El robo de bicicletas es uno de los mayores impedimentos a la expansión de este medio de transporte en Barcelona. Se presentaron 1.046 denuncias el año pasado en la Guardia Urbana, un centenar más que en el 2024, aunque la cifra real es mucho más alta ya que en una encuesta reciente hasta el 70% de los ciclistas que habían sufrido la pérdida de la suya reconocían no haberlo denunciado.
El destino de la bicicleta es una de las cosas que más desconciertan a los que sufren el robo. Incluso a la Guardia Urbana. “Si no los pillamos en el momento del robo, luego ya la encontramos en Wallapop o desmontada por piezas”, reconoce el sargento Antonio Gallego.
Para tratar de analizar los movimientos de los individuos o grupos que se hacen con bicis ajenas, el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) está preparando un curioso experimento que permitirá conocer el camino que siguen. Lo harán con unas 300 bicis registradas y equipadas con un dispositivo GPS. Se aparcarán en diferentes puntos de la ciudad, en los aparcamientos en U invertida que hay en la acera y la calzada, con un candado de cable básico.
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