Opinión
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Con otra miradaAlgunos dueños de la tierra, en su mentalidad de “finqueros”, piensan que un plan de ordenamiento territorial necesariamente debe favorecerlos.
Como los merolicos de feria, charlatanes que venden baratijas e ilusiones inalcanzables, algunos empresarios, terratenientes e inversionistas lugareños aprovecharon el valor y potencial económico de La Antigua Guatemala (LaAG) para especular sobre el valor y uso del suelo y, en cada período electoral u oportunidad que se les presenta, lanzar el consabido grito: ¡La Antigua, corre, juega y va de nuevo!
La Carta de Venecia, denominada Carta Internacional para la Conservación y Restauración de Monumentos y Sitios, nació en 1964. Eso inspiró a profesionales, académicos, vecinos y autoridades para proteger LaAG. Se creó la Ley Protectora, decreto 60-69 del Congreso de la República y el Consejo Nacional para su Protección (Cnpag). En práctica, brazo técnico especializado en protección y desarrollo, junto a la municipalidad, cuyo alcalde lo preside. Empezó a funcionar en 1972.







