Habla

Si en el mundo empresarial estadounidense persiste el mito fundacional de los garajes donde Steve Jobs y Jeff Bezos empezaron a levantar gigantes como Amazon y Apple, en España bien se podría construir una leyenda en torno a un chalé de Aravaca, en Madrid. Pocos lo saben: la primera sede de GMV —hoy una de las empresas más punteras del país en espacio, ciberseguridad, movilidad inteligente, defensa, inteligencia artificial y computación cuántica—, fue una casa familiar de la calle Anita Vindel a la que se mudaron a mediados de los ochenta un grupo de ingenieros recién graduados, liderados por el profesor y fundador de la compañía Juan José Martínez. Las siglas que Martínez eligió para el proyecto naciente eran también un guiño a sus orígenes: Grupo de Mecánica de Vuelo era el nombre del grupo de trabajo que formaron en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos de Madrid (ETSI) y donde comenzaron a trabajar juntos, recuerda Manuel Pérez, uno de sus miembros. “Juan José Martínez, que era profesor de Aeronáutica, trabajó durante un tiempo en la Agencia Espacial Europea (ESA). A su regreso se dio cuenta de que el nivel de sus estudiantes no tenía nada que envidiar al de los ingenieros alemanes y vio claro que desde España también podían desarrollarse proyectos de la agencia”. La idea, que podía sonar bastante insólita para la época, funcionó y el significado literal de aquellas iniciales hace tiempo que se quedó pequeño para una compañía volcada en ámbitos que van de la ciberseguridad a la inteligencia artificial. Los contratos de la ESA llegaron, se resolvieron positivamente y ese grupo universitario se convirtió en el núcleo inicial de GMV. A la mudanza de los despachos de la universidad al chalé de Aravaca le siguieron el alquiler de otros chalés en la zona, la apertura de una oficina en la calle de Cristóbal Bordiú, cerca del paseo de la Castellana, y finalmente la actual sede central en el Parque Tecnológico de Madrid en Tres Cantos, que se inauguró, apunta Pérez, “en febrero de 1991”.