La intérprete repite en Cannes y en el cine de Almodóvar con su personaje de Mónica en ‘Amarga Navidad’, la asistente del director que siente traicionada su intimidad y su amistad

Con Amarga Navidad, Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 57 años) entra por segunda vez en el mundo Almodóvar. Y en este caso su personaje, Mónica, la asistente del director protagonista, tiene mucho más peso que el que compuso en Madres paralelas (2021), con el que fue candidato al Goya a mejor actriz secundaria. También es la segunda visita a Cannes de Sánchez-Gijón: fue jurado en la edición que ganó Bailar en la oscuridad y Deseando amar logró el Gran Premio del Jurado. “Me impresionaron muchísimo Björk y la película de Von Trier”, recuerda.

Sentada en la terraza del hotel Marriott, donde este año se alojan los equipos de las películas de Competición, Sánchez-Gijón sonríe. Hay buen tiempo, es martes mediodía y le quedan dos entrevistas antes de comer. En esta, se comprueba cómo la vida personal de la actriz y la de su personaje se entrecruzan de maneras inesperadas.

Pregunta. Su personaje está construido a partir de ficción y de retazos de personas reales. ¿Desde dónde lo construyó usted?

Respuesta. Observado, charlando con el entorno de Pedro. No he pretendido encarnar a nadie en concreto, porque el propio Pedro ha querido dejar muy claro que esto es una ficción. Y hay suficientes elementos como para crear este personaje desde un dolor muy profundo y muy reconocible. Que además, bueno, ahora puedo contarlo... Mi madre se acaba de ir hace tres semanas. Y el rodaje coincidió con el diagnóstico de su cáncer. El dolor de Mónica frente a la pérdida y al duelo, tan personal y en su vida íntima, es el mío. Mi fuente emocional y de dolor partió, por ello, también de lo personal. Como actriz, te empapas del entorno, bebes de tus propias fuentes.