“El inglés Hampton”, como lo conocían y llamaban sus colegas y amigos, nació el 15 de julio de 1945 en Buenos Aires. Se graduó como arquitecto en la Universidad de Buenos Aires en 1973 y realizó un posgrado en planificación urbana en la Univesity College de Londres. Pero, previamente, formó parte del estudio Llauró-Urgell y Asociados hasta que formó su propio estudio con Marco Pasinato y Carlos Viarenghi.Trabajó en Owen Luder Partnership, en YRM Architects y en el estudio nigeriano Femi Majekodoumi Architects, proyectando hospitales de alta complejidad en el Sahara Occidental. Para la OEA desarrolló un plan urbanístico y normas para Ecuador, como empleado de la Oficina Integrada de Planificación. Regresó al país en 1980 y vinculó en su trayectoria la solidez y el conocimiento globales con su profunda sensibilidad en el quehacer local.En 1983 y durante seis años dio clases en la FADU-UBA y en 1985, junto a Emilio Rivoira, dio vida a un estudio que se transformó en una referencia ineludible de la producción contemporánea nacional.Palermo, el primer laboratorioEn sus inicios durante la década de los 80, el binomio de Hampton Rivoira Arquitectos se abocó a la construcción de un lenguaje propio. El laboratorio de experimentación fue el barrio de Palermo, cuando todavía conservaba su fisonomía residencial y bohemia. Allí, a través del diseño del recordado bar El Taller y de una serie de viviendas unifamiliares en las calles Honduras, Gurruchaga y el Pasaje Santa Rosa, Hampton y Rivoira exploraron los límites de la materialidad.Formó parte vital del colectivo que buscó una arquitectura en consonancia con nuestros recursos y necesidades, postulando que se debía de consolidar una disciplina "más ligada a la realidad". Así lo expresó en el documental "Movimiento Nac&Pop", producido por Moderna Buenos Aires y proyectado en un ciclo de cine del CPAU.Salto de escalaCon la llegada de los 90, el estudio demostró una notable capacidad de adaptación al escalar su producción hacia proyectos corporativos y desarrollos de escala urbana, sin perder la rigurosidad conceptual. Con soluciones de alta tecnología y pautas de diseño eficiente, la dupla (y, para entonces, un equipo de profesionales) resolvió el diseño de sedes bancarias e interiorismos de torres corporativas en el centro porteño, como las de los bancos de Boston y HSBC.De este período data una de sus intervenciones públicas más trascendentes: el paseo peatonal de la Banquina de Puerto Madero, un trayecto de tres kilómetros de costa urbana que reconcilió a los habitantes con el borde del agua mediante un equipamiento contemporáneo y un diseño paisajístico de alto impacto.Otra obra para destacar, ya en este milenio, es la estación de servicio YPF ubicada en la entrada de Nordelta, que llamó la atención por su cubierta verde como articuladora del programa arquitectónico.La práctica del estudio también dejó una huella en la disciplina a través de la rehabilitación y el reciclaje arquitectónico, una faceta que defendía bajo la premisa de que la intervención sensata es la forma más perdurable de protección patrimonial.Su obra fue celebrada de forma unánime por sus pares. El reconocimiento se materializó en distinciones como el Premio Vitruvio en 1999, el Premio Konex en 2002 y el Gran Premio Nacional CICA en la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires 2009, obtenido por el aviario en el Bioparque Temaikèn.Docente respetado y activo animador del debate institucional, integrante de la Comisión Directiva de la SCA entre 1998 y 2003, Jorge Hampton deja un legado de obras que combinan audacia constructiva, respeto por lo preexistente y una profunda calidez.
Adiós a Jorge Hampton, un referente ineludible de la producción contemporánea nacional
Murió "el inglés" Jorge Hampton, creador junto a Emilio Rivoira de uno de los estudios más reconocidos de nuestro país.Obtuvo el Premio Konex en 2002 y el Gran Premio Nacional CICA en la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires 2009 por el aviario en el Bioparque Temaikèn.









