El retrato de Oscar Wilde, pintado por Marlene Dumas, se exhibe en una celda de la antigua prisión de Reading, donde el escritor estuvo encarcelado y compuso "La balada de la cárcel de Reading"Cuando Oscar Wilde cruzó las puertas de la prisión, el mundo apenas reconoció al hombre que alguna vez había dominado Londres. El dandi elegante, irónico y deslumbrante que llenaba teatros y fascinaba a la aristocracia victoriana se había esfumado. En su lugar asomaba una figura quebrada: de la hermosa melena quedaron cabellos maltratados y encanecidos, espalda encorvada y un rostro consumido por la crueldad del encierro y todo lo que presenció.Atrás quedaban dos años de trabajos forzados por el delito de “indecencia grave”, el eufemismo con el que su época castigaba la homosexualidad. Con solo 42 años, Wilde parecía cargar con el peso de un anciano; la cárcel no solo había minado su salud, sino que había desmantelado todo su prestigio, dispersado a su familia y proscrito su apellido.PUBLICIDADAquel 19 de mayo de 1897, Wilde escribió el prólogo de su tragedia final: el exilio, la indigencia y una agonía que lo apagaría apenas tres años después. Sin embargo, ese día también marcó el nacimiento del mito. El supuesto criminal iniciaba su transformación histórica para convertirse en el símbolo de resistencia frente a una sociedad que criminalizaba el amor y a quienes lo vivían con absoluta libertad.Interpretación virtual del momento en que Wilde es condenado en el juicio que inició y terminó en su contra (captura/ @corazones-prohibidos)El 16 de octubre de 1854, Dublín vio nacer a Oscar Wilde en el seno de una familia ilustrada y acomodada en la sociedad. Desde muy pequeño demostró una inteligencia brillante, casi prodigiosa, y una personalidad muy atractiva que anunciaban un futuro extraordinario en el mundo de la literatura. Su paso por la universidad, primero en el Trinity College y luego en Oxford, sirvió para darle los toques finales a su mente. Allí desarrolló ese estilo elegante, ingenioso y rebelde que lo acompañaría durante el resto de su vida.PUBLICIDADYa para la década de 1880, Wilde era un personaje muy famoso en el mundo cultural de Londres. Escribía cuentos, ensayos y poemas donde siempre destacaba su gran sentido del humor y su ironía. Pero su creación más famosa era él mismo: un caballero elegante que conquistaba a todos con sus frases inteligentes y su forma de vestir extravagante, haciendo cada una de sus apariciones públicas un verdadero espectáculo.El 29 de mayo de 1884, a los 29 años, se casó con Constance Lloyd, una mujer muy educada con la que tuvo a sus dos hijos: Cyril y Vyvyan. Durante algún tiempo llevó una vida familiar tranquila que cumplía con las estrictas normas de la sociedad londinense. Aunque detrás de esa fachada, Wilde comenzó a tener relaciones amorosas ocultas (y prohibidas) con otros hombres, en una época en la que la ley británica castigaba la homosexualidad como un delito muy grave.PUBLICIDADUna de las imágenes más icónicas de WildeEl verdadero éxito llegó a principios de 1890, cuando su talento para escribir alcanzó su punto más alto: publicó su novela El retrato de Dorian Gray. Casi al mismo tiempo, conquistó los teatros de la ciudad con comedias muy divertidas como El abanico de Lady Windermere, que se burlaban de las costumbres de los ricos.Para 1895, con el estreno de su obra más importante, La importancia de llamarse Ernesto, Wilde se convirtió en el autor más exitoso de Londres. Las salas de teatro siempre estaban llenas y la misma alta sociedad que más tarde le daría la espalda repetía sus frases como si fueran verdades absolutas: “La verdad es raramente pura y nunca simple” y “La esencia misma del romance es la incertidumbre“, repetían. El escritor estaba en la cima del éxito y parecía intocable.PUBLICIDADPese a esa exposición brillante y tan admirada, mientras más famoso se hacía y más respeto lograba, más peligro corría su vida privada. Sus secretos —como el de la doble vida que llevaba— comenzaron a comentarse en los rincones de la ciudad y el escándalo era algo inminente. Entonces, la sociedad británica, que solía ser muy hipócrita, disfrutaba mucho con los chistes y el talento del escritor, pero estaba a punto de demostrar que jamás le perdonaría al hombre real su forma de vivir.La relación con Bosie y el comienzo del escándaloEn 1891, la vida de Oscar Wilde cambió para siempre cuando conoció a Lord Alfred Douglas, un joven noble al que sus amigos llamaban Bosie. Douglas tenía 21 años, era muy atractivo y tenía una personalidad que fascinaba a todos. Oscar jamás imaginó, claro, que ese sería también el inicio de su propia caída.PUBLICIDADEl escritor se enamoró profundamente del joven. Le escribía cartas llenas de amor y poesía, y gastaba grandes sumas de dinero para mantener el costoso estilo de vida de su amante. Al poco tiempo, la relación dejó de ser un secreto; los rumores empezaron a correr por los salones de té y los clubes de Londres. Ya era casi imposible ocultar lo que pasaba entre ellos.El peor enemigo de la pareja fue el padre de Bosie: John Sholto Douglas, el marqués de Queensberry. El hombre era muy violento y estaba obsesionado con alejar a su hijo del escritor. Para lograrlo, comenzó una campaña pública para destruir la reputación de Wilde, persiguiéndolo en los teatros, insultándolo y amenazándolo constantemente con arruinar su carrera. PUBLICIDAD"Para Oscar Wilde, posando como somdomita", dice la tarjeta que el marqués de Queensberry dejó a Oscar Wilde en 1895. Lo acusa de “posing somdomite”, con un error ortográfico incluido, desencadenando el escándalo y el posterior juicio contra el escritor