Fran es un dibujante al que le cancelan un vuelo desde Argentina a España. Como le sucedió a Paco Roca. El personaje se ve entonces retenido en un limbo: cuarto de hotel, vestíbulo, menú del día. Igual que le ocurrió al autor. Un tiempo suspendido, lejos de la familia, y muy cerca de sí mismo. Con nada que hacer, pero mucho que pensar. Porque ambos también comparten cicatrices: han sufrido una ruptura tras décadas de relación sentimental y siguen preguntándose cómo pasó. “Suelo escribir desde los interrogantes. Normalmente alcanzo alguna conclusión, pero en este caso no. El viaje es lo más alejado de un libro de autoayuda, deja tantas dudas como al principio, o más. Fui incapaz de llegar a certezas sobre nada”, asegura el creador. Ya analizó en viñetas asuntos como la memoria histórica, la dictadura o la pérdida. Esta vez, ha llenado 192 páginas de entusiasmo, frustración, sacrificio, felicidad, fracaso, dolor y rabia. Y, sin embargo, no le han bastado para dilucidar el misterio de la pareja. En su nuevo cómic no hay respuestas. Lo que, en el fondo, es precisamente una respuesta. “Tengo la suerte de poder hacer los tebeos que quiero. Me gusta que me ayuden a comprender algo, a mí mismo, el mundo, cosas comunes, siendo yo una persona normal”, apunta el autor. Hace años, le ocurrió lo que a muchos: una separación, con hijas de por medio. Dice que entonces no pensaba convertirlo en un cómic, bastante tenía en la cabeza. Pero sí fue tomando notas: lo que sentía, qué pudo ser distinto, agobios, esperanzas. “Con una cierta edad eres consciente de que las emociones de esos momentos son muy efímeras. Experimentas la pérdida de costumbres, de una identidad, la tristeza de que no vas a encontrarte con el futuro que tenías. Sabes que ese vínculo tan grande y cimentado se va a ir diluyendo, pero también que lo vas a superar”, señala Roca (Valencia, 57 años). A su alrededor, además, veía crisis parecidas: parejas de cuarenta o cincuentañeros que se alejaban, ya lo habían hecho o luchaban por evitarlo. Todas esas historias, y otras muchas, confluyeron en El viaje (Astiberri). “Tenía serias dudas de que esto tuviera algún interés para los demás. Es un tema muy manido. Considero importante no caer en que lo que te pasa a ti es algo excepcional. Al revés, veo importante mantener la perspectiva de que le sucede a cualquiera”, asegura. Pocos, eso sí, cuentan con su capacidad de mostrar la vida entera en pocas pinceladas. Dos manos en un sofá, a centímetros del roce, pero distanciadas por años luz. Un dibujo familiar en la nevera, donde la cara de mamá pasa a estar escondida bajo un imán. Una pareja capaz de coronar una cumbre nevada y, sin embargo, está agotada ante la montaña que escalar cada día. “Si te arrepientes, ya no me vas a poder echar de aquí”, bromeaba ella la tarde que se mudó al piso que llamarían hogar. Pero cuando se marcha, años después, él ni levanta la mirada del ordenador. Eso ocurrió. Pero el idilio, las hijas, el afecto y la simbiosis también: Fran hasta se sube a una máquina del tiempo para recordar que eso sucedió. Solo que ya no. Esa persona capaz de hacerle feliz ya existe únicamente en su cabeza. Su galería de fallos y ausencias solía divertirla. Hasta que la saturó. “Le dedicamos mucho esfuerzo a la relación de pareja, quizás sea el gran reto al que nos enfrentamos a largo plazo”, destaca Roca. Su personaje mira a otros, se pregunta cómo lo consiguen. Si un amor roto se puede arreglar. Si las generaciones anteriores se conformaban con cordialidad y crianza, mientras que hoy se exige más. O en qué punto dos ondas idénticas se separan tanto que no hay vuelta atrás. “¿Por qué se acabó? No sé. Nos distanciamos sin darnos cuenta”, dice el protagonista del tebeo. “Quieres mantener tu identidad y a la vez fundirte, tener estabilidad pero que no sea aburrida, que haya pasión junto con compromiso. Se suman contradicciones complicadas. Puedes empezar a pensar que te estás perdiendo muchas cosas y que fuera hay recompensas mejores. Igual es una quimera pedirle a una relación que te dé satisfacción plena. Quizás la única conclusión de todo esto, afortunadamente, sea que existe el amor”, agrega el historietista. El viaje ofrece otro dilema complejo: la utilización de experiencias personales que implican a personas reales del entorno del creador. Lo afronta la película Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, sobre un cineasta que alimenta su filmografía con vidas ajenas. Lo aborda Manuel Vilas, con el relato novelado de su divorcio en Islandia. Emmanuel Carrère hasta tuvo que retirar fragmentos de su libro Yoga por exigencia de su exmujer. “Casi siempre utilizo a gente real. Intento que la obra, y lo que consideras que tiene que ser como autor, prevalezca sobre tu pudor o el riesgo de perder amistades. Cuando estoy creando me olvido de eso, es algo superior, empiezas a utilizarlo todo, a ordenar la historia. Las dudas vienen cuando, con la última lectura antes de ir a imprenta, te asustas y te planteas si tienes derecho para hacer eso”, sostiene Roca. Lo cierto es que en sus cómics han aparecido sus padres, amigos, hermanos, parejas o hijas. Y una mezcla de (auto)ficción y relatos de otros. No hace falta rastrear de qué realidad o fantasía procede cada wasap, charla o anécdota de El viaje. Pero sí cabe imaginarse que pudo resultar difícil de encajar para el otro lado de la expareja. “Nunca es una crítica. De la gente me interesa el combate para sobrevivir, con nuestras miserias. Luchamos con dignidad, a veces estamos equivocados o hacemos actos malos. Trabajo siempre desde la comprensión, no soy mejor que nadie. No es una autobiografía, ni cuento una única historia. Es más una reflexión sobre uno mismo que sobre la otra persona, nadie de los afectados ha puesto problemas”, responde Roca. Preguntado por el impacto en sus hijas, agrega: “Trabajo en casa, están a mi alrededor, me preguntan, actúo con naturalidad, son ellas las que querían que las dibujase tal cual. No suelen leer mis cómics salvo que se los pongan en el colegio, pero me gustaría que sí leyesen este en algún momento. Creo que ha quedado una especie de disculpa hacia ellas. No pienso que el final de una relación sea un fracaso, pero sí, como padre, no haberles proporcionado la infancia o la vida que te habías comprometido a darles”. Por eso, en la novela gráfica, Fran le da muchas vueltas a lo que se perdió por el trabajo. “Muy de hombres ser solo tu profesión”, resuena en una de las viñetas. Roca insiste en diferenciarse del personaje, pero apunta que su oficio soñado de comiquero llevaba incluidas condiciones que no se esperaba: eventos, viajes, presentaciones, más compromisos. “Es difícil llevar todo a la vez al ritmo que querrías”, tercia. Justo en una de esas giras sufrió la cancelación del vuelo que le atrapó en Buenos Aires. Aunque, para recrearlo en el cómic, buscó una zona de Argentina que estuviera tan perdida como el protagonista. Así que pasó 10 días en la Patagonia. Y regresó con una ambientación que se volvió otro personaje de la novela gráfica. Aunque documentación e investigación le requirieron mucho más esfuerzo en otros proyectos, como el superventas sobre las fosas comunes El abismo del olvido. La mayor dificultad de El viaje fue otra: “Desde el punto de vista emocional, tiene momentos tristes. Debes recordar cosas que pensabas olvidadas, las revives y te hacen mal. Es terapéutico hasta que se vuelve un lastre, te hunde. Pero existen aspectos muy bonitos, como dejar parte de tu memoria dibujada”. Ahí queda, por lo menos, su versión. Porque su propio cómic enseña cómo un relato común se va partiendo en dos, cada vez más distintos. “Las relaciones tienen una especie de equilibrio entre sacrificios, frustraciones y recompensas: cuando recibimos poco nos puede llevar a pensar que todos nuestros males son culpa de otra persona. El tebeo busca una reflexión sobre lo complicado que es llegar a formar un vínculo estable, una familia y lo fácil que desaparece”. Todo un misterio, para el que El viaje no tiene respuestas. Si es que las hay.
El nuevo cómic de Paco Roca desmenuza cómo se rompe una relación sentimental
El dibujante mezcla en ‘El viaje’ su propia separación, historias parecidas de su entorno y elementos de ficción para una compleja reflexión sobre el amor y su punto de no retorno











