Cada año, millones de toneladas de residuos textiles se acumulan en vertederos, incineradoras o acaban cruzando fronteras como si fueran donaciones cuando, en realidad, son desechos difíciles de gestionar.PublicidadLa Unión Europea ha puesto en marcha un proyecto piloto que introduce contenedores inteligentes que pagarán a quienes reciclen ropa usada y España será uno de los países donde se probará esta iniciativa.La propuesta se enmarca dentro del proyecto europeo TexMat con el objetivo de automatizar el proceso de separación y reciclaje desde el primer momento. El contenedor inteligente analizará cada prenda depositada, evaluando su estado, calidad y composición. Con esos datos, decidirá si puede reutilizarse en el mercado de segunda mano o si debe enviarse a reciclaje para recuperar fibras.Los últimos datos muestran el fracaso del sistema actual, ya que de los 6,94 millones de toneladas de residuos textiles que se generaron en la UE en 2022 -unos 16 kilos por persona- solo 4,4 kilos se recogieron por separado para su potencial reutilización y reciclaje. El resto, aproximadamente un 85%, acabó mezclado con residuos domésticos, terminando en vertederos o incineradoras. En España la situación no mejora: se generan más de 20 kilos de residuos textiles por persona al año -por encima de la media europea- pero apenas se recogen de forma selectiva 2,1 kilos.Sara del Río, responsable de Investigaciones de Greenpeace, valora positivamente las medidas que faciliten el reciclaje de ropa, pero advierte de sus límites. "Estas medidas son positivas porque permiten aprovechar mejor los residuos y animar a la gente a reciclar. Sin embargo, se trata de actuaciones muy puntuales que no abordan el problema principal: la enorme cantidad de residuos textiles que se generan", explica.PublicidadSegún señala, el origen del problema está en el modelo actual de fast fashion, el sector que más ropa produce cada año. Este tipo de industria utiliza principalmente materiales sintéticos, de menor calidad y más difíciles de reciclar para un segundo uso. "La gente, desde edades muy tempranas, compra mucha ropa, muy barata y fabricada con materiales de peor calidad, lo que reduce su valor para una segunda vida", apunta Del Río.El problema se desplaza al Sur GlobalEn los últimos años, ante la avalancha insostenible del consumo de ropa, se ha extendido la idea de que podemos comprarla y depositarla en estos contenedores de reciclaje para que pueda reutilizarse. Sin embargo, según señala Greenpeace, esta percepción funciona más como una forma de "tranquilizar conciencias" que como una verdadera solución para un consumo más sostenible. La organización realizó un seguimiento a más de una veintena de prendas depositadas en distintos contenedores de recogida en España, constatando que recorrieron más de 9.000 kilómetros de media antes de terminar en países del Sur Global.De este modo, el problema no desaparece, sino que cambia de lugar. "En los países europeos no notamos los efectos nocivos porque se traslada a los países receptores. Buena parte de los residuos textiles acaban en países de Asia, especialmente en India y Pakistán, donde se están desarrollando industrias de reciclaje con normativas medioambientales mucho menos estrictas que las europeas. Esto provoca un impacto significativo en forma de contaminación de ríos, emisiones a la atmósfera y riesgos asociados a la gestión de materiales sintéticos", apunta la portavoz de la organización.PublicidadA ello se suma la explotación laboral que sufren muchos trabajadores. Algunos de ellos se ven obligados a trabajar 75 horas semanales e incluso solo tienen un día libre al mes, según una investigación de la BBC. En países como Bangladesh, nueve de cada diez empleados no pueden permitirse alimentos suficientes para ellos y sus familias, pese a que la industria textil en el país -vinculada a grandes marcas internacionales- emplea a 4,5 millones de personas y genera alrededor del 20% del PIB y más de 80% de los ingresos por exportaciones.Otra parte importante de esta ropa exportada termina en países de África, donde el volumen de residuos supera la capacidad de gestión local. El informe Regalos envenenados de Greenpeace documenta el impacto en África Oriental. En Kenia, entre el 30% y el 40% de la ropa importada es de tan mala calidad que no puede venderse ni usarse y se convierte directamente en residuo. "Sin infraestructura para gestionarlo, esos desechos terminan en vertederos saturados, ríos o quemados a cielo abierto. Las consecuencias son sanitarias y ambientales: contaminación, exposición a químicos y materiales que pueden tardar décadas en degradarse", denuncian.Responsabilidad ampliada del productor"La medida principal debería centrarse en reducir la producción de ropa y aumentar su durabilidad y calidad. De este modo, las prendas durarían más tiempo y, cuando dejaran de ser útiles, podrían reciclarse de forma más eficiente", señala Del Río.Para limitar esta producción, desde Greenpeace ponen en valor una medida que ya ha aprobado la UE: la responsabilidad ampliada del productor. Esta política establece que las empresas que ponen ropa en el mercado tendrán que hacerse cargo de ella también cuando se convierta en residuo. Es decir, deben financiar su recogida, reutilización o reciclaje.La medida ya está integrada en la Directiva (UE) 2025/1892 y los países tienen hasta 2028 para ejecutarla completamente. "Hay que esperar para ver cómo se implementa realmente en la práctica, pero si se obliga realmente a las empresas a garantizar la recogida separada de los residuos textiles, así como la reutilización de las prendas, y además se les hace responsables económicos de todo ese proceso y de su impacto ambiental, es probable que el propio sector acabe autorregulándose. En ese escenario, las marcas tenderían a producir ropa de mayor calidad y durabilidad, aunque fuese más cara, en lugar de seguir inundando el mercado con prendas de baja calidad y vida útil muy corta", apunta la portavoz de Greenpeace.Dentro de este mismo marco, Bruselas también ha lanzado el pasaporte digital de productos, un sistema que permitirá conocer el origen, composición, impacto ambiental y recorrido de cada prenda a lo largo de su vida útil. Este pasaporte estará asociado con un código QR, de barras o etiqueta RFID/NFC colocada en el producto, de forma que los consumidores o las instalaciones de reciclaje puedan escanear este código para acceder a información sobre el producto.
La UE pagará a los españoles que reciclen ropa para frenar la avalancha de residuos de la moda rápida
La UE ha puesto en marcha un proyecto piloto que introduce contenedores inteligentes que pagarán a quienes reciclen ropa usada.








