La cumbre entre el presidente de China, Xi Jinping, y el de Rusia, Vladimir Putin, concluyó este miércoles sin sellar grandes acuerdos para proyectos conjuntos, dejando en el aire el gasoducto Fuerza Siberia-2, una infraestructura megalítica que sería capaz de transportar 50.000 millones de metros cúbicos de gas ruso anuales hacia China por Mongolia. Putin lleva años detrás de un acuerdo bilateral para hacer este proyecto y conseguir el contrato para Gazprom, la petrolera estatal rusa, debido a que perdió gran parte de su mercado europeo por las sanciones que le impuso la UE tras invadir Ucrania.Esta cumbre se planteaba como la ocasión idónea para alcanzarlo, ya que el cierre del estrecho de Ormuz deja a China sin gran parte de la energía que compraba a Irán, por lo que Putin pensaba que esa necesidad de Pekín de poder mantener su suministro intacto ante posibles interferencias futuras haría que el líder chino se abriese a poner en marcha el proyecto.
Según fuentes citadas por la agencia de noticias Pravda, desde el Kremlin dijeron que "hay un gran entendimiento" en cuanto a los parámetros a seguir. Pero, por mucho que se hable de ese entendimiento, Putin volvió a Moscú sin una firma ni un calendario concreto para el proyecto.











