Uno habla lo mínimo indispensable y su rostro desprovisto de gesticulación parece una máscara infranqueable para cualquier sentimiento o emoción. El otro tiene incontinencia verbal y ha convertido el gobierno de Estados Unidos en un reality show.
Xi Jinping se comunica con dosis ínfimas de frases desprovistas de énfasis y gestos. En cambio Trump habla todo el tiempo y se pronuncia como si fuera un oráculo desquiciado.
El resultado es muy poca información para lo que necesita conocer el mundo sobre los líderes de las dos superpotencias económicas. De uno porque dice poco y del otro porque dice cualquier cosa.
Aunque hizo correr ríos de tinta en la prensa internacional, es poco lo que se sabe sobre lo que se dijeron el anfitrión chino y el visitante norteamericano.
Sin información concreta, en todas las latitudes hubo medios y analistas que coincidieron en recurrir al instrumento conceptual creado por el politólogo norteamericano Graham Allison para explicar el peligro creciente de conflicto que se genera cuando una potencia dominante se desafiada por la irrupción de una potencia emergente.













