"T� nunca entender�s lo que te quiero/ porque duermes en m� y est�s dormido". Dice dormido, no dormida y lo dice en los Sonetos del amor oscuro, que no, como se public� inicialmente, Sonetos del amor (sin oscuro). Lo dice Lorca, poeta y homosexual, y lo repite con insistencia, claridad, emoci�n y mucho �nfasis La bola negra, la �ltima pel�cula, que bien podr�a pasar por la primera, de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Es pel�cula, s�, pero, y sobre todo, es conmoci�n. Ese es su principal valor y se dir�a que su destino. Conmoci�n es el t�rmino que utiliza Heidegger para nombrar la cr�tica radical a la l�gica, a la tradici�n metaf�sica y al concepto cl�sico de la verdad. Y conmoci�n es la palabra a la que recurre Adorno para designar la experiencia est�tica fundamental ante la obra de arte; el instante en que el sujeto se siente desbordado y pierde sus l�mites frente a lo infinito. Ellos, como fil�sofos alemanes que son, hablan en verdad de Ersch�tterung. Es decir, de estremecimiento o, incluso, temblor. Los Javis, que no son alemanes, en cambio simplemente conmocionan, se conmocionan ellos y, ya que estamos, conmocionan Cannes.Ah� es exactamente donde se quiere una pel�cula que desde el clasicismo asumido grita desde la pantalla sin miedo a nada, ni a lo sublime ni al mism�simo rid�culo. Sin bridas y hasta sin aliento. Una pel�cula que a medida que avanza levanta polvaredas de emoci�n, de memoria, de reconocimiento. Y para que no falte de nada, Pen�lope Cruz se exhibe en una escena que desde este preciso momento es parte de la historia de Cannes, del cine espa�ol y de la propia historia de todas las conmociones.Para saber m�sPara situarnos, la pel�cula cuenta en tres periodos, cada uno con su propia caligraf�a, tres historias, tres personajes, pero siempre la misma herida. En la primera, un joven (Guitarricadelafuente) asiste alucinado en 1937 a la destrucci�n de su pueblo por la aviaci�n italiana. Estamos en plena Guerra Civil espa�ola. Las circunstancias le llevar�n al ej�rcito. Como soldado del bando sublevado recibir� la misi�n de custodiar a un prisionero; un prisionero que tiempo atr�s perdi� de la manera m�s tr�gica imaginable a su amante, a su amante dormido (que no dormida). Este �ltimo se llama Rafael Rodr�guez Rap�n (Miguel Bernardeau) y s�, fue compa�ero del Lorca. En la segunda, otro joven (Milo Quifes) es sometido a un juicio. Corre el a�o 1932. Para entrar en el casino de Granada, los socios deben decidir si es merecedor o no de tan alto honor. Votan con bolas negras para el No y blancas para el S�. Se dice de �l que en su deseo m�s profundo quiere el cuerpo caliente de un amante dormido (que no dormida). Y ese rumor le condena, le condena a callar, a esconderse y, claro est�, a la bola negra. En la tercera historia, que discurre en el presente, un tercer joven (un enorme Carlos Gonz�lez) hereda de su abuelo, que no es otro que el protagonista de la primera historia, un secreto. Pero no uno cualquiera. Es un secreto que determin� la vida de su antepasado, la de su madre (descomunal Lola Due�as) y la de �l mismo. Es un secreto que cuenta punto por punto lo que sucede en la segunda historia. Es un secreto, da lo mismo la �poca, siempre dormido (que no dormida).Javier Calvo, Pen�lope Cruz, Javier Ambrossi y Guitarricadelafuente, en Cannes.John LocherAPLa bola negra entrelaza con una solvencia y gravedad desusada cada uno de los relatos, pero siempre atenta a las voces y universos por fuerza distintos de todos ellos, siempre pendiente del pulso interior de una imagen que constantemente se contradice, muta y brilla. Y emociona. Por ese orden. Ambrossi y Calvo aciertan a mantener la tensi�n a pesar de la naturaleza heterog�nea y hasta contraria de las historias. La primera, muy cerca de la obra de Alberto Conejero La piedra oscura, es una recreaci�n entre descarnada y homoer�tica (jam�s nadie se hab�a atrevido a tanto) de la Guerra Civil; una nueva lectura tan pendiente de la sangre como de los mismos cuerpos. La segunda, de aliento po�tico hasta la exasperaci�n, es sencillamente la imposible traducci�n a la pantalla de la obra de teatro, de la que Lorca dej� tan solo cuatro p�ginas, titulada, como la propia pel�cula, La bola negra. Y la tercera, la contempor�nea, es un drama realista trazado en crudo. Este �ltimo segmento de la pel�cula, pese a lo que pueda parecer, es el m�s comprometido pues, a su manera, rebate a los otros dos. Y, sin embargo, gracias a las dos actuaciones mod�licas de Gonz�lez y Due�as acaba por ser la pieza clave, la mejor y m�s brillante.Pen�lope Cruz en la presentaci�n de La bola negra.VALERY HACHEAFPLos Javis: "El arte es testigo de lo que fuimos y motor hacia adelante"Cuenta Calvo que la pel�cula tiene algo de deuda hist�rica y personal. "Desde muy joven estudias a Lorca. Pero solo con m�s de 20 a�os caes en la cuenta de que es un poeta gay. Y eso no te lo explican en el cole. Como si no fuera importante para su creaci�n. Te cuentan todo de los amores de Dal� y Gala, y de la mujer de Machado, pero en Lorca se pasa por alto como si fuera algo de lo que avergonzarse". Y Ambrossi contin�a: "Y no da igual. Yerma est� hablando de que no va a tener hijos porque es gay. Y no hay que olvidar que fue asesinado por el fascismo por ser homosexual entre otras muchas razones". Y vuelve Calvo: "No se ha contado bien la figura m�s importante de la literatura espa�ola junto a Cervantes. No se ha contado de d�nde ven�a toda su obra ni de qu� dolor y de qu� herida proced�a".Guitarricadelafuente en La bola negra.Los dos, uno y otro, se muestran convencidos de que la pel�cula es reivindicaci�n y manifiesto. "Hemos saltado de un pasado donde estaba prohibida y oculta, en el que no exist�a la posibilidad siquiera de verbalizar la homosexualidad, a un presente en el que tampoco sabes a qu� agarrarte porque no ha habido relato, porque no hay nada en medio y nadie ha pedido perd�n". Pausa. "Y claro que hay un mensaje pol�tico. A los que creen que vamos a ir para atr�s, solo decirles que no nos van a callar, que estrenamos en Cannes, en la secci�n oficial, y que somos dos directores homosexuales con tres protagonistas abiertamente homosexuales y lo hacemos con una pel�cula grande, nada de de una producci�n de nicho, que apela al gran p�blico". Y por todo ello, la importancia de la herencia, del recuerdo, de la memoria y, apurando, del arte: "El arte es testigo de lo que fuimos y motor hacia adelante. Hay una frase de Lorca que lo explica muy bien: hay que recordar hacia ma�ana. Creo que �se es el resumen de la pel�cula". Queda claro.Hasta el momento, la secci�n oficial ha contemplado pel�culas de una precisi�n fuera de lo com�n en su capacidad para hacer hablar al propio silencio (Fatherland); pel�culas inc�modas y claras (Notre Salut); pel�culas de una virtuosidad narrativa admirable (Paper Tiger, Amarga Navidad o El ser querido); pel�culas quir�rgicamente perfectas y, a su modo, brutales (Minotaur), y pel�culas desproporcionadas en su calma y sabidur�a (Soudain). Lo que trae La bola negra a la Croisette es esencialmente nuevo. Es, antes que nada, una sacudida, una sacudida de emoci�n barroca y melodram�tica que en su gesto arrollador se muestra orgullosa y feliz hasta de sus errores.La bola negra se desequilibra ligeramente a fuerza de quererlo todo en cada plano. La bola negra se deja llevar por la tentaci�n del di�logo perfecto y demasiado expl�cito. La bola negra se niega a acabar y tras cada posible final aventura otro m�s. Pero todo ello, lejos de jugar en contra, alimenta el mito, porque La bola negra no obedece a nada m�s que a la voluntad terca y di�fana de acercar el deseo al simple arrebato. Los Javis o, como dicen por aqu�, los Llavis y la conmoci�n.Emmanuel Macchia, Lukas Dhont y Valentin Campagne en la presentaci�n de Coward.VALERY HACHEAFPCoward: La herida de la trinchera interior (***)Si a The Man I Love, de Ira Sachs, proyectada ayer, le sumamos La bola negra y el �ltimo trabajo del belga Lukas Dhont, la primera conclusi�n es clara y moralmente edificante: no hay sitio para la homofobia en Cannes. Conquistada la primera trinchera, queda el resto del mundo. En efecto, Coward es el t�tulo de la pel�cula de un cineasta que desde su primer trabajo ha definido con pulcritud y con una capacidad de observaci�n --que tambi�n lo es de emoci�n-- irrefutable los l�mites de su argumentario.Girl (2018) era una pel�cula contra el cuerpo y desde el cuerpo de una joven transg�nero entregada a ser lo que quer�a ser: bailarina. Close (2022) era una exploraci�n de la verg�enza precipitada hacia la m�s honda tragedia desde la mirada de un ni�o enamorado y gay. Ahora Coward convierte un drama b�lico ambientado en la Primera Guerra Mundial en el inh�spito terreno para una historia de amor homosexual (y, por ello, prohibido) y de m�sica. Mucha m�sica.Emmanuel Macchia y Valentin Campagne dan vida a dos soldados convertidos por azares del absurdo en los encargados de levantar el �nimo de sus compa�eros con un montaje teatral. La estrategia de Dhont, no por evidente, resulta menos arriesgada: retratar la posibilidad del amor y la belleza en medio del m�s terrible, soez y agrio de los escenarios. La pel�cula prescinde de una narraci�n lineal y se ordena mediante cuadros, que tambi�n son instantes, de luz, m�sica y tambi�n terror. La idea es rescatar al cine de b�lico de la trinchera de barro y sangre al que se le asocia habitualmente para situarlo en otro lado, la que podr�amos llamar la trinchera interior. Pese a la excesiva autocomplacencia algo agotadora con la que el director filma los interminables n�meros musicales, el resultado es una pel�cula vibrante y tensa que habla, pese a la sonoridad del t�tulo, de valent�a, de la valent�a de amar, aunque para ello sea necesario desertar incluso. Sin duda, una pel�cula oportuna.