Opinión

Editorial

EDITORIALEn meses recientes se han publicado varios estudios académicos y técnicos sobre los costos económicos de las políticas contra migrantes.

La más reciente orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reforzar controles financieros sobre personas sin autorización legal de estadía o trabajo, abre un nuevo frente en debate migratorio estadounidense: el acceso al sistema bancario, el manejo del dinero personal y el flujo de remesas. Aunque la medida se presenta oficialmente como un mecanismo para combatir lavado de dinero, evasión fiscal y fraudes, sus posibles efectos podrían extenderse más allá de los objetivos de seguridad financiera planteados.

Para Guatemala, el tema tiene una dimensión particularmente sensible: las remesas representan una quinta parte de la economía guatemalteca, que usualmente se reporta como consumo y ahorro. Son una fuente esencial de divisas y un ingreso que sostiene a flote a cientos de miles de hogares, en todo el país. En muchas comunidades rurales, los envíos desde Estados Unidos apuntalan el gasto del hogar y con ello de pequeños comercios, transporte local, construcción y acceso a servicios básicos como salud y educación. Es, según varios estudios, el factor más importante de reducción de pobreza.