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Godot ha llegadoEn su búsqueda de un poder imperial, Xi Jinping está deteniendo la modernización que él inició del ejército chino.
En sus 13 años liderando al Partido Comunista Chino (PCC), que a su vez controla a la República Popular de China, Xi Jinping se ha encargado de modernizar al ejército chino, conocido como el Ejército de Liberación Popular, que, al día de hoy, basado en presupuesto, tecnología e integrantes se ubica como el tercero más poderoso, un par de escalones debajo de Rusia, de acuerdo al Global Firepower Index del año en curso. Desde hace algunos años ya era el ejército más grande del mundo de acuerdo a número de soldados en activo y reservas, pero esta modernización también lo ha llevado a tener la fuerza naval más numerosa del mundo, aunque con una presencia exclusiva en el mar Amarillo, el mar del Este de China, el mar del Sur de China y el Pacífico occidental. Desde el 2019, Xi Jinping ha dejado claro que sus objetivos son posicionar a China como la principal superpotencia mundial para el año 2050.
Un proceso de modernización viene también con un costo, no solo económico y de recurso humano, sino de lealtad y unión. Cualquier líder, sea en una república democrática, en una monarquía o en una dictadura como la de la República Popular de China, siempre busca la lealtad de sus generales, al final del día, muchos de los soldados les son más fieles a ellos precisamente por haber pasado por lo que ellos pasaron, sea en formación o porque los lideraron en combate. Los objetivos políticos, económicos y militares de Xi Jinping y, consecuentemente, los del PCC se ven afectados si esa lealtad tambalea, principalmente entre sus generales.







