“Una palabra: fluir. Y ver adónde te lleva la noche”. Así define Sara Rivera, de 29 años, lo que significa jangueo en el vernáculo de Puerto Rico: irte de fiesta, sí, pero también encontrarte con tus amigos en el bar de la esquina, en un chinchorro, sin rumbo ni planes concretos. Probablemente termines perreando al ritmo de reguetón y dembow, no sin antes haber jugado una partida de billar o tirarte una que otra bailadita de salsa con algún desconocido. El jangueo es una filosofía de vida isleña; janguear, un modus operandi: no reservas mesa, no haces planes para quedar en un reservado. Janguear es encontrarte con tu gente y dejarte llevar como palmeras al viento con el objetivo de gozar.“No la llamen en el jangueo si no quieren que mienta”, canta Bad Bunny en el tema ‘EoO’ de Debí Tirar Más Fotos. Puedes, y debes, documentar la noche. Pero no interrumpas el flow. En ciudades como Madrid y Barcelona, ¿dónde está el jangueo? En Madrid, Sara suele reunirse con sus amigas boricuas en el bar El Antillano, en La Latina. Esta noche de sábado empiezan jugando dominó. “Y luego, tal vez, si se pone buena la cosa, nos vamos hasta abajo”, dice su amiga Brisette Berríos, de 32 años. “Hay muchas personas que piensan que Puerto Rico es única y puramente reguetón y salsa, pero es mucho más: es cómo te trata la gente”, añade otra amiga, Lola Montilla, de 25 años, influencer y dueña de su propia agencia de marketing.El Antillano abrió sus puertas a principios de 2025 y ya se ha vuelto un chinchorro particular, como lo es Toñita’s en Brooklyn: un lugar de encuentro entre la diáspora que vivimos aquí y los que vienen de visita. “Yo les digo que todavía huelen a salitre”, dice Tito Chévere, uno de los tres socios del bar, sobre aquellos turistas de la isla que llegan curiosos por ver ese bar boricua en Europa tan lejos de casa. Aquí uno se entera de primera mano sobre la última huelga de la universidad pública o quién es el rapero underground que empieza a estar pegao antes de que explote al estrellato internacional. Se ha convertido en parada obligada para cualquier famoso boricua que pise Madrid; su pared acumula los autógrafos del reguetonero Yandel, la Miss Universo Zuleyka Rivera y el músico Pedro Capó, el de “vamos pa la playa, a curarte el alma”.Sí, jangueo viene del inglés hang out, pero gracias al reguetón, ya es un término normalizado, sobre todo para la comunidad latina en España. Ya sean de origen caribeño o no, la mayoría de los latinos se criaron con la salsa y el reguetón. Y las nuevas generaciones españolas, también. Se puede bailar y ver música tropical en directo cada noche: bandas mestizas madrileñas como Caribe Café, Atempo o Los Chocolatinos mezclan salsa, son cubano y boleros en salas como Clamores, Intruso Bar o Linda Guajira. Cada domingo, cientos de bailadores de salsa y bachata se reúnen al aire libre en la Ermita, en la Virgen del Puerto. En Barcelona hacen lo suyo con salsa brava, timba y fusión tropical grupos como La Gozadera, Las Karamba, Compota de Manana o los Afro Latin Jam All Stars en Diobar y en el Marula Café. La mítica sala barcelonesa La Paloma se convierte en un salón tropical los domingos con más grupos en directo y sesión de vinilos de salsa brava y tropical.La inspiración boricua se puede encontrar en Calle 365, la discoteca madrileña que en 2026 ha escogido Puerto Rico como concepto en el que basa toda su decoración, coctelería y programación, incluyendo una réplica de la casita rosa de la gira de Bad Bunny que aquí sirve como escenario para la banda de salsa en directo cada fin de semana. El equipo de Rosi la Loca World, que gestiona el local, viajó a la isla el año pasado para documentarse y velar por cada detalle. Al entrar a este speakeasy del barrio de las Letras, el techo entero está cubierto por una enorme bandera puertorriqueña. Y ahí estaba un sábado reciente, perreando al son de Atrévete-te-te de Calle 13, Cristina Bricio con su mejor amiga, Nicole Ochoa. “El origen del reguetón y todo lo que nosotras escuchamos es de Puerto Rico”, asegura Cristina, quien estaba celebrando su 24º cumpleaños. Nació en Ecuador, llegó a Vallecas con seis años y compagina sus estudios en administración con la hostelería. “Cuando trabajas de cara al público por tantas horas, te apetece venir aquí y desconectar”, confiesa Cristina, quien hace meses tiene sus entradas para ver a Bad Bunny.Otro imprescindible del jangueo en Madrid son los miércoles de La Cucaracha en El Internacional. Un miércoles cualquiera se mezclaban Javi Ferrara, cantante de la banda indie Parquesvr, con Tiraya, el DJ y productor que este año ha estado a cargo de cerrar las fiestas de San Isidro en la pradera, en comunión con bailarines de salsa profesional, turistas o simplemente madrileños amantes de la salsa. Iván Cordero, de Carabanchel, ya lleva tres miércoles seguidos en La Cucaracha para bailar hasta las tres de la madrugada. Casi no cabe un alma, las parejas hacen maniobras y dan vueltas prácticamente encima de la Orquesta Son de Cuba y su cantante, Arnelio Carbonell, y los DJ invitados. Y ese roce —y ese goce— de estar apretaos unos encima de los otros, que da pie a conversaciones entre desconocidos, es precisamente la magia de La Cucaracha. Hay concurso de baile con premio y rondas de chupitos de tequila cortesía de la casa. Iván, de 33 años y originalmente de Ecuador, termina bailando en una esquina con la venezolana Anaís Pacheco, de 36 años, que pisaba esta fiesta por primera vez pero que unos minutos antes se había hecho con la pista bailando Aguanile, de Héctor Lavoe. La Cucaracha ya ha celebrado dos ediciones de su fiesta en Puerto Rico (la primera, el verano pasado durante la residencia de Bad Bunny, y la segunda este enero durante las Fiestas de la Calle San Sebastián). Ahora, durante los conciertos de Bad Bunny en Madrid, se desplazará al Florida Park del Retiro con una programación especial de grupos y DJ invitados del país y su diáspora. “Queremos traer a Madrid esa forma de compartir, sin prejuicios, de comunidades de diferentes edades y sectores que vivimos en Puerto Rico”, dice uno de sus organizadores, Luis Félix López Arzuaga.Para la cantante puertorriqueña Maleni, de 28 años, de Caguas, y residente en Sants en Barcelona, la fiesta Deprerreo en la sala Rouge tiene un buen balance en temas de reguetón de la vieja escuela como Plan B y esas canciones cortavenas como La gata bajo la lluvia, “las de limpiar la casa los domingos o la quinceañera de tu prima”, afirma. Allí ha encontrado uno de sus jangueos al emigrar.Ahora que Puerto Rico y su música están de moda y en boca de todos, para la pequeña diáspora en la Península es muy importante seguir creando espacios en los que divulgar su cultura. Tito Chévere, de El Antillano, lidera un grupo de plena —­el ritmo folclórico que Bad Bunny ha popularizado en su último disco en temas como Café con ron—, Pleneros del Exilio. Además de presentarse en directo, ofrecen talleres de plena para cualquier persona interesada en aprender. Antes de que termine el año sacarán su primer álbum y el 20 de junio están organizando un plenazo, el que esperan sea el encuentro de personas tocando plena más grande de la ciudad hasta la fecha. Coincidiendo con los shows en Madrid de Bad Bunny, la influencer Lola Montilla, junto a la fotógrafa Fiama Morales, de Wepa Madrid, estrenarán la primera edición de La Placita en Madrid, un evento pop-up que recuerda a la placita de Santurce en San Juan. Su objetivo es traer experiencias culinarias y culturales “con todos aquellos que ya conocen nuestra música,” dice. Ha sido en España, lejos de casa, donde Maleni aprendió a tocar percusión de bomba puertorriqueña con los talleres de Daniela Torres La Music Teacher, conectando con otros boricuas. También en Barcelona, la cantante y compositora Marina Molina ha grabado el primer disco de bomba puertorriqueña en España con su proyecto Marina y su Melao, titulado Rezo al agua (Lovemonk, 2025). Además, Molina, de 32 años, da clases de baile de bomba cada jueves en un local de danza del Clot. Llegó a Barcelona hace una década, con 22 años. “Es mi manera de estar en dos sitios a la vez”, dice. “Para mí, hacer bomba en Barcelona implica una responsabilidad grande, pero con mucha gozadera. Es abrir camino y mostrar mi cultura en un lugar en el que, afortunadamente, es bien recibida”. El mundo de Bad BunnyEste reportaje forma parte del número especial que 'El País Semanal' dedica este 17 de mayo a Bad Bunny.