Cuando Chaves llegó a la Junta de Andalucía, un periodista guasón, Pepe Guzmán, dijo que tenía la cara del escudo del Barcelona, y lo curioso es que al presidente actual, Juanma Moreno Bonilla, le está pasando lo mismo. Si pensamos en el contorno de la caricatura de ambos, cuadradas, de frente amplia y mandíbula angulosa, veremos cómo, en efecto, los dos perfiles encajan en el escudo, aunque a Chaves lo imaginemos más mofletudo. Este sería el broche burlón de una similitud que ya casi nadie discute: la implantación absoluta del Partido Popular en el espacio electoral que durante cuarenta años había ocupado el PSOE en Andalucía.
Disculpen la autocita, pero aquí se identificó esa estrategia a los pocos meses de llegar Juanma Moreno Bonilla a la presidencia de la Junta de Andalucía, “El bueno de Juanmita, modelo del PP”, se decía entonces en referencia a la etiqueta social más efectiva de Manuel Chaves, “el bueno de Manolo”, que le hacía poder sobrevolar todos los escándalos de su partido sin mancharse.
El caso de Juanma Moreno no tiene nada que ver con la corrupción que acabó pudriendo toda la administración andaluza y que acabó con Manuel Chaves condenado en el Tribunal Supremo, por el fraude de los ERE, el mayor despilfarro que se conoce en una administración autonómica. Las semejanzas están en el modelo político, y eso tiene efectos positivos para su partido y nocivos para la comunidad. Pero la realidad sociopolítica es incontestable. En estos ocho años de gobierno se ha producido en Andalucía un cambio espectacular: el Partido Popular se ha instalado en el espacio electoral que durante cuarenta años ocuparon los socialistas.











