Matías tenía 7 años. Estaba con su hermano Pablo en un altillo. Inquieto. Presentía algo. Abrió una ventanita alargada y vio una mancha luminosa que cruzaba el cielo. Luego sabría: era un cometa.Matías es Matías Duville, artista que representa a Argentina en la Bienal de Venecia. Suele recordar esa experiencia cuando le preguntan de dónde vienen sus dibujos, esculturas e instalaciones. Los bosques petrificados, los mares secos, las ciudades al borde de la devastación y extraños sonidos y silencios.Duville (1974) nació en Quilmes y creció entre el mar y el bosque Peralta Ramos, de Mar del Plata, y la Patagonia, adonde iba con el padre, químico, vinculado a la biología marina, en busca de fósiles.La mamá era directora de escuela y Pablo, el hermano, estudió piano desde los 8 años. “Recuerdo su música clásica mientras me trataba de dormir…”, contó. Después sumaron sintetizadoes y juntos armaron una banda: Centolla Society.Pero el punto es que la casa de los Duville era un “laboratorio hippie”, dijo el artista, donde las tablas periódicas de elementos y las de surf convivieron con las partituras y las expediciones al Sur.Bueno, todo eso está en Monitor Yin Yang, la obra que Duville llevó a Venecia y que compró la coleccionista argentina Amalia Amoedo, nieta de Amalia Lacroze de Fortabat.Un paisaje de sal y carbónMonitor Yin Yang es un territorio dibujado con unas 40 toneladas de sal y carbón, que se transita y cambia y suena, como si respirara.El trabajo está hecho de océanos evaporados y huellas de combustión. Y, me pareció ver en fotos, la espina de un pescado entre ramas y senderos.Seguro trae conciencia ecológica, memoria geológica e indicios de vida. Cuerpos para representar lo efímero. Y el Yin Yang del título apunta a otro sentido: la búsqueda de equilibrio entre lo blanco y lo negro, luz y sombra, lo opuesto complementario.La huellaClaro que siempre hay más. En los escenarios que crea Duville se pueden rastrear otros ecos del zen, del cine postapocalíptico, del cómic distópico y de movidas ligadas al rock experimental y al ambient. Definió su relación con el sonido como una “cinta transportadora que te lleva a otra dimensión”.Los trabajos de Duville se suelen describir como naturalezas amenazantes, donde una catástrofe parece haber ocurrido o estar a punto de suceder mientras esa cinta sigue girando.Pero lo crucial, para mí, es que detrás está siempre el intento de volver a mirar el mundo con la intensidad de un chico. Matías a los 7, con Pablo, en el altillo. La inquietud. El asombro. La fugacidad. La estela del cometa. “Ahí me di cuenta que había pasado algo que tenía que ver con otro tipo de fuerza”, resumió el artista.Desde entonces Matías Duville parece dibujar exactamente eso: una huella luminosa que atraviesa incluso los imaginarios del fin del mundo.
Matías Duville: la lección de un cometa
El artista argentino representa al país en la Bienal de Venecia.Creó "Monitor Yin Yang", un paisaje transitable con toneladas de sal, carbón y sonido experimental.Claves de su obra.












