Pasadas las cuartas elecciones autonómicas con victoria del Partido Popular y Vox, es decir, de la extrema derecha y de la derecha más extrema de Europa, todos, como siempre se afanan en demostrar que no han perdido o que no lo han hecho tanto. La verdad, sin embargo, es terca, en Andalucía ha ganado la extrema derecha que, en conjunto, ha obtenido más del sesenta por ciento de los sufragios emitidos, quedando la izquierda reducida a poco más de un tercio de los votos. Eso en la comunidad más roja de España, la que sufrió con más saña la represión fascista, la más pobre, la que más emigrantes ha dado al mundo. Ni Por Andalucía ni Adelante Andalucía han recibido votos suficientes como para mostrar la alegría propia del triunfador, ni siquiera para poder influir un poco en la política andaluza; por su parte el Partido Socialista ha obtenido el peor resultado en cuarenta y cinco años. Derrota sin paliativos que deja a la izquierda muy tocada y a la espera de una cura de urgencia que le permita concurrir a futuros comicios con aires renovados y la frescura de que en la actualidad carece.
Es posible que los andaluces, al igual que aragoneses, castellanos y extremeños, hayan dejado de ver en la socialdemocracia un instrumento válido y eficaz para la resolución de sus problemas










