Rodeados de boutiques de lujo y hombres trajeados que caminaban, entre 40 y 50 jóvenes se aglomeraban frente a la tienda de Swatch de la calle Serrano de Madrid por cuarto día consecutivo. Algunos tenían ojeras y casi todos vestían chándal o abrigos ligeros para sobrellevar el frío que todavía hace estas madrugadas. Había tres sentados en sillas de camping que aprovechaban cualquier ápice de tranquilidad para cabecear, porque han pasado días en la calle con el objetivo de ganar cientos o miles de euros revendiendo alguno de los ocho modelos de Royal Pop, la nueva colección de relojes que ha provocado largas colas y altercados en países de varios continentes. Quienes han formado estas multitudes en España son generalmente jóvenes varones que vieron una oportunidad única hasta ahora. Estos nuevos relojes no cuestan más de 10.000 euros como los Rolex más codiciados en el mercado de segunda mano, sino entre 385 y 400 euros, y los chicos aprovechan la extraordinaria demanda que se ha creado en páginas web de reventa y en los propios alrededores de las tiendas. Como lo demostró el conductor de una furgoneta que paró en doble fila e interrumpió el tráfico para gritar a los aglomerados en Serrano: “¡Hey, chicos! Les doy 1.000 pavos ahora mismo por un reloj”. Nadie le hizo mucho caso. La mayoría de los concurrentes ya tenían sus reventas apalabradas por 1.500 euros como mínimo. La cuestión radica en que estos relojes son el fruto de una colaboración entre Swatch y Audemars Piguet (AP), y su diseño imita al de los Royal Oak, la línea de producción más demandada de AP, con precios que parten de entre 28.000 y 30.000 euros. AP es una de las marcas de lujo más poderosas y la tercera que más factura después de Rolex y Cartier. Los precios de sus relojes pueden duplicarse en el mercado secundario, y ese efecto se ha trasladado hacia los Royal Pop a pesar de que son relojes plásticos de bolsillo. Swatch vende seis de los ocho relojes de la nueva colección en 385 euros y dos en 400 euros, pero al momento en que se escribe este reportaje cuesta ver alguno por debajo de los 900 euros en Wallapop, Milanuncios o Chrono24. En Wallapop te puedes encontrar casi de todo con respecto a estos relojes, desde varios modelos por 1.000 euros como precio promedio, hasta llaveros inspirados en ellos o copias exactas. Muchos de estos anuncios dejan claro que los vendedores no realizan envíos y prefieren tratar en persona con el interesado. Una de las publicaciones llama mucho la atención, pues ofrece el set completo con los ocho relojes por 27.582 euros (3.447 euros cada uno). Dicho conjunto tiene la etiqueta de “reservado” y anuncia sus piezas “sin abrir” inspiradas en relojes de lujo. Los precios en algunos casos han llegado a dispararse, a pesar de que se trata de relojes de plástico que ni siquiera pueden repararse en caso de avería (los mecanismos están completamente sellados). Según reportó Euronews, algunos de estos relojes ya se han revendido en internet por hasta 16.000 euros. “Ganar 1.000 euros por hacer una cola es dinero fácil” Un par de guardias de seguridad extras contratados por la tienda custodiaban a los chicos y los apuntaban en una lista por orden de llegada para organizar la posible venta, porque ni siquiera tenían certeza de que la tienda vendiera algún Royal Pop. “Aquí ayer se vendieron menos de 100 relojes, sacaron algunos a las 10 y otros a las 18”, explica uno de los jóvenes aglomerados, quien estaba rodeado por tres amigos que hacían fila a su lado para que pudiera comprar cuatro relojes. Swatch solo vende un Royal Pop por persona. “Por suerte, ayer pude comprar uno aquí, pero luego fui a la tienda de la calle Preciados y solo vendieron 40 relojes, porque yo no llegué y era el número 41 en la cola”. Jóvenes aglomerados frente a la tienda de Swatch en la calle Serrano de Madrid. (A.H.S.) Este joven tiene 20 años, estudia Ingeniería Civil en la Universidad Politécnica de Madrid y lleva un par de años “metido muy dentro” en el mundo de la relojería. Hasta ahora solo iba de vez en cuando al Rastro a buscar relojes, pero ha visto un filón en los Royal Pop porque no tiene que invertir mucho dinero y la ganancia está garantizada. “Hay mucha más gente que quiere estos relojes que las unidades que sacan”, precisa el joven que no quiso pasar la noche completa allí, pero se levantó a las seis de la mañana para estar en la tienda a las siete. Cuando abrió a las 10:00 am, los trabajadores le dijeron que no tenían ninguna garantía de vender algún ejemplar de la nueva colección. En ciudades como Valencia hubo personas acampando en las inmediaciones de la tienda de Swatch desde el miércoles 13 de mayo, tres días antes del lanzamiento oficial de los relojes. Un hombre entrevistado en redes sociales dijo que esperaba sacar entre 600 y 2.500 euros por su reloj y que no le parecía “un esfuerzo increíble” apostarse en la calle durante varios días. En Barcelona, Swatch ni siquiera pudo realizar el lanzamiento como preveía, precisa Alejandro Catá, un relojero catalán especializado en la compraventa de piezas de lujo que estuvo en las dos tiendas donde se vendieron los nuevos relojes. “Aquello fue un caos total y las tiendas no abrieron ese primer día”, explica el experto en el mercado de segunda mano de relojes. “Desde AP explicaron que se trataba de una iniciativa para atraer al público femenino a la relojería. Se puede llevar en bolsos o carteras y eso tiene mucho sentido en un mercado como este en el que las mujeres no suelen comprar y si llevan un reloj es porque se lo regalaron. Al final, esto democratiza el producto al dejar de ser un reloj aspiracional de 30.000 euros”. "Saliendo de aquí enseguida vendí en 1.000 euros el reloj que compré por solo 385 euros" En Madrid la sangre no llegó al río, pero el ambiente también fue tenso. “Al final tratamos de tener respeto entre nosotros para mantener el orden en la cola y en eso ayuda también la seguridad extra”, explica el estudiante de ingeniería consultado en Madrid a las afueras de Swatch. “Ayer pregunté por uno de los dos modelos más caros, el azul celeste que trae segundero, pero me dijeron que ese es el único que no está disponible en ninguna tienda de España. Hemos visto cómo llega un mensajero con las cajas de los relojes y enseguida empiezan a venderlos. Estos relojes llegan a cuentagotas a las tiendas, por lo menos ocurre así en las de Madrid (Preciados, Goya y Serrano). Hago esto porque además de que me gusta el tema es una buena oportunidad de ganar dinero fácil. Saliendo de aquí enseguida vendí en 1.000 euros el reloj que compré por solo 385 euros”. Hasta ahora este joven tenía relojes por hobby y soñaba con la posibilidad de ganar miles de euros comprando y revendiendo, como le ha visto hacer a decenas de influencers que publican sus negociaciones a través de las redes sociales. Lo mejor, insiste, es que no tiene que hacerle nada al reloj, ni siquiera comprarle una de esas correas que venden ya en internet para adaptarlos a la muñeca: “En lo que me llega una de esas correas pasan los días y prefiero asegurarme, porque estos cuatro que quiero comprar hoy gracias a mis amigos ya los tengo vendidos en 1.500 euros cada uno”. Las correas mencionadas forman parte del efecto que ha generado este reloj en la industria, pues no solo se revenden a elevados precios, sino que condicionan la aparición de otros accesorios para modificarlos. Colección de relojes Royal Pop en un escaparate de la tienda de Swatch en la madrileña calle Serrano. (A.H.S.) “Estoy aquí desde las seis de la mañana porque quiero sacarme unos pavos con esto, aunque no sabemos si hoy van a vendernos algo”, explica a El Confidencial otro de los jóvenes que se sentaban en las sillas de camping en plena calle Serrano. “Este es mi tercer día así y espero que sea el último. Al final hacen esto para subir los precios y que nos volvamos locos. Las compañías no fabrican los relojes en pequeñas cantidades como se están vendiendo aquí”. Este chico jamás ha tenido un reloj mecánico y ni siquiera sabe muy bien qué diferencias hay con uno de batería. Tampoco sabía lo que era un reloj de bolsillo o de colgante, pues ya tiene “el móvil para mirar la hora”. Mientras hablaba con este diario salió disparado de la silla plegable porque oyó unos gritos al inicio de la cola y se rumoraba que había desaparecido el orden establecido previamente. Mientras subía de tono el ambiente y varios de los concurridos se molestaban, a pocos metros de la cola y pegado a la vitrina otro joven le mostraba a su novia los relojes que había comprado, “pero sin pasar trabajo”. Él sí sabía un poco más del “mundillo” y para dejarlo claro blandía constantemente el Rolex Datejust esfera negra que colgaba de su muñeca con una correa de acero tipo Jubilee. Ese reloj es difícil de conseguir por debajo de los 9.000 euros. “Vine aquí y les pagué 1.500 euros en efectivo a cada uno de los que estaban a punto de entrar en la tienda para que me dieran el reloj a mí cuando salieran”, detalla bajo anonimato el joven que tiene 21 años y desde los 16 contrabandea relojes. “Yo estudio en la universidad y con los relojes que vendo me cubro mis gastos y puedo cumplirle algún capricho a mi novia, por ejemplo. No estoy dado de alta y hago todo en negro porque al final mi clientela son mis propios amigos y compañeros de clase. Los cuatro Royal Pop que compré aquí los revendí a 2.500 cada uno. Tengo colegas que si lo llevan todo por redes sociales y tal, pero yo tengo tanta demanda que prefiero seguir como estoy y no pagar impuestos”. "Los precios van a bajar, esto es insostenible" El método empleado por este joven en plena cola se ha replicado a las afueras de otras tiendas de Swatch en España. El dueño de la joyería de relojes de lujo Watches Marbella se personó en plena cola para repartir tarjetas de contacto a los chavales que quisieran revender. En otro video, este empresario especializado en la compraventa de relojes de lujo le pagó 600 euros a un chico muy joven para que se fuera a su casa y le cediera el puesto que había mantenido en la cola. Las redes sociales han sido un elemento catalizador en la subida de los precios de reventa de estos relojes, y un ejemplo es la joyería de Manhattan Mike Jewelry, que llegó a ofrecer hasta 5.000 dólares en efectivo por cada Royal Pop que le llevaran. El precedente inmediato de esta situación lo encontramos en el MoonSwatch, el reloj que Swatch hizo en colaboración con Omega en 2022, alerta Ignacio Arianza, un madrileño de 25 años que lleva una página web en la que crea contenido sobre relojería y vende sus propios ejemplares de segunda mano: “Aquella colaboración trascendió culturalmente y se espera que con esta suceda lo mismo, más aún cuando AP no forma parte del Grupo Swatch (Omega sí). Se trata de una marca muy lujosa y difícil de conseguir que crea un producto mucho más asequible, aunque bastante extraño. No te puedes poner estos relojes en la muñeca, pero están dando mucho que hablar y eso es lo que verdaderamente le interesaba a estas marcas”. El Grupo Swatch podría explotar muy bien este impulso, sobre todo después de haber descendido abruptamente en sus resultados económicos el año pasado, a pesar de haber facturado más de 6.000 millones de euros. El Confidencial contactó a esta compañía para saber cómo estaba lidiando con todo el caos desatado en las afueras de algunas de sus tiendas (un ayuntamiento francés se planteó demandarlos por las aglomeraciones). “La respuesta a esta colección ha sido un fenómeno a nivel mundial, con una demanda extremadamente alta”, precisa el grupo. “En unas 20 tiendas surgieron desafíos el día de apertura porque las colas de clientes interesados eran excepcionalmente largas y la organización de algunos centros comerciales no fue suficiente para soportar este nivel de afluencia. La situación se ha normalizado un poco, especialmente después de que comunicáramos una vez más que la colección Royal Pop estaría disponible durante varios meses”. Tienda de Swatch en la calle Serrano de Madrid. (A.H.S.) La nueva colección ya deja frutos para esta empresa, pues ha recibido “millones de clics” en su web, y han acumulado “más de 6.000 millones de visualizaciones en sus redes sociales en una semana”. Que los Royal Pop “cautiven a todo el mundo”, concluyen, “nos parece sorprendente, sobre todo porque no son relojes de pulsera”. En las redes sociales se ha desatado una ola de contenido que generalmente muestra a personas que compraron estos relojes para modificarlos o colocarles una correa. “La gente que ha dormido fuera de las tiendas vive mucho en la cultura del hype, y al día siguiente lo pueden hacer por unas zapatillas de último modelo o con el nuevo iPhone, por ejemplo”, explica Arianza. “No descarto que haya personas que también buscaran estos relojes por amor a la relojería, pero creo que han sido los menos”. El Confidencial solo pudo encontrar entre los congregados en Serrano este 19 de mayo a una mujer que no quería deshacerse del Royal Pop que le vendieron. Se lo iba a regalar a su esposo por su 40 cumpleaños. También conversamos con Dani Nicols, el joyero de la calle Ortega y Gasset que estuvo varios días haciendo cola para comprar uno de estos nuevos relojes, y su objetivo tampoco era la reventa. “Hice muchos videos contando la experiencia en redes sociales porque me encantan los Royal Oak de AP”, explica el empresario dueño de la joyería familiar Nicols, con varias tiendas en el barrio madrileño de Salamanca. “Mi padre me regaló uno cuando era joven y lo conservo y uso con mucho cariño. Creo que esta colaboración va a provocar que se conozcan mucho más los relojes de AP y la gente se interese por ciertos modelos que hasta ahora estaban reservados para personas de alto poder económico”. Por su parte, Alejandro R., conocido en redes como El tiempo de Alex, cree que más allá de los fanáticos o revendedores se trata de un cambio “brutal” en la industria. Es uno de los influencers y blogueros especializados en relojería que ha estado siguiendo muy de cerca todo el fenómeno y para él lo más importante es que la relojería se ha colado por unos días en el centro del debate mundial. “Las consecuencias son increíbles, porque ahora todo el mundo está hablando de relojería y nadie sabe exactamente dónde puede parar esto. Los precios de reventa sí creo que caerán de un momento a otro porque si se siguen vendiendo en las tiendas de Swatch, es insostenible una cotización tan alta en el mercado secundario. Pero quién iba a decir que se iban a viralizar tanto unos relojes que parecen sucedáneos de un Labubu, porque su diseño es ideal para colgarlo de bolsos y llevarlo como accesorio”.
¿Viste las colas para comprar un Swatch? Aquí es donde han terminado los relojes
El sábado pasado Swatch y Audemars Piguet lanzaron una colaboración que ha provocado grandes colas en España y otros países. Los jóvenes se sienten especialmente atraídos por estos relojes para revenderlos en el mercado de segunda mano











