“La verdad yo ya no quería vivir, como entre los 38 y los 40 decía: ‘oh, esto ya está muy aburrido’”, confiesa Reyli Barba.El chiapaneco galopó durante años hacia un borde que, hoy reconoce, pudo costarle la vida. El alcohol, el exceso de trabajo y las noches sin dormir lo metieron en una velocidad que él mismo alimentaba, hasta pasar 72 horas despierto para probar cuánto resistía el cuerpo.“Fue un pozo profundo y jodidodel cual ni siquiera me sacaron para arriba, sino que me hicieron escarbar hasta el fondo y salir del otro lado, por cabrón, por borracho”, comparte a unos días de celebrar 30 años de carrera.“Yo mismo decía: ‘a ver cuánto aguanto sin dormir, cabrón’, la irreverencia. Qué bueno que lo intenté a los 30 años; si lo hubiera yo intentado a esta edad, tal vez me carga la fregada de una...”, afirma.La salida no fue sencilla. Hace 11 años, tras un periodo de rehabilitación, Reyli logró superar el alcoholismo, pero tuvo que mirar los estragos que había dejado atrás y cambiar los excesos por una revisión diaria de sí mismo.“Lo que me estaba enloqueciendo era tanto trabajo”, considera el músico en un vacío Auditorio Nacional que espera llenar el próximo miércoles 27 de mayo. “Te encuentras con un desmadre que dejaste. Es ir auditándote a diario; en las noches reflexionar. Me hace muy bien. Y no le doy el consejo a nadie, a cada quién le toca, pero yo lo que trato es de respirar, agradecer y decir: ‘ok, bendita suficiencia’. Ese es el camino”, señala.El hecho de detenerse fue lo que le ayudó a recomponer su ruta y a crear canciones como las que integran A Caballo, disco que estrenó el pasado 16 de abril y en el que comparte con Bacilos, Alfredo Olivas, Alexis Cristóbal y Majo Aguilar.“Ahora no corro tanto. La velocidad no me permitía ver la grandeza de la vida y ahora voy en paso firme, a caballo. Cuando te subes a uno, sientes la ayuda de Dios aún más porque es que te sientes el caballo, no sientes que son dos partes”.El título del álbum es una metáfora de cómo Barba se mira hoy: para él, es libertad, comodidad y una posición desde la cual puede celebrar que, pese a los obstáculos, sigue con vida, con ganas de vivir y con una carrera activa.“Es una posición privilegiada, es andar libre, ser más fuerte, levantarme, el hálito de vida y decir: ‘puta, qué a toda madre’, tengo 54, dos nietas, no me llevó la chingada cuando me pudo haber llevado y estoy de vuelta, cabrón, estoy tocando”.Respecto a su capacidad de domar esa andanza impetuosa que casi lo lleva a desistir, habla con alivio de forma distinta.“No tengo ni frío, ni calor, ni hambre, ni sueño, ando contento, con lo suficiente en todo sentido”, dice.“Ahora le pido a Dios vivir más. Tengo a mis abuelas, mis abuelos son longevos, todos han vivido casi 100 años y ahora tengo ganas de vivir, pero es eso, porque no está el alcohol en mi sangre”, remarca.Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.