Un reciente post en la cuenta de Instagram del influencer de tecnología Hashem Al-Ghaili ha demostrado una realidad que suele pasar desapercibida para el ojo humano: la enorme brecha de eficiencia térmica que separa a los vehículos de gasolina o diésel de los modelos eléctricos.A través de la lente de una cámara térmica, la silueta familiar de un coche de combustión se transforma en una fuente de calor que se concentra en la zona del capó, el parachoques y las ruedas delanteras del vehículo, mientras que el vehículo eléctrico presenta un perfil sorprendentemente frío y uniforme.Esta comparativa visual no solo es una curiosidad estética, sino que revela el rastro de desperdicio de energía que caracteriza a la propulsión basada en la quema de combustibles fósiles.¿Por qué los coches de combustión generan tanto calor residual?Los motores de combustión interna son, por definición, máquinas térmicamente ineficientes que desperdician la mayor parte de la energía que producen. En los modelos de gasolina, la eficiencia energética apenas ronda el 30 %, lo que significa que el 70 % restante del combustible se transforma literalmente en calor en lugar de mover las ruedas. Los motores diésel son algo más eficientes, alcanzando un 40 %, pero siguen perdiendo el 60 % de su energía en el proceso.Este calor masivo, que se aprecia en las imágenes térmicas como un brillo naranja intenso, es el resultado directo de las explosiones químicas que se dan dentro de los cilindros y de la fricción mecánica de cientos de piezas móviles. Toda esta energía térmica obliga a los fabricantes a instalar complejos sistemas de refrigeración, radiadores, ventiladores y escapes capaces de soportar temperaturas extremas para evitar que el bloque motor colapse.¿Qué revela la cámara térmica sobre los vehículos eléctricos?Los coches eléctricos demuestran una gestión energética mucho mayor. La eficiencia en este caso ronda entre el 85 % y el 95 %. Esto significa que casi toda la electricidad que reciben de la batería se convierte en movimiento útil (energía mecánica).Al no existir un motor central donde se produzca una combustión química, la huella térmica del vehículo eléctrico es mucho más reducida y localizada. En un turismo eléctrico, el calor no inunda el capó ni el chasis de forma indiscriminada. En su lugar, la temperatura se reparte de forma más homogénea y aparece en las ruedas, debido al esfuerzo de la tracción y al uso de la frenada regenerativa, así como en componentes específicos de la electrónica de potencia y el sistema de refrigeración de la batería.