Inmaculada Tapia |

Madrid (EFE).- En plena temporada de bodas, cuando las novias lucen su querida joya de pedida, surge una nueva generación de mujeres, las que han superado un divorcio, que optan por el renacer de esas piezas con un nuevo diseño más acorde con su nuevo estado civil, joyas de des-pedida que abren la puerta al futuro.

Cuando la pareja se rompe ninguna mujer devuelve la joya de pedida, ni ellos el tradicional reloj o los gemelos, no ocurre lo mismo con los broches, piezas habituales de una herencia familiar. Tras años o meses de matrimonio, se constituyen como un ajuar personal que con el tiempo se transforma.

Pilar Lobato, fundadora de Joyas Antiguas Sardinero, asegura a EFE que una joya si no se luce, no se disfruta. «Y son para disfrutarse», asevera.

Escaparate de una joyería en el centro de Madrid. EFE/Juan M Espinosa/rsa