Qui�n a cierta edad, cuando llega ese momento en el que uno hace m�s memoria que otra cosa, no ha recordado aquellos amores de la infancia. Ese ni�o o ni�a que con una sola mirada te cambiaba el d�a entero. Ese ni�o o ni�a que ocupaba tu primer pensamiento de la ma�ana y el �ltimo. Ese ni�o o ni�a que fue tu primer amor. Si dedicamos un minuto de nuestra vida a pensar precisamente en ese ni�o o ni�a, todos recordamos qui�n era, c�mo se llamaba, la historia que escribiste, pero nunca viviste. Todos hemos tenido un amor de juventud; Pablo Motos ha tenido un amor de juventud.Algo extra�o ocurri� anoche en El Hormiguero, algo que pocas veces se ha visto, algo que Pablo Motos protege f�rreamente: sus emociones m�s personales vieron la luz. Pocas veces en los 20 a�os de historia de El Hormiguero, Pablo Motos se ha quitado esa armadura obligada a llevar por el ruido externo. S�, le hemos visto emocionarse con la historia de alg�n invitado, emocionarse al recordar a los amigos perdidos (por ejemplo, Quique San Francisco) y emocionarse cuando las desgracias (como la dana) le tocaron de bien cerca. Pero si hay un presentador que guarda con m�s ah�nco su intimidad, la emocional, sin lugar a dudas es �l. Es como una fortaleza impenetrable, cerrada con mil candados y mil guardianes. Encontrar un hueco por el que colarse solo lo pueden conseguir quienes conocen al otro Pablo Motos, al de detr�s de las c�maras, al que no presenta El Hormiguero. Y una de esas personas, sin lugar a dudas, es Jorge Salvador.El socio de Pablo Motos, coproductor y codirector ejecutivo junto al presentador de El Hormiguero, pertenece a ese c�rculo de confianza que conoce de verdad al presentador. Son muchos a�os llevando juntos su productora, 7yAcci�n, muchos a�os de verse por los pasillos, de comidas, de buenos y de malos momentos, de escucharse el uno al otro, de saber c�mo pillar a Pablo Motos cautivo y desarmado. Y no pod�a ser nadie m�s que �l quien anoche desarmase por completo a su amigo y socio, provocando uno de los momentos que Pablo Motos no olvidar� en su vida y que quien estuviera viendo anoche El Hormiguero tampoco olvidar�.De vez en cuando, m�s de vez en cuando, Pablo Motos abre un peque�o resquicio para que el espectador entre y conozca al Pablo Motos que hay detr�s de la televisi�n. Suele usar el humor para ello, recordando historias de su infancia que esconde en el humor. Por ejemplo, aquella vez que El ni�o Pablito, su nombre art�stico, ten�a que dar un concierto de guitarra siendo un ni�o, le entraron ganas de cagar y, por un error de c�lculo, el zurullo acab� en su brazo y no en el desag�e. O aquellas historias de sus a�os locos como DJ, a lo Chimo Bayo. Y de todas esas historias que durante 20 a�os ha ido desgranando en un acto de "hasta aqu� os dejo entrar", Jorge Salvador ha ido tomando nota.Fue hace un tiempo (en el a�o 2021) cuando Pablo Motos cont� en El Hormiguero la historia de su primer amor, la Mari, la hija de Pablo, el peluquero, su profesor de guitarra, por la que El ni�o Pablito beb�a los vientos. "Mi vida depend�a de si ese d�a la Mari me miraba y me sonre�a o no", cont� en aquel momento Pablo Motos. Ese amor era tal que un d�a, enfadado porque la Mari no le hac�a caso, cogi� una cinta de casete y grab� por las dos caras -60 minutos cada una- la misma frase: "Quiero a la Mari, quiero a la Mari, quiero a la Mari...". Dos horas repitiendo una y otra vez la misma frase. Cinco a�os han pasado de aquel d�a en el que Pablo Motos abri� la puerta de su memoria a los espectadores; y cinco a�os han pasado desde que Jorge Salvador se qued� con la copla.Anoche algo extra�o ocurri� en El Hormiguero. No es raro que en la mesa de humor de cada lunes, despu�s de despedir al invitado -anoche era Roberto Leal-, Jorge Salvador se siente con los c�micos y con Pablo Motos para recordar las barrabasadas del pasado de El Hormiguero o los peores momentos de Pablo Motos en la historia del programa. Es una especie de ten con ten. Jorge Salvador intenta sacar los colores a Pablo Motos y Pablo Motos saca de sus casillas a Jorge Salvador con la cancioncita que Leonardo Dant�s escribi� y compuso para el productor ejecutivo, cuando este era el responsable de Cr�nicas Marcianas.Pero anoche, en lugar de entrar al final de la tertulia, como es habitual, Jorge Salvador pidi� paso antes de que arrancase. "Entro ahora porque os enroll�is y luego no me da tiempo", les advirti�. Pablo Motos ya andaba con la mosca detr�s de la oreja, pero si el jefe dice "entro", pues entra y sanseacab�. Y comenz� Jorge Salvador a recordar precisamente esas historias de El ni�o Pablito y su guitarra, de Jes�s, el peluquero, y de la Mari. Consigui� despistar a Pablo Motos con fotograf�as de su infancia, de Jes�s, incluso de la Mari; Pablo Motos ya hab�a perdido el primer trozo de armadura. No hay nada como ver a Pablo Motos cuando no controla lo que est� sucediendo en El Hormiguero. Anoche perdi� el control por completo porque Jorge Salvador era el cerebro de la operaci�n, pero el resto del equipo (incluso parte del p�blico) eran sus secuaces.De repente, tras mostrarle dos fotograf�as de la Mari de ni�a y que a Pablo Motos se le cayeran hasta los palos del sombrajo, Jorge Salvador le pidi� que se levantara porque hab�a conseguido no solo una foto de la Mari de ni�a sino la foto de la Mari en la actualidad. Y cuando parec�a que iba a descubrir la imagen posada sobre un caballete... "�Para qu� mostrar la imagen si tenemos a la Mari aqu�!". Y s�, la Maria entraba en El Hormiguero, ante un Pablo Motos cuyo rostro ning�n espectador ha visto jam�s.De fondo comenz� a sonar la melod�a de Sorpresa, sorpresa, el programa de finales de los 90 que presentaron Isabel Gemio y Concha Velasco, y que produc�a Giorgio Aresu; la Mari acababa de entrar en el plat� y Pablo Motos, ahora s�, estaba vencido y desarmado.Pocas veces, por no decir ninguna, los espectadores de El Hormiguero han visto a un Pablo Motos as�. Sin casi poder articular palabra, con esa mirada del ni�o que fue, con los nervios del que sabe que momentos as� solo se viven una vez en la vida y con los ojos del que est� aguantando la emoci�n porque, si dejaba escapar la primera l�grima, le iba a ser imposible parar la cascada siguiente.Jorge Salvador, cerebro de lo que se vivi� anoche en El Hormiguero.ATRESMEDIAPablo Motos abraz� a la Mari como si abraz�ndola viajase durante unos minutos a su infancia. S�, El Hormiguero se acababa de convertir en Sorpresa, sorpresa. Curioso que minutos antes de que ocurriera el momentazo de la noche y de El Hormiguero por muchos a�os, fuese Pablo Motos el que le dijera a Jorge Salvador: "El Hormiguero es un programa para divertirse". Curioso que por primera vez Pablo Motos no pudiera casi ni seguir con el programa y tuviese que coger las riendas, consciente de c�mo estaba su socio, el propio Jorge Salvador.La Mari comenz� a contar c�mo era Pablo Motos de peque�o, c�mo su padre le cont� que aquel ni�o de nueve a�os hab�a escrito una canci�n para ella, c�mo le recordaba cada tarde sentado en el sill�n de la peluquer�a de su padre con la guitarra entre sus brazos, "que era m�s grande que �l". Curioso ver a Pablo Motos en un estado en el que seguramente pocas veces se le vaya a volver a ver. Y curioso que la cosa no iba a terminar ah�, pues la persona que hab�a ayudado a Jorge Salvador a preparar toda esta sorpresa, el sobrino de la Mari, estaba en el p�blico esperando para dar otra sorpresa, la suya propia: pedir matrimonio a su pareja en vivo, en directo, en El Hormiguero y, de nuevo, con la m�sica de Sorpresa, sorpresa. Verlo para creerlo.�Y digo yo? C�mo mola cuando un programa pierde la escaleta, cuando un programa deja ver a la persona en lugar del personaje, cuando se descubre que detr�s de las c�maras cada una de las personas que salen cada noche por la televisi�n tienen una historia, una vida, unos recuerdos y muchas emociones que contienen en una especie de pacto a lo Fausto, que solo ellos consiguen entender.C�mo mola que un amigo -en este caso Jorge Salvador- dedicara varios meses a preparar una sorpresa al que siempre las est� preparando para los dem�s. C�mo mola volver a esa televisi�n que arranca a los espectadores una sonrisa sin que el espectador se d� cuenta. C�mo mola ver que Pablo Motos, o cualquier otro, es tan persona como t� o como yo. C�mo mola hacer esa televisi�n que hac�a Giorgio Aresu, aunque sea solo un ratito, un instante. C�mo mola recordar.