La escena es conocida: llegamos a casa y el perro nos saluda como si fuésemos lo mejor que le ha pasado en la vida. Así, todos los días. Va a la puerta a recibirnos, muchas veces incluso antes de que salgamos del ascensor. Lo oímos correr por el pasillo, golpear la puerta e, incluso, ladrar o gimotear. Una vez que giramos el picaporte se mueve de manera frenética, salta y, a veces, estira sus patas delanteras en lo que a simple vista parece una reverencia. Ante tal recibimiento, así da gusto volver a casa. ¿Verdad?PublicidadCuando se convive con un perro conviene recordar siempre una cosa: se trata de un animal y posee sus propios códigos y conductas. O dicho de otra manera, es importante no humanizar sus reacciones si queremos responder adecuadamente a sus necesidades. El vínculo entre perros y humanos está sobradamente demostrado por la evidencia científica. Es una relación bidireccional: ellos nos aportan bienestar y nosotros a ellos. Sin embargo, interpretar sus señales y, sobre todo, cuestionar su comportamiento permite detectar problemas que pueden estar escondidos a simple vista.Cómo leer la reacción de tu perro cuando llegas a casaLo primero que hay que comprender son los sentimientos que experimenta un perro cuando su dueño regresa a casa. Lo que muchas veces interpretamos como felicidad pura por ver a un ser querido, en realidad puede ser, en parte, alivio después de haber pasado por una situación de estrés elevado durante la ausencia. Algo que desde fuera se parece mucho, pero no es exactamente lo mismo. Para entender la diferencia, resulta clave saber cómo funciona el cerebro de un perro y su particular interpretación de la realidad.El psicólogo Stanley Coren, de la University of British Columbia y autor de libros como La fabulosa inteligencia de los perros (1994), compara la vida emocional de los perros con la de los niños de dos o tres años. Es decir, pueden sentir apego, miedo o frustración ante una separación, pero no entienden las circunstancias que la propician. De ahí que, ante la incomprensión por la salida de casa, algunos animales experimenten algo parecido al miedo al abandono, lo que implica un alto nivel de estrés.Por ello, conviene estar atentos a la reacción que tiene el perro cuando regresamos. Gestos de alegría como mover el rabo de un lado a otro, hacer una reverencia con las patas delanteras o, incluso, bostezar como señal de calma entran dentro de un comportamiento normal. Además, es probable que quiera olfatearnos como método para recopilar información sobre dónde hemos estado e, incluso, para comprobar que nos encontramos bien. Sin embargo, si los ladridos son muy intensos, si el perro tarda mucho en relajarse o si presenta síntomas claros de sobreexcitación, estamos ante señales de alarma que pueden indicar que la situación le resulta dañina.PublicidadCómo identificar la ansiedad por separaciónLa ansiedad por separación es un problema común y se recomienda abordarlo por el bienestar de las mascotas. Más allá de la reacción que muestran cuando volvemos a casa, esta situación se expresa sobre todo durante el tiempo que pasan solos en el domicilio. Por norma general, los comportamientos que delatan una situación perjudicial para el perro son ladridos o aullidos excesivos, intentos de fuga (por ejemplo, marcas de arañazos en la puerta) y conductas destructivas, muchas veces a prendas que tienen nuestro olor.Por eso muchas guías recomiendan grabar al perro cuando no estamos en casa, o hablar con los vecinos si los hubiese. Si el animal ladra de vez en cuando, merodea un rato y luego se duerme, puede tratarse simplemente de aburrimiento o de un ligero malestar tolerable. Sin embargo, si se pone a ladrar de manera incesante durante varios minutos, si no es capaz de descansar o encadena conductas repetitivas, es más probable que estemos ante un episodio de ansiedad.PublicidadCómo reducir la ansiedad del perro por la separaciónLa buena noticia es que la ansiedad por separación se puede mejorar. No se trata de reñir al perro por sus comportamientos destructivos ni de ignorar el problema, sino de trabajar las ausencias para que el animal aprenda a normalizarlas.Para ello, resulta clave rebajar el dramatismo de las despedidas y de las bienvenidas. Los perros son animales y no entienden algunos comportamientos humanos como la prolongación de un adiós. Por eso, tanto al irnos como al regresar, ya sea del trabajo o de unas vacaciones, conviene reaccionar con la mayor neutralidad posible. No hay que olvidar que existen estudios que prueban que somos capaces de transmitirles nuestro estado de ánimo a nuestros perros. Así, una investigación publicada en Nature acredita que, cuando nuestros niveles de cortisol aumentan, también lo hacen el de nuestro perro. Por ello, es importante mantener la calma y, una vez sereno el animal, dedicarle la atención que sin duda se merece. Además, resulta muy útil realizar un trabajo de desensibilización progresiva. Es decir, acostumbrar al perro a que salir de casa sin él forme parte de la normalidad. Hay animales que muestran ya señales claras de ansiedad cuando nos acercamos a la puerta o cogemos las llaves o el abrigo. No en vano, asocian esos gestos con la partida de su persona favorita, algo que no saben si será por unos minutos o para siempre. Para ayudarles, podemos practicar esas rutinas de salida sin llegar a irnos del todo, o desaparecer solo durante periodos muy cortos, de forma que el perro interiorice que siempre regresamos. Por ejemplo, salir unos minutos al rellano y volver, o coger las llaves y sentarnos de nuevo en el salón como si no pasara nada.Finalmente, de manera indirecta, es importante que el perro esté suficientemente estimulado y, sobre todo, cansado en el buen sentido. Los perros son animales activos y requieren ejercicio diario para regular su nivel de energía. Un perro aceptará mejor la partida de su humano si se ha desfogado previamente. Paseos de calidad, olfateo libre, pequeños juegos de búsqueda u obediencia básica ayudan a que llegue a los ratos de soledad más satisfecho y relajado.
¿Qué significa la reacción de tu perro cuando vuelves a casa?
A todo el mundo le gusta que su perro le de la bienvenida a casa, aunque es importante fijarnos en su reacción.






