Hace 10 años, Maria Martínez Bayona (Reus, 36 años) se mudó a Londres. Tras estudiar Comunicación Audiovisual en la Pompeu Fabra, la crisis económica le impulsó a salir de España y, con una beca, se inscribió en la National Film School. Hoy, Martínez Bayona ha entrado como elefante en cacharrería en el festival de Cannes, porque estrena su primer largo, una distopía titulada The End Of It, con Rebecca Hall, Noomi Rapace y Gael García Bernal en la sección Cannes Premiere. “Tanto picar piedra ha dado frutos”, dice sonriendo. “Cuando lo verbalizo ahora, parece fácil, pero ha sido un milagro que este proyecto cuajara”.Sentada el miércoles por la tarde en la coqueta y clasista cafetería del hotel Carlton, la cineasta comienza a hablar de su película, que se desarrolla en un futuro cercano, donde el envejecimiento se puede curar y la muerte es opcional. Una artista (Rebecca Hall) celebra su 250 cumpleaños y, harta de esta fiesta de la felicidad perpetua, decide morir. Para sorpresa de quienes le rodean: su marido (Gael García Bernal), su hija (Noomi Rapace) y su asistente creada por IA (Beanie Feldstein). En este impulso final encuentra de nuevo su voz como creadora, atrofiada por la seudoeternidad, y reivindica su legado. Todo, con muchos toques de humor.En este lanzamiento, Martínez Bayona mira a su alrededor y confiesa: “Es mi primera vez aquí, absorbiendo este clima, porque hay como un nervio, una celebración del cine única. Y aparezco aquí al final de una producción estupenda. He ido conociendo en el camino a las productoras, a las directoras de reparto. Han sido como pequeñas piezas que se han ido uniendo y generando una fuerza y una energía cada vez mayor”. El proyecto, aun con parte de su financiación procedente de Cataluña, es internacional desde su nacimiento. El guion siempre fue en inglés; dos de las productoras incluso estudiaron con ella en la National Film School. Martínez Bayona, mientras crecía profesionalmente, iba haciendo cortos —hasta cuatro— y ganándose la vida. “Salí de Barcelona porque, de verdad, no había nada, fue muy duro. Fue muy duro. Cuando conseguí irme afuera e irme a Londres, fue… arrollador. Tampoco es una ciudad fácil, cuidado. Y los años intentándolo, uf. Pero mejor allí, batallándolo, que las cero perspectivas aquí“. Esa incomodidad y esa brega han impulsado su cine: “Me gusta estar un poco incómoda. Te pone un estado como de que estoy un poco fuera. Y eso me activa creativamente”, apunta. Una incomodidad que transmite su personaje protagonista, Claire, la artista. “No lo había pensado como reflejo de la situación y es cierto. Porque ella, con su crisis existencial, les pone al resto de quienes le rodean un espejo: les incomoda, les genera casi rechazo. Aunque esa incomodidad es justo la emoción que hace que Claire parezca el único ser humano en su grupo”. La artista biónicaAl inicio de la película, a Claire le sustituyen la última costilla original que le quedaba por una prótesis. Todas las mañanas su sangre se limpia y revigoriza. Es decir, ya no queda nada de la Claire original, lo que le hace pensar: ¿es Claire humana o ecos de la humana que fue? “Es el momento de la película en que ella se siente totalmente desplazada de su propia identidad. De ahí su primer crack, porque no sabe verbalizarlo, aunque entiende que hay algo que está fallando allí”.¿Ha cambiado en este largo viaje el guion? “Bueno, una película es la que escribes, otra la que ruedas y otra la que montas. Cada intérprete ha enriquecido los personajes con sus detalles. Por ejemplo, Beanie Feldstein aporta una comicidad perfecta para un robot asistente que es, cuidado, la única amiga real de Claire”, desgrana la cineasta. Ella estalla en risas al recordar que lo que hace ocho años sonaba a ciencia ficción, hoy está muy cerca de ser realidad. “Todo esto empezó con un artículo que leí hace ocho años que desgranaba cómo podemos preparar nuestro cuerpo para llegar a los 120 años y más allá. Ya hay este hombre en Silicon Valley intentándolo con sangre de su hijo. La obsesión con vencer a la muerte está muy presente en la actualidad, porque empieza a sentirse como algo factible”. La inteligencia artificial ha devenido, en esta edición de Cannes, en el tema que ha imbricado numerosas películas. “Creo que las historias son humanas, y solo la inteligencia emocional y la experiencia de un humano pueden realmente tocarte emocionalmente. En ese sentido, la IA no me preocupa demasiado, la verdad. A la vez, pienso que estamos en un momento embrionario. Como cuando llegaron las máquinas por primera vez a las factorías. Todo el mundo ataca a la IA en un estado de confusión. Entiendo que tiene que haber una protección y que hay que esperar a que se asienten los avances, aunque, insisto, hay cosas que es imposible que se puedan replicar. Especialmente, el arte”. Por eso, Claire vuelve a sentirse artista cuando decide abandonar la inmortalidad. “Cuando entra en la vieja cabaña que le servía de estudio se empodera de nuevo. Solo la cercanía de la muerte la vuelve humana. Y eso molesta al resto. Cuando hay un personaje que emana luz, también provoca muchas sombras a su alrededor”. De referentes, míticas creadoras de performances como Marina Abramovic o Ana Mendieta. “Abramovic propone una sencillez en su violencia imponente. Y a la vez, lo hace desde un punto de diva. Es un icono”.Maria Martínez Bayona ya está con un nuevo guion, de nuevo jugando por los márgenes de la ciencia ficción. “Mi familia hace ya tiempo que entiende lo que hago. Abandonaron la preocupación. Ahora, lo mismo, hasta soy conocida en Reus”.
La debutante Maria Martínez Bayona llena Cannes de ciencia ficción y ganas de morir
La cineasta, que vive en Londres desde hace una década, estrena su primer largo, ‘The End Of It’, con Rebecca Hall y Noomi Rapace, en la sección Cannes Premiere. “Ha sido un milagro que este proyecto cuajara”, explica













