Los libros son objeto de deseo. Fundamentalmente, por todas las historias y conocimiento que se albergan en sus páginas. Sin embargo, existen personas que rinden culto al artículo en sí y no tanto al contenido que en él se encuentra. Una tendencia que podría parecer algo nuevo, propia de las redes sociales y la necesidad por aparentar que rige nuestros días. En este caso, se trata de una conducta que se retrotrae en el tiempo; y que lleva tiempo ocupando al mundo de las letras.PublicidadNassim Taleb acuñó en su día el concepto de antibiblioteca para denominar a aquellos libros que guardamos en las estanterías sin leer. El escritor de origen libanés lo introdujo en su novela El cisne negro (2007) refiriéndose a la colección de libros que poseía Umberto Eco, la cual se estima superaba los 50.000 ejemplares, muchos de ellos esperando para ser abiertos. De hecho, la idea revolotea sobre la reflexión que dejó el escritor italiano, quien aseguró que la pila de lecturas pendientes le recordaban todas las cosas del mundo que aún no sabía.Qué es el 'tsundoku' y en qué se diferencia de la bibliomaniaEn cierto modo, la antibiblioteca es una visión romántica de un fenómeno que previamente había sido descrito en Japón como tsundoku. Este término nació a finales del siglo XIX y, básicamente, describe la costumbre extendida de comprar libros y almacenarlos en casa, siempre con la intención de leerlos. Es decir, no se trataba de acumular por acumular, pero sí de ratificar el hecho de que la velocidad de adquisición de libros es superior a la velocidad de lectura.Es importante no confundir el tsundoku con la bibliomanía, que es como se le llama a la tendencia a la acumulación de libros de una manera compulsiva y descontrolada. Aunque no figura en los principales manuales médicos como el DSM-5 o el CIE-11, la experiencia prueba su existencia. Generalmente se trata como una representación de otras patologías reconocidas, fundamentalmente el trastorno por acumulación o el trastorno obsesivo-compulsivo. Su gravedad clínica depende del grado de interferencia que posee en la vida de quien lo padece.Por qué nos gusta acumularPara la mayoría de personas que engrosan su pila de libros pendientes a mayor ritmo del que termina sus lecturas no responde a un asunto patológico. Más bien, se encuadra dentro de la sociedad de consumo actual, siendo la compra de objetos parte intrínseca de la misma. Los libros, además, son bienes muy específicos, cuyas características favorecen ese efecto acumulación.PublicidadPor un lado, leer un libro requiere tiempo y dedicación. Dos requerimientos que, en muchas ocasiones, son difíciles de obtener al ritmo en el que funciona la sociedad actual. Más en un contexto en el que la atención se ha convertido en un bien preciado, debido a la gran cantidad de estímulos que nos bombardean desde que nos levantamos de la cama hasta que regresamos a la misma. Entre ellos la dopamina que se libera al adquirir un objeto nuevo, en este caso un libro. De esta manera, existe una descompensación evidente entre la satisfacción inmediata que supone comprar un libro con el esfuerzo que requiere la lectura del mismo. De ahí que comprar nuevos títulos sea mucho más sencillo y agradecido que leer aquellos que ya tenemos.Pero va más allá. Los libros poseen un componente reputacional alto. Es decir, de cara al exterior, no es lo mismo acumular publicaciones manuscritas, que proyectan la imagen de una persona con inquietudes o cultivada, que otro tipo de objeto más banal. De ahí que pueda existir un menor sentimiento de culpa a la hora de comprar volúmenes nuevos, incluso cuando en las estanterías esperan muchos otros sin abrir.Identidad, estatus y escenografía culturalEsto conecta directamente con otra realidad: ser lector o lectora actualmente es una identidad. Parte intrínseca de cómo muchas personas se presentan al mundo. Es la llamada por algunas publicaciones como identidad lectora, esto es la perspectiva que uno tiene de sí mismo como lector. Según el artículo científico “Aunque lea poco, yo sé que soy listo”. Estudio de caso sobre un adolescente que no lee literatura, publicado en la revista Ocnos, esta identidad se sostiene sobre tres patas: una cognitiva, consistente en las ideas propias con respecto a la lectura; una emocional, que hablar de los sentimientos generados hacia la lectura; y una social, donde se incluyen los valores y usos asociados con el hábito de leer.PublicidadEsto es importante pues el comprar libros es parte intrínseca en la construcción de dicha identidad; y no solo de puertas para afuera, sino también hacia el interior. Dicho de manera simple, compro libros porque es quién soy: un lector. O visto de otra manera, la biblioteca personal, ese estante lleno de libros perfectamente ordenados por color o temática, con algún que otro recuerdo o objeto de merchandising intercalado, es la proyección de quienes somos en base a nuestros intereses y aficiones.El papel de las redes sociales en todo estoEs aquí donde aparecen las redes sociales como amplificación de la compra de libros. Bookstagram, booktube, booktok… Todas ellas son comunidades construidas en torno al amor por los libros, e integradas por personas que, en muchas ocasiones, se ven a ellas mismas como lectoras. En ellas se recomiendan libros, también se generan tendencias. Esto puede generar un cierto FOMO, lo que sin duda ayuda a estimular la venta de publicaciones, aunque paradójicamente suelen concentrarse en unos pocos títulos.Además, existen tendencias que incluso promocionan la acumulación de libros por sistema. Es por ejemplo el caso de los hauls, en los que un influencer muestra a cámara el lote de libros que se acaba de comprar. También aquellos en los que se muestran estanterías repletas y perfectamente codificadas. Dos tipos de contenido que suele generar muchas interacciones, lo que ha llevado a algunas cuentas a especializarse en ellos. En el fondo, incluso, se asume que esos libros no serán leídos, de hecho en muchas ocasiones se adquieren por su color o lo estético de su edición, pero que sin duda pueden animar a otras personas a hacer lo mismo.Qué hacer para no acumular libros en vanoSi entendemos que acumular libros sin leer no es algo positivo, entonces llega el momento de hacer algo. Dejando fuera de la ecuación posibles problemas de compras compulsivas, que necesitan un tratamiento que quizá requiere de una ayuda profesional, existen varios métodos que nos pueden ayudar a dejar de comprar libros antes de leer los que ya tenemos.El concepto más importante es el siguiente: ver la biblioteca personal como algo vivo. Para ello, una buena idea es hacer una rotación de la misma cada cierto tiempo. Posicionar los libros que no hemos leído a la altura de los ojos, para recordarnos que están ahí. En consecuencia, hacer una criba de aquellos que, por lo que sea, ya no nos interesan.Una buena técnica para determinar qué libros desechar es la llamada técnica del año. Si una publicación lleva más de 12 meses en nuestra estantería y no hemos pasado de la página 30, probablemente ya no la vayamos a leer. Entonces llega el momento de deshacernos de ella; y ponerla a la venta en mercados de segunda mano o donarlos a bibliotecas o proyectos como La hormiga poeta.Además, antes de realizar una compra, es importante valorar por qué vamos a adquirir ese título. Es importante no olvidar que en España existen servicios públicos como las bibliotecas municipales, o su equivalente electrónico eBiblio, que permiten leer libros sin acumularlos en casa. Por ello, si la finalidad última es empaparse de su conocimiento, no siempre es necesario hacerse con una copia física de la obra.
¿Por qué acumulamos libros que no leemos? El fenómeno 'tsundoku'
En muchos hogares, la pila de lecturas pendientes engrosa a mayor ritmo que la de libros leídos.










