La reciente aprobación del Reglamento de Facturación Electrónica, derivado de la Ley Crea y Crece, marca un nuevo hito en el proceso de transformación de los sistemas de facturación en España. Tras varios años de desarrollo técnico y normativo, el marco regulatorio entra en su fase decisiva, completando un escenario en el que dos grandes normas -la Ley Antifraude y la propia Ley Crea y Crece- van a redefinir de forma profunda la operativa empresarial. Aunque ambas normativas tienen orígenes y objetivos distintos, su dirección es claramente convergente: digitalizar y modernizar los procesos de facturación del tejido empresarial, convirtiéndose en una palanca para mejorar la transparencia, el control y la eficiencia de las operaciones. En este sentido, aunque sean dos normas independientes, deben entenderse como piezas complementarias de una transformación estructural de mayor alcance, lo cual explica, junto con su coincidencia en el tiempo, que hayan llegado a confundirse. El primer paso de este proceso se produjo con la aprobación del Reglamento de Sistemas Informáticos de Facturación (RSIF), derivado de la Ley Antifraude. Este reglamento, popularmente conocido como Verifactu, establece los requisitos que deben cumplir los programas de facturación con el objetivo de garantizar la integridad, trazabilidad e inalterabilidad de las facturas, marcando un nuevo estándar en la gestión de la información fiscal: por cada factura emitida, el software debe generar un registro digital que no puede ser alterado, reforzando así el control fiscal y reduciendo prácticas irregulares. La implantación de este reglamento por parte de las empresas y autónomos fue aplazada hasta el 1 de enero y el 1 de julio de 2027, respectivamente; si bien las compañías desarrolladoras de software solo pueden distribuir sistemas de facturación que cumplan estos requisitos desde el pasado 29 de julio de 2025. "La dirección de ambas normativas es claramente convergente: digitalizar y modernizar los procesos de facturación del tejido empresarial" El segundo paso se ha producido con el Reglamento de Facturación Electrónica, que establece su uso obligatorio entre empresas y profesionales de forma escalonada a partir de octubre de 2027, según la propuesta de calendario de implantación pendiente de aprobación. Esta medida no se limita a cómo se generan las facturas, sino que redefine también cómo se intercambian, gestionan y supervisan en el conjunto del sistema económico. Su objetivo principal es combatir la morosidad comercial, pero su impacto va mucho más allá, al introducir un modelo digital interoperable que afectará a todas las relaciones B2B (business to business). Un cambio cultural Las similitudes entre ambas normativas son evidentes. En primer lugar, ambas afectan a los procesos de facturación de empresas y profesionales. En segundo lugar, ambas impulsan la digitalización de procesos tradicionalmente manuales, obligando a las empresas a adoptar herramientas tecnológicas que garanticen el cumplimiento normativo. En tercer lugar, comparten una vocación clara de trazabilidad: tanto el RSIF como la factura electrónica permiten seguir el ciclo de vida de la factura, desde su emisión hasta su eventual pago. Y, en tercer lugar, ambas suponen un cambio cultural, al exigir a las organizaciones revisar sus procedimientos internos y profesionalizar su gestión administrativa. Sin embargo, las diferencias son igualmente relevantes y conviene entenderlas para dimensionar correctamente el alcance de cada reforma: mientras que el RSIF regula el software de facturación utilizado y cómo se genera cada factura, asegurando que la información sea fiable desde el primer momento; la factura electrónica regula el intercambio de las facturas entre empresas y profesionales, estableciendo formatos comunes, canales de comunicación y mecanismos de reporte que estructuran todo el ecosistema de relaciones comerciales. También difieren en su finalidad principal: la normativa vinculada a la Ley Antifraude tiene como objetivo prioritario la lucha contra el fraude fiscal; la Ley Crea y Crece nació con un enfoque orientado a reducir la morosidad y mejorar la eficiencia en los pagos. "Todas estas normativas configuran un nuevo paradigma que dibujará un ecosistema digital de facturación más transparente y conectado" Tanto el Reglamento de Sistemas Informáticos de Facturación como el Reglamento de Facturación Electrónica se enmarcan en un modelo más amplio de digitalización de los procesos de facturación que próximamente se verá reforzado con el proyecto europeo ViDA (IVA en la era digital, por sus siglas en inglés). Todas estas normativas configuran un nuevo paradigma que dibujará un ecosistema digital de facturación más transparente, conectado y eficiente, que transformará la manera en que las empresas operan y se relacionan. El proceso no está exento de retos; la coexistencia temporal de estas obligaciones, junto con sus distintos calendarios de implantación, puede generar incertidumbre, especialmente entre pymes y autónomos. Sin embargo, también abre una oportunidad clara: abordar la transformación de forma integral digital, evitando soluciones parciales o adaptaciones sucesivas. En este contexto, la anticipación vuelve a ser el factor diferencial; conocer las nuevas normativas, apoyarse en los expertos y tener una visión de conjunto ayudará al tejido empresarial no solo a cumplir con la legalidad, sino aprovechar sus beneficios. Se trata de avanzar hacia un escenario de modernización en el que las empresas pueden convertir una obligación legal en un elemento estratégico dentro de un nuevo modelo económico cada vez más digital. *Èlia Urgell es Tax & Invoicing Product Manager en Wolters Kluwer Tax & Accounting España. La reciente aprobación del Reglamento de Facturación Electrónica, derivado de la Ley Crea y Crece, marca un nuevo hito en el proceso de transformación de los sistemas de facturación en España. Tras varios años de desarrollo técnico y normativo, el marco regulatorio entra en su fase decisiva, completando un escenario en el que dos grandes normas -la Ley Antifraude y la propia Ley Crea y Crece- van a redefinir de forma profunda la operativa empresarial.
Factura electrónica y Verifactu: qué tienen en común y en qué se diferencian
Conocer las nuevas normativas, apoyarse en los expertos y tener una visión de conjunto ayudará al tejido empresarial no solo a cumplir con la legalidad, sino aprovechar sus beneficios















