo de relación entre ustedes? R. Cuando nos encontramos en debate, veo que tenemos convergencias, posiciones similares. Yo lo admiro muchísimo, lo respeto. Fue mi profesor asistente de Introducción a la Economía en la Universidad del Rosario y luego mi jefe cuando fue rector allá mismo. Por cosas de la vida estamos compitiendo. No me deja de asombrar que otros estén dispuestos a negar virtudes o a replicar mentiras; yo no hago eso con él ni con nadie. Escucharlo en los temas de identidad de género es algo que yo quiero entender, él no era así. Pero bueno, la gente cambia.
Juan Daniel Oviedo: “La izquierda y la ultraderecha miran al pasado; nosotros miramos a 2050”
La fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia reitera que él representa al centro político, el sector al que la senadora corteja en la recta final de la campaña













