La experta en educación financiera Natalia de Santiago explica qué condiciones mínimas conviene cumplir antes de asumir riesgos con el dinero. Empezar a invertir no debería ser el primer paso para quien todavía tiene problemas para llegar a fin de mes. La divulgadora defiende que antes de poner dinero en productos de inversión hay que tener ahorro suficiente y un colchón de emergencia. Natalia de Santiago abordó esta cuestión en el pódcast Ordenando caramelos, donde su planteamiento parte de una idea básica: invertir no debe poner en peligro la estabilidad diaria. Para la experta en finanzas, el primer filtro es comprobar si las cuentas personales aguantan los gastos habituales sin tensión. Si cualquier imprevisto desordena el presupuesto, la prioridad no debería ser invertir, sino reforzar la capacidad de ahorro. "Lo primero que tienes que decir es, ¿yo llego a fin de mes? Es decir, si me está costando llegar a fin de mes y eso cada gasto de más me desajusta mis cuentas, no", explica. Para invertit no se trata solo de tener algo de dinero disponible, sino de contar con margen suficiente para no tener que vender una inversión ante cualquier dificultad económica. La experta situó ese punto de partida en un porcentaje concreto: "Entonces un mínimo de un 10% de ahorro sobre tus ingresos netos al año". Su recomendación no se fija tanto en un mes aislado como en el conjunto del año, porque hay periodos con más gastos, como vacaciones o Navidad. El segundo requisito que plantea la especialista es disponer de un fondo reservado para imprevistos. Ese dinero no está pensado para rentabilizarse, sino para evitar que una emergencia obligue a recurrir a préstamos o a vender inversiones en un mal momento. "¿Tiienes un colchón de emergencia? ¿Tienes por lo menos tres a seis meses de ingresos netos en el banco ahorrado. Si no lo tienes, tampoco puedes empezar a ahorrar". Ese fondo debe estar disponible en el banco, aunque no genere rentabilidad. Si llega una emergencia justo en ese momento y no existe colchón, el inversor puede verse obligado a retirar el dinero con pérdidas o en una situación poco favorable. Ese colchón aporta lo que Natalia de Santiago llama resiliencia financiera. Es decir, la capacidad de mantener el día a día sin depender del dinero invertido y sin convertir una urgencia doméstica en un problema mayor. Una vez cubiertas esas dos condiciones, la experta recomienda definir para qué se invierte. No es lo mismo ahorrar para comprar una vivienda en cinco años que hacerlo para complementar la jubilación dentro de varias décadas. "Y luego lo siguiente que tienes que saber es para qué estoy ahorrando, cuáles son mis objetivos y a qué plazo es", avisa. Ese horizonte temporal condiciona el tipo de producto adecuado. Cuanto más cerca esté el objetivo, menos margen hay para soportar grandes oscilaciones. Por eso, la experta recomienda ajustar el riesgo a la finalidad concreta del ahorro. Si el objetivo es comprar una vivienda a corto plazo, la bolsa puede ser demasiado volátil si se invierte todo el dinero en ese mercado, porque el plazo no es suficientemente largo para asumir ciertos vaivenes. "La entrada de un piso es un horizonte que a lo mejor te lo quieres comprar en cinco años. Pues hombre, no todo en bolsa, porque en 5 años es largo, pero no es larguísimo", aconseja. En cambio, cuando el objetivo está muy lejos, como la jubilación, la estrategia puede ser distinta. En plazos largos interesa que el dinero tenga más capacidad de revalorizarse y pueda compensar mejor el impacto de la inflación.