El diablo está en los detalles. Y en una operación como la que pretendían llevar a cabo Puig y Estée Lauder para crear un gigante de la perfumería y la cosmética valorado en casi 40.000 millones de dólares, hay muchos detalles que han llevado a la anulación del acuerdo. Las dos compañías, que compartían el hecho de ser empresas familiares con una gran proyección, iniciaron conversaciones para combinar sus negocios, unas negociaciones que hicieron públicas el 23 de marzo. Según fuentes cercanas, estaban muy alineadas en el marco general, había entendimiento en los grandes temas, y la fusión era algo buscado por ambas partes. Pero al bajar a los detalles, a cómo se iba a ejecutar esta buena sintonía, surgieron los escollos. La falta de encaje en un momento en el que las dos compañías presentaban situaciones empresariales diferentes tensó las discusiones sobre el precio y sobre la estructura societaria que resultaría de la fusión. A todo ello se le sumaron las dificultades para integrar negocios, especialmente el de la marca Charlotte Tilbury, que Puig compró en 2020 y que quería renegociar su pertenencia en el portfolio. Finalmente, las conversaciones han acabado sin acuerdo, pero en muy buenos términos, según explican las fuentes consultadas, lo que significa que no se ha dado ningún portazo que impida volver a explorar opciones en el futuro.Puig y Estée Lauder son dos compañías con diferencias de tamaño y negocio notables, pero con muchas similitudes. Ambas son empresas familiares fundadas por emprendedores que dieron nombre a la empresa —Antonio Puig creó una casa de perfumes en 1914 en Barcelona, Estée Lauder una empresa de cremas para la piel en 1946 en Nueva York—, y que dieron lugar a sagas familiares que han hecho crecer el negocio —Puig va por la tercera generación, y la cuarta ya sabe que solo podrá estar en calidad de accionista, pero no en puestos de gestión, y Estée Lauder también va por la tercera generación—, y ambas cotizan en Bolsa. La operación para combinar los negocios estaba bien vista por las dos familias propietarias. Pero las dos compañías llegaban a la mesa de negociación con momentums muy diferentes.Estée Lauder, la más grande de las dos —con una cotización de 30.000 millones de dólares y unas ventas anuales de 12.336 millones— llegaba en una situación complicada. Está en pleno proceso de reestructuración de sus puntos de venta, con una previsión de despidos de hasta 10.000 personas, el 15% de su plantilla, y unos costes de reestructuración de entre 1.200 y 1.700 millones de dólares. Este plan está previsto que termine en verano de 2027, con lo que, de haberse llevado a cabo, la fusión no se habría visto tan afectada por este impacto, puesto que el proceso de combinación de negocios podría haberse alargado más de un año. Aunque ha sido uno de los ingredientes que pesaron en las negociaciones. En paralelo, la familia propietaria de Estée Lauder tenía varias demandas abiertas encima de la mesa por parte de accionistas que los acusan de, supuestamente, ocultar el deterioro del negocio entre 2022 y 2023. Finalmente, los mercados, por la parte de Estée Lauder, reaccionaron con frialdad ante el anuncio de las negociaciones, y la acción de la compañía neoyorquina cayó alrededor de un 15% en los días siguientes al anuncio. Los inversores no veían que una operación tan compleja y de tal calibre llegase en buen momento para Estée Lauder, que aunque en lo acumulado de este año está recuperando su negocio, cerró el ejercicio fiscal de 2025 con una caída del 8% en ventas y pérdidas de casi 1.000 millones de euros.Por otro lado, Puig, la pequeña de la ecuación —con una capitalización bursátil de unos 9.000 millones de euros y unas ventas de 5.042 millones en 2025—, presentaba una situación empresarial más dinámica. Tras haber desembolsado 2.500 millones de euros en adquisiciones desde 2011, la compañía presidida por Marc Puig tiene todavía mucho músculo para seguir creciendo inorgánicamente, tiene más agilidad en su estructura y cuenta con marcas con mucho recorrido. Los resultados de 2025, con un beneficio neto ajustado de 587 millones, un 6,5% superior al año anterior, indican la buena marcha del negocio, que tiene una ratio de deuda de solo 0,7 veces el ebitda (resultado bruto de explotación). También aquí tuvieron algo que decir los inversores: la cotización de Puig estaba casi un 40% por debajo del precio de su salida a Bolsa, pero el anuncio de las conversaciones animó las expectativas y la ha hecho subir un 16% desde entonces. Este viernes la acción se ha vuelto a desplomar tras conocerse la falta de acuerdo. Es decir, que el mercado sí que veía que para Puig la operación era una oportunidad.El impacto de Charlotte TilburyEsta diferencia en el momentum de cada empresa tensionó el debate sobre el precio de la operación y la forma en la que quedaría la estructura societaria. La negociación abría distintos escenarios de canje de acciones y pago en metálico, opciones sobre las que Puig quería hacer valer la buena marcha de su negocio. En esos escenarios también jugaban un papel el pago en acciones por la deuda de Estée Lauder, la ubicación de la sede de perfumes del grupo resultante, o cómo quedaría la estructura de las acciones, teniendo en cuenta que ambas compañías habían dividido las acciones en dos tipos, A y B, para que las familias conservasen el poder político de sus empresas.A todos estos escollos técnicos que implicaba la compleja operación, se sumaron los problemas normales en cualquier fusión: la de integrar los negocios. En este aspecto, un nombre ha salido por encima de los otros: Charlotte Tilbury. Aunque fuentes cercanas apuntan que este no ha sido el único motivo para la ruptura, sí que ha jugado un papel en el desenlace. La mayoría de esta firma británica de maquillaje fue adquirida por Puig en 2020 por cerca de 1.000 millones de euros, y la previsión es que se haga con el 100% de la compañía progresivamente hasta 2031. El contrato firmado con Puig preveía cláusulas de incentivos y garantías para Charlotte Tilbury en caso de grandes operaciones que le afectasen, y la fundadora quería renegociar las condiciones para formar parte del grupo resultante de la fusión. Una vez las conversaciones han terminado, cada empresa toma su rumbo. El consejero delegado de Puig, José Manuel Albesa, expresó en un comunicado que el fin de las negociaciones no cambia su estrategia: “Seguimos construyendo sobre nuestras fortalezas en belleza premium, con una gestión centrada en las marcas, creatividad, agilidad y un crecimiento disciplinado”. La compañía ya está barajando fechas para celebrar su Capital Markets Day y la presentación de su nuevo plan estratégico, pospuesto en su día a causa de estas conversaciones. Estée Lauder, por su parte, ve cómo sus acciones vuelven a subir y se enfocará en completar su plan de reestructuración y en crecer orgánicamente.
Por qué descarriló la fusión de Puig y Estée Lauder: falta de encaje, ‘momentums’ diferentes y una cláusula de Charlotte Tilbury
Pese a la falta de acuerdo para crear un gigante de la cosmética, las dos compañías aseguran mantener una buena relación












