El presidente chino Xi Jinping podría haber sido protocolario en sus palabras de bienvenida a su homólogo ruso, Vladimir Putin, este miércoles por la mañana en el Palacio del Pueblo de Pekín. Sin embargo, optó por hacer un llamamiento a “un cese inmediato de todas las hostilidades en Oriente Medio”. Algo que está en manos, principalmente, de aquellos que las iniciaron, más allá del obvio ascendiente de China y Rusia sobre Irán. La visita número 25 de Putin a China llega menos de una semana después de la de Donald Trump. El presidente estadounidense estuvo muy comedido durante sus dos días en Pekín. Pero esta semana ha vuelto a las andadas, manifestando que frenó en el último momento la orden de un nuevo ataque devastador sobre Irán, tras detectar “progresos” en las negociaciones. Con progreso o sin él, Rusia y China tienen un interés objetivo en evitar que Washington derribe al actual régimen iraní para sustituirlo por un régimen afín, como fue el del sha. Irán es una pieza insustituible en sus respectivos puzles geopolíticos. Tanto para que las Nuevas Rutas de la Seda alcancen Turquía y el Mediterráneo, como para que el Corredor de Transporte Norte-Sur comunique el Báltico ruso con el mar Arábigo. Aunque los Guardianes de la Revolución han demostrado que saben defenderse solos, su puntería no habría sido la misma sin los satélites y sistemas de posicionamiento rusos y chinos. Geografía y petróleoIrán es una pieza clave para los corredores comerciales de Rusia e IránVladimir Putin -que fue recibido anoche a pie de escalerilla por el ministro de Exteriores chino, Wang Yi- pasó revista a una guardia de honor este miércoles junto a su anfitrión, Xi Jinping. Varias salvas salpicaron la interpretación del himno de Rusia, antiguo himno de la URSS. Acompañan a Putin nada menos que ocho ministros, además de los máximos responsables de Gazprom, Rosatom y Roscosmos, entre otros grandes conglomerados. Una vez sentadas cara a cara ambas delegaciones, las palabras iniciales de Putin fueron mucho más de circunstancias, sobre la amistad inquebrantable entre ambos gigantes. Se sabe, en cualquier caso, que entre los 40 acuerdos que podrían firmar ambos presidentes, 25 años despues del Tratado de Amistad y Buena Putin, despuntan los de carácter energético. Un portavoz del Kremlin asegura que la visita del presidente ruso no es una reacción a la visita de Trump, sino que estaba prevista desde la llamada telefónica que Putin y Xi mantuvieron en marzo pasado. La convulsión en el suministro mundial de hidrocarburos, en cualquier caso, no solo está beneficiando a los exportadores estadounidenses, sino también a los rusos. Es difícil imaginar un mejor contexto para cerrar flecos del proyecto de gasoducto Poder de Siberia 2. La fiabilidad del suministro terrestre por parte rusa -en este caso, vía Mongolia- con contratos a largo plazo, queda resaltada por el doble bloqueo en vigor sobre el estrecho de Ormuz. La prensa oficialista china tiene motivos para presumir de la rápida consolidación de Pekín, en los últimos seis meses, como “epicentro de la diplomacia mundial”. También de la solidez de la relación energética con Rusia, aunque esta va en paralelo con el refuerzo de oleoductos con Kazajistán y de gasoductos con Turkmenistán. China, asimismo, está entre los cuatro o cinco primeros productores mundiales de gas y de petróleo, aunque dicho volumen no basta para “la fábrica del globo” y sus 1.410 millones de habitantes. Además de la oportunidad de este momento de convulsión energética, Rusia tiene otro argumento de peso para cerrar tratos con China. La UE se ha comprometido a reducir a cero sus importaciones de gas ruso antes del fin de 2027. De llevarse a cabo el Poder de Siberia 2 -tal como contempla el nuevo plan quinquenal chino- transportará un volumen de gas equivalente a un tercio de las exportaciones a Europa anteriores a la invasión de Ucrania. Esta última, además, es costosa en vidas y hacienda y las conquistas rusas en el Donbass han desacelerado este año, tras avances sustanciales en 2025.No en vano, Xi repetía hoy que el mundo asiste a “cambios y turbulencias entrelazados”. Como prueba de ello, horas antes del abrazo energético entre Rusia y China, el Parlamento Europeo y el Consejo allanaban el polémico acuerdo comercial que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Layen, pactó el año pasado en el club de golf de Donald Trump en Escocia, bajo la amenaza de guerra arancelaria. La luz verde, para satisfacción de EE.UU., llega en el momento en que el Pentágono ultima sus planes de repliegue de tropas del teatro europeo, todavía con muchas incógnitas.Xi y Putin, esta mañana en Pekín, celebran los 25 años del Tratato de Amistad y Buena Vecindad Alexander Kazakov / ReutersTambién China cuida su relación comercial con EE.UU., que sigue siendo su primer mercado, aunque ya no le sea tan imprescindible como hace diez años. Su ministerio de Comercio anunciaba hoy mismo que está trabajando para prorrogar la tregua arancelaria pactada por un año por sus respectivos presidentes en Corea del Sur, a principios de otoño. Sin menoscabo de que China siga desprendiéndose, sin prisa, pero sin pausa, de su gigantesco stock de bonos del tesoro de EE.UU. (hoy ya muy por detrás de Japón). O que haya reducido prácticamente a cero su dependencia del dólar en sus contratos energéticos con Rusia (en yuanes en el caso del petróleo y en yuanes y rublos, al 50%, en el caso del gas). Presión al petrodólarChina paga el petróleo ruso en yuanes y el gas ruso en yuanes y rublos, al 50%El comunicado final, que llegará después de una pausa para el té, entre líderes, que el Kremlin desea muy larga, podría ir en esta línea. Pero muchas cosas relativas a sus coincidencias respecto a la guerra de Ucrania o la de Irán quedarán como “un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma”. Tal como Winston Churchill se refirió a la política exterior rusa en su momento. En realidad, China no olvida el apoyo aliado -lo que incluye tanto a Moscú como a Washington- en su liberación de la ocupación japonesa. Algo que volvió a poner de manifiesto en el desfile conmemorativo de septiembre pasado, última de las 25 ocasiones en que Putin había pisado China con anterioridad. Su actual visita, por cierto, coincide con una gran feria comercial de productos rusos en Harbin. Una de las muchas grandes ciudades de la antigua Manchuria que el Ejército Rojo tomó a los japoneses en agosto de 1945, con la singularidad de que había sido fundada en 1898 por el zar de Rusia. China y Rusia se esfuerzan en estrechar relaciones y desde hace pocos años, se eximen mutuamente de visado turísticos. Pero la realidad es tozuda. EE.UU. sigue atrayendo al doble de turistas chinos y a un número cinco veces superior de estudiantes chinos. Y mientras China es el primer socio comercial de Rusia desde la primera década del siglo, Rusia solo es el octavo para Pekín, aunque siga ganando peso. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.