LUIS M. MORALES
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En la opinión pública mexicana existen dos visiones encontradas. Una que sostiene que Petróleos Mexicanos (Pemex) es un lastre, una empresa no apta para estos tiempos y que interfiere negativamente en el libre juego del mercado energético.
La otra visión, la nuestra, es una que pone en el centro la soberanía nacional y su gran relevancia en estos momentos; es la visión que percibió desde 2018 que era necesario desarrollar una mayor autonomía estratégica en materia de energía (también de alimentos, finanzas, cadenas de suministro, etcétera).
Estamos ya en un mundo que no admite omisiones: un país que no puede alimentarse o abastecerse de combustible tiene pocas opciones. Cuando las normas y los acuerdos internacionales se vuelven opcionales, los países deben velar por sí mismos. Y muchos, como Canadá, por poner un ejemplo, están llegando a la misma conclusión.















