Meta humanos¿Qué pasaría si somos más generosos con el tiempo?

¿De qué forma cambió tu relación con el tiempo la semana pasada? El lunes, después de Semana Santa, al abrir los ojos tomé la decisión de dedicarle media hora de mi mañana a escribir. No quería entrar en el piloto automático. Quería respirar. Quería escuchar los sonidos de mi alrededor. Quería darle la bienvenida al día, en lugar de comportarme como un mal invitado que, al recibir la invitación para un día nuevo, entra y se sirve café sin decir siquiera un gracias.

Camino hacia mi escritorio. Hay un libro ahí, esperándome, recordándome algo importante: la lectura no es pasiva. La semana después de Navidad, mientras leía ese mismo libro, llamé a mi hermana y le dije: “Te tengo una propuesta”. La escritora hablaba de un ejercicio simple: pararte frente al espejo y decir tres frases, siempre empezando por tu nombre. Tu nombre, y luego: “Te perdono por…”. Tu nombre, y luego: “Estoy orgulloso de…”. Tu nombre, y, por último: “Te quiero y te aprecio”.

Decidimos hacerlo todos los días. No sabíamos cuánto necesitábamos escucharnos así. Fue como tomar agua y, en el primer trago, descubrir la sed que llevábamos. Sin expectativas, esta práctica empezó a tener un impacto, fortaleciendo el músculo más importante: el corazón. Durante Semana Santa, mi mamá y mi hermana menor compartieron otro concepto que habían leído: Tri Hita Karana, de la filosofía balinesa. “Las tres fuentes del bienestar”.