No en todas las terrazas ni balcones pequeños encaja siempre una planta grande o una especie llamativa que acabe llevándose todos los focos. Muchas veces resulta más práctico elegir una planta que aguante bien dentro de una maceta, mantenga buen aspecto durante todo el año y no obligue a reorganizar medio balcón cada vez que gana algo de volumen. Por eso algunos arbustos y árboles pequeños se han vuelto cada vez más habituales en espacios urbanos.

Uno de ellos es el osmanto, también conocido como olivo dulce. Su nombre científico es Osmanthus fragrans y procede de Asia oriental, especialmente de China y Japón. En esas zonas se cultiva desde hace siglos, no solo por su valor ornamental, sino también por el olor de sus flores, que se utilizan para aromatizar tés, dulces e incluso algunos licores.

A simple vista no es una planta especialmente espectacular. Sus flores son pequeñas y bastante discretas, por lo que no compite con otras especies de floración más vistosa. Sin embargo, lo interesante del osmanto no está tanto en cómo se ve, sino en el olor que desprende cuando florece. Su aroma es dulce e intenso, con notas que recuerdan al jazmín y a frutas como el albaricoque o el melocotón. En una terraza, esa fragancia puede cambiar la sensación del espacio sin necesidad de llenarlo de macetas.