La Copa del Mundo de Mountain Bike en su versión de XCC (carrera corta), XCO (disciplina olímpica) y descenso (DH) arrancó hace dos semanas en Mona Yongpyong, Corea… pegándose un tiro en el pie. La lluvia convirtió la cita en un disparate impropio de una disciplina que ha hecho de la búsqueda obsesiva del espectáculo su razón de ser. Hubo espectáculo, si, pero tan lamentable que todo el paddock desea olvidar y abrazar este fin de semana la vieja y conocida normalidad europea. De hecho, la presunción de que Mathieu Van der Poel iba a tomar parte en la prueba de Nove Mesto (Eslovenia) había convertido al fenómeno del equipo Alpecin en una suerte de mesías redentor. Finalmente, solo comparecerá Tom Pidcock, lo que no es poco justo cuando el escaparate más influyente de la bici de montaña busca su camino. En Corea, en un circuito nuevo, las ansias de expansión de los rectores de la Copa del Mundo patinaron estrepitosamente en el barro para exasperación del público sentado ante el televisor y de los equipos in situ. El barro pegajoso y tremendamente resbaladizo convirtió el sencillo gesto de pedalear en un reto de tintes tragicómicos: caídas generalizadas cuesta abajo y una imposibilidad manifiesta de pedalear ladera arriba, lo que obligó a hombres y mujeres a empujar penosamente sus máquinas por la pendiente, a ratos caminando, a ratos al trote. Ni siquiera el ciclocross admite tantos minutos de carrera a pie en sus competiciones. Las averías se sucedieron y los competidores debían echar mano de sus botellines de agua para limpiar a chorro la transmisión de sus bicicletas, de normal máquinas precisas trufadas de componentes electrónicos. No solo fallaron algunas bicis: el propio circuito amenazó ruina cuando las cintas para delimitar el circuito salieron volando mezclándose con los participantes, que trataban de quitárselas de encima con impacientes gestos de incredulidad y hastío.Fuentes del paddock no daban crédito a lo sucedido: “no había público, los responsables de la seguridad del circuito estaban desaparecidos y no había forma de pedalear de forma coherente. Los equipos han desembolsado una millonada para viajar hasta aquí… para nada”. En caliente, varios ciclistas como Charlie Aldridge mostraron su sorpresa y enfado ante las cámaras o en sus redes, pero pronto la protesta quedó en silencio porque señala directamente al propietario de la Copa del Mundo de MTB: Warner Bros. Discovery. Subsidiariamente, la UCI garantiza la correcta organización de las pruebas que conforman dicha Copa del Mundo y, en concreto, debería haber hecho valer su propio reglamento para evitar el catastrófico desenlace de la carrea de XCO en Corea. Una de las voces más críticas fue la de la veterana integrante australiana del equipo Orbea Fox Factory Team, Rebecca Henderson: “No hay mucho que decir, aquello fue un chiste pero desde luego no tuvo ninguna gracia”, compartió en sus redes sociales poco después de terminar hundida en la clasificación, en contraste con su compañera de equipo, la canadiense Jennifer Jackson, que finalizó cuarta. “Nunca he tenido que caminar más que pedalear en una prueba de mountain bike”, abundó, recordando que lleva 17 temporadas en la élite. La vigente campeona de Australia fue más allá asegurando que “fue inaceptable. ¿Eso era mtb? Desde mi punto de vista, fue un insulto para todos los que invirtieron tiempo, esfuerzo y dinero para estar aquí. Corredores, equipos, patrocinadores y aficionados que deseaban ver ciclismo de montaña”. Henderson se preguntó por qué no hubo un plan B, un trazado alternativo, posibilidad que se recoge en el propio reglamento de la UCI cuando las condiciones extremas impiden el desarrollo lógico de una prueba de éste calibre. Para acallar las voces críticas frente a su denuncia, las que la acusaban de mover el foco para tapar su mala actuación en carrera, Henderson echó mano del reglamento en su apartado 4.2.017 donde se recoge que “el circuito debe ser completamente practicable incluso en condiciones meteorológicas difíciles. Deben proporcionarse secciones paralelas en las zonas del recorrido susceptibles de deteriorarse fácilmente”. La UCI no se ha pronunciado al respecto, ni se le espera, mientras fuentes del paddock admiten no saber a ciencia cierta si dicho apartado del reglamento se refiere el conjunto del trazado de la prueba o solo a aquellas zonas más técnicas de saltos, rocas, etc donde debería haber una vía de escape.En privado, los equipos que participan en la Copa del Mundo han trasladado su enorme malestar a Warner, quien justificó la inclusión de la cita coreana en el circuito de la Copa del Mundo como una oportunidad para los fabricantes de bicicletas de explorar nuevos mercados.La gran mayoría de los 20 equipos que compiten en la máxima escena del BTT son escuadras creadas por fabricantes de bicicletas (como las españolas Orbea, BH o Mondraker) que desean lucir el potencial de sus máquinas. La llegada de Warner y la transmisión del certamen en HBO Max (hasta 2023 la promoción de la Copa del Mundo estuvo ligada a red Bull Media House) quiso garantizar la llegada de patrocinadores ajenos al mundo de la bicicleta, como Ford, pero la realidad está siendo más testaruda. En paralelo, los puristas señalan la deriva del mountain bike clásico hacia un escenario de circuitos prefabricados y enclaustrados en estaciones de esquí alpino. Los propios corredores y corredoras se dividen entre los que piden mayores desniveles y dureza y los que tienden hacia circuitos en los que los descensos sean la clave del éxito. En este contexto, la aparición de estrellas consagradas de la carretera y el ciclocross como Mathieu Van der Poel y Tom Pidcock suponen el mayor aliciente para atraer aficionados, circunstancia de la que la bici de montaña no desea depender. Por si fuera poco, el ciclismo de carretera ha encontrado en las escuelas de jóvenes adeptos del mountain bike una fuente donde saciar una parte de su búsqueda de nuevos talentos, lo que a largo plazo empobrece la parrilla del cross country. Mientras el BTT busca su camino de futuro, la presente temporada debería servir para redefinir los parámetros de éxito de una disciplina que debe abogar por el futuro sin alejarse torpemente de su esencia.