Eugenia Kuznetsova es Yevhenia en Ucrania. Respetada en Europa y muy popular en su país, es la única escritora que yo conozco de esa tierra valerosa. Nació en una ciudad lejana de la “llanura del Mar Negro”, el riñón actual del conflicto que arrancó en el Este de Ucrania y hoy amenaza con una onda expansiva de sangre y lágrimas al resto del país, a todo un continente, atraviesa el Atlántico, salpica las costas americanas y también llega a… Perdón, rebobinemos, borremos donde dice “conflicto”: “Lo que vivimos hoy en Ucrania no es solamente un conflicto ni una problemática o una situación lejana; es una guerra, una tragedia”, corrige Maryna, la compatriota que nos presentó.
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La escritora ucraniana Eugenia Kuznetsova escribió La Escalera. Eugenia vino a Buenos Aires para presentar su novela La escalera, que no es la última ni fue la primera, pero en 2023 definitivamente la consagró a la fama al ganar el Premio Libro del Año BBC Ucrania. Ucrania tiende una escalera al cielo La escalera es la historia de Tolik, un joven que se radica en España para alejarse de su familia y todo lo que la rodea, pero que un día vuelve a tener su pasado golpeando nuevamente a la puerta de su casa: sus parientes huyen de la guerra y le piden asilo. Eugenia me cuenta el argumento –la novela ya se publicó en varios idiomas y en breve saldrá la versión castellana- y me viene a la cabeza el nombre de Rebeca Buendía. Esa huérfana de Cien años de soledad que llega a Macondo con un saco de lana por equipaje. Esa es la única mochila que Eugenia –perdón, Rebecca- logró traer del pasado que no puede desprender de sí, los restos de sus padres, un osario que hace “tilín tilín” cuando ella va por la vida. “…Tolik se siente culpable de que su familia refugiada lo agote, de tener miedo de ir al frente, de no ser suficiente...”, escucho que sigue diciendo mientras yo ando cavilando por los pantanos imaginarios de Gabriel García Márquez. La autora, en cambio no parece perdida: desde septiembre 2021 vive en Barcelona, y le pregunto directo al hueso: “¿quién es Tolik”. Y agarró el palito: “Mi editora dice que todos los ucranianos tienen algo de Tolik, pero lo basé en mí misma”, confiesa. 'Lo que vivimos hoy en Ucrania no es solamente un conflicto ni una problemática o una situación lejana; es una guerra, una tragedia', corrige Maryna" Todos somos alguna versión mejorada de nuestro pasado, pero en el de Eugenia-Tolik habría que hacer algunas aclaraciones al pie de página (no mire abajo, querido lector, siga aquí cuando llegue el cierre del paréntesis): sus padres se separaron cuando ella tenía 8 años, pero al padre-ingeniero-ruso poco lo vio desde entonces, así que podría arriesgarse que es como si ya estuviera muerto; a su madre, en cambio, la une un contacto tan estrecho como el que sostiene con el resto de la familia, de sello bastante matriarcal. Ucranianos. Cuatro generaciones conservaron la lengua local, a pesar de que la URSS impuso el ruso como lengua oficial. Eugenia llegó hasta mí desde un país donde imagino que se envejece a una velocidad asombrosa y la muerte acecha por todas partes. Esperaba encontrarme con una mujer lúgubre y cenicienta de 38 años, pero tengo delante a una jovencita de ojos azules chispeantes, capaces de ver siempre el otro lado de las cosas. Ahora mismo, estoy editando diferentes textos para recaudar donaciones para el ejército ucraniano y trabajo en mi próxima novela”. Viene de un lugar en donde todos se las ingenian para engañar al inmenso cuervo negro de alas expandidas que los persigue. Ella no se permite borrar la palabra “futuro” de su horizonte. No puede hacerlo. También se ríe, busca el sol y se pierde cada tanto en la búsqueda de su unicornio extraviado, a conciencia de que ella y otros sobrevivientes aún tendrán por delante una vida de dolores y privaciones. Laboriosa, activa, inquebrantable, carga sobre su espalda diminuta su Tierra golpeada. Si no lo hiciera, no sería del todo feliz. - ¿Cuántas veces a la semana pensás que tu familia está viva de milagro? -Mis hijos tienen la suerte de sentirse seguros al vivir en Catalunya, pero mi hermana, su familia y muchas otras personas que quiero viven en Ucrania. Allí, mi madre cuida de mi abuela, que tiene 97 años. La escritora Eugenia Kuznetsova lucha para que Ucrania se descolonice y los niños tengan una infancia feliz como la suya. (Izq.) Desde el tren, una niña en una ciudad bombardeada por Rusia. Radicada “por ahora” cerca de Barcelona, Eugenia sigue estrechamente unida a su historia: “sigo trabajando en Ucrania en distintos proyectos, pero me gano la vida escribiendo. Ahora mismo, estoy editando diferentes textos para recaudar donaciones para el ejército ucraniano y trabajo en mi próxima novela”. ¿Quién dijo que era fácil expatriarse? Cada mañana me levanto y miro las noticias para ver si hubo un ataque nocturno y si mi familia está bien. Tenemos un jardín y una casa en el centro de Ucrania, un lugar que para mí es muy querido, y mi hermana y yo pasábamos mucho tiempo allí. Por supuesto, si el pueblo hubiera sido ocupado por los rusos, lo habríamos dejado todo atrás y huido, como han hecho miles de ucranianos. Por ahora, por suerte -la suerte en este caso se llama ejército y fuerzas armadas de Ucrania-, mi pueblo está lejos del frente, aunque los ataques pueden producirse en cualquier parte de Ucrania. -¿Cómo hacen para mantener una vida normal? ¿Están abiertas las escuelas? -La gente se adapta a su realidad. Si no están cerca del frente de batalla, toma buen café, baila en las discotecas, se hace tratamientos de belleza, va al teatro… cuando suena la alarma aérea, el público junto con los actores baja al sótano y pone en pausa los espectáculos. “Los escolares también están acostumbrados a bajar al sótano varias veces al día. Este año, por ejemplo, los exámenes nacionales de graduación se harán en sótanos para no interrumpir la ponencia de los alumnos, en caso de que suenen las alarmas aéreas. Los ucranianos nos adaptamos, pero está claro que todos estaremos traumatizados durante muchos años”, deduce. - ¿Cuál es el miedo mayor de un ucraniano? -Lo más aterrador es la ocupación… nuestro pueblo está fuera de peligro por ahora, y por eso mi madre, mi abuela, nuestros tres gatos y un perro salchicha pueden quedarse en casa. De todas formas, el país entero no puede marcharse. “Los rusos aplican el método de tierra quemada en las zonas que pueden alcanzar: lo destruyen todo y o bien matan a la gente o la obligan a huir, y entonces la tierra se convierte en una zona gris. Así que la gente se aferra a su tierra y a su idioma. - ¿Cuánto hace que no regresás a Ucrania? - ¡Cada mes o mes y medio vuelvo! Con o sin mis hijos (me acompañan cuando pueden saltearse la escuela catalana). Por eso a mí me resulta difícil responder dónde vivo… Siento que vivo en un lugar intermedio… Ucrania. La zona verde en torno al Mar Negro es "el granero de Europa": provee girasol, flores, frutas, cereales y vino. “Cuando estoy allá y de noche zumban los drones, pienso: “¡¿Para queeeé traje a mis hijos aquiiií?! Pero a la mañana, cuando de nuevo brilla el sol, veo mi querido huerto y mi abuela abrazando a mi hija y me digo que esos momentos valen el riesgo. Simplemente no puedo permitir que los rusos me separen de mi país y de mi familia. Vladimir Putin construyó un búnker de lujo en un palacio secreto y rodeado de defensas antiaéreas -Rusia sostiene que reclama por los territorios rusoparlantes y que no puede dejar abandonada a “su” gente… - Es un estereotipo que la mitad de Ucrania, al este del río Dnipro, habla ruso. Toda mi familia habla ucraniano. Mi abuela, como yo, es de Kryvyi Rih, la ciudad natal de Volodímir Zelensky y siempre habló ucraniano, aunque se graduó en la Facultad de Filología Rusa. “El Imperio zarista y luego la Unión Soviética intentaron rusificar Ucrania, y por eso las ciudades del Este, donde se concentra la industria, terminaron siendo mayoritariamente rusohablantes, ya que muchos obreros e ingenieros fueron trasladados allí desde Rusia (aunque las zonas rurales siguen hablando ucranianо, como siempre). De hecho, mi padre es étnicamente ruso y es un ejemplo de esa política soviética de colonización. “En mi casa siempre se habló ucraniano –aclara-, pero también hablo ruso. No tuve otra opción, ya que los medios de comunicación, la televisión y la industria editorial estuvieron fuertemente dominados por Rusia incluso después de que Ucrania haya recuperado su independencia en 1991. Intentaron rusificar Ucrania, y por eso las ciudades del Este, que concentra la industria, terminaron siendo mayoritariamente rusohablantes; muchos obreros e ingenieros fueron trasladados desde Rusia; es el caso de mi padre" “La descolonización no es un proceso sencillo… Y es un verdadero milagro que los ucranianos hayan preservado su propio idioma. En contraste, el bielorruso es hoy una lengua oficialmente en peligro de extinción”, explica. No hace falta aclarar que lleva a flor de piel su sensibilidad lingüística. Me pregunto ahora cómo se llegó hasta acá… ¡Uf! Una larga historia… Ucrania es un infierno En 1783, aun antes de que los franceses proclamaran su libertad, igualdad y fraternidad, el imperio ruso le quitó Crimea al imperio turco y desde entonces se acabó la paz en torno al Mar Negro. En 1853, la Guerra de Crimea enfrentó durante tres años al Imperio Ruso –aliado del Reino de Grecia, contra una alianza integrada por el escuálido Imperio Otomano, Francia, Gran Bretaña y el Reino de Cerdeña. Un dato curioso en semejante belicosidad fue que el escritor León Tolstói combatió en el frente y les dejó a sus lectores Relatos de Sebastópol. Geopolíticamente nada cambió demasiado, pero en realidad fue peor: Francia empoderada, le puso un bozal a una Rusia despechada por el guiño europeo hacia los otomanos. Rusia deseba avanzar sobre Europa. Esa guerra al menos dejó algo bueno: los esclavos del campesinado recuperaron la libertad, en 1861. Ucrania se está quedando sin dinero para pagar la guerra con Rusia Pasó el tiempo como se suceden todas las cosas y en 1922, cuando nació la URSS, Crimea integraba la República Socialista Soviética de Ucrania; es decir, era una partecita de uno de las quince Repúblicas de la Unión Soviética. Sin detallar los ríspidos momentos intermedios, cuando Mijaíl Gorbachov inauguró su perestroika y abogó por la libre determinación de los países que habían pertenecido a la URSS, Rusia y Ucrania redoblaron su disputa por la posesión de Crimea. Mientras tanto y silbando bajito, Crimea fue ganando cierta autonomía: aunque seguía perteneciendo a Ucrania, era la “República de Crimea”. Hasta que un buen día anunció su independencia, sin el visto bueno de sus viejos padres. Hubo algunos referéndums (referenda, si vamos a ser correctos), pero la tensión no cedía, el desconcierto internacional crecía y era evidente que la presión haría saltar la tapa de la olla: ¿era Crimea independiente, rusa o ucraniana? En 2013, cuando estaba a punto de estampar su firma en un acuerdo–salvoconducto con la Unión Europea, el presidente de Ucrania Viktor Yanukóvich detuvo su lapicera a dos centímetros del papel y reculó, huyó a Rusia y dejó que todo explotara. La extrema derecha local se movilizó masivamente hacia la Plaza Maidan de Kiev, la capital, en un episodio que se recordaría como “Euromaidán”, la mecha prendida de una guerra civil que terminó de astillar al país el 24 de febrero de 2022 cuando Rusia invadió masivamente Ucrania. Crimea es la perla de la discordia entre Rusia y Ucrania No, no, no…. Antes de ganarme el odio de todo el continente europeo, urge intercalar ahora mismo el siguiente pedido de Eugenia: “¡Kyiv, no Kiev, por favor! La versión ucraniana es Kyiv, esto es importante para nosotros, porque es parte de la descolonización que buscamos”. Quien quiera oír que oiga. Tiempo más tarde, la ciudad de Sebastópol, más autónoma que el resto de la península, dejó a todos boquiabiertos declarándose parte de Rusia y, cinco días después le siguió el resto de Crimea. Para los Estados Unidos, la UE y la OTAN, era una “anexión” que no respetaba “la integridad territorial de Ucrania”. En los colonialismos, siempre hay balances. Al perder Crimea, Ucrania no solo perdía 165.300 millones de metros cúbicos de gas y 44 millones de toneladas de petróleo sino también una potente agroindustria que le mereció el nombre de “granero de Europa”, turismo vip, gastronomía y una tradición vitivinícola que se inició en tiempos romanos. Los argentinos no entienden lo afortunados que son al no tener como vecino un imperio que desesperadamente quiere vivir según las reglas coloniales del siglo XVIII" Y todo esto, hasta acá, fue para explicar cómo llegamos a la invasión rusa a Ucrania… A partir de febrero 2022, entonces, Rusia controla el Mar Negro y el Mar de Azov. Ucrania está cercada por mar, sin capacidad para reponer pérdidas humanas en tierra y con Rusia sobre sus cabezas, dominando el espacio aéreo. La única posibilidad de subsistir es con la ayuda de OTAN y los 27 países –con sus más y sus menos- que integran la Unión Europea. Todo lo que sucede desde ese crudo invierno europeo del 2022 es resistir, avanzar, recuperar algo del territorio perdido, retroceder y volver a perder. Todo es desmoronamiento y aniquilación. Y en el medio, está la gente. ¿Dónde estaba Eugenia cuando todo esto sucedía? Los ucranianos Cuando Eugenia cumplió dos años, toda la familia dejó Kryvyi Rihy se mudó a Khomutyntsi, un pueblito rural del centro del país, 243 km al sudoeste de Kyiv (Kiev), en una región agrícola donde los tulipanes dejan como al descuido manchas de colores sobre el tapiz verde del campo. Allí, entre frambuesas, moras, calabazas, girasoles y lúpulo, Eugenia tuvo una infancia hermosa y una adolescencia feliz; creció, se sorprendió y estudió compartiendo siempre las mismas aulas y casi los mismos amigos con su hermana 18 meses mayor, pero casi gemelas. Khomutyntsi es su lugar en el mundo y todavía está fuera del alcance de drones y municiones. El verdadero amor le llegó de sorpresa a la capital de Ucrania y se lo trajo Oleksandr, su opuesto complementario. Ella, con un máster en Información Internacional (Universidad de Kyiv) bajo el brazo; y él recién salido del laberinto de las matemáticas, las estadísticas y la sociedad digital, se fueron juntos a buscar un doctorado a Bilbao, España. Eugenia, en Relaciones Internacionales e Interculturales por la Universidad de Deusto. Chernobyl inspiró 11 películas y 3 sarcófafos; Guernica, a Picasso “Mi hijo mayor, Lucas, nació allí hace casi 15 años. ¡Nos encanta el País Vasco, el norte de España! Allí vivimos momentos muy felices. Entonces éramos jóvenes, abiertos y creíamos que el mundo era un lugar seguro y sin fronteras”, sueña. “A mí los rusos me robaron la ilusión que tenía antes de la guerra: que el mundo es seguro, que los países se acercan cada vez más entre sí. Nos sentíamos hijos de ese mundo. Y me lo robaron. Porque ahora, para ir a Ucrania, tengo que volar y después tomar un tren durante 17 o 18 horas. Esa logística te regala la sensación de que Ucrania está muy, muy lejos. Mi sueño siempre fue que no hubiera fronteras… -Rusia reinició los bombardeos sobre la capital de Ucrania, ¿por qué no llega la paz? -La invasión rusa a Ucrania es un conflicto muy blanco y negro. En la Feria del Libro en Buenos Aires hubo una discusión muy profunda entre el embajador austríaco Gerhard Mayer y el embajador ucraniano Yuriy Klymenko. Mayer dijo que la guerra rusa actual contra Ucrania es “extremadamente clara”. Es raro para los conflictos internacionales que la víctima y el agresor estén tan claramente definidos. “El objetivo de cualquier propaganda no es principalmente difundir noticias falsas, sino sembrar duda. Hacer que la gente dude o se pregunte cosas como: ‘quizás hay algún conflicto civil interno en Ucrania, regiones separatistas…’ o ‘quizás el agresor es el defensor’, ejemplifica. “En 2014, esta propaganda fue bastante exitosa, pero ahora es obvio para cualquiera que tenga un conocimiento básico de la región que Rusia tiene ambiciones imperialistas y colonialistas. No puede ser un imperio sin Ucrania y esa es la única razón por la que invadió en 2014 y escaló la invasión en 2022. -Gaza, Líbano, Sudán, Pakistán, Venezuela, Irán… Son muchas las zonas explosivas, pero es difícil permanecer indiferente al dolor de Ucrania y de Gaza. ¿Por qué? - El mundo es global y cuando empezó la guerra en Ucrania el harina, el aceite de girasol y de maíz subieron de precio en todas partes, causando crisis y pobreza en los países que dependían de ellos. “Respecto a los recientes eventos en Venezuela –continúa-, a pesar de todos los problemas con el régimen actual allí, los métodos nos parecieron inquietantes, porque eso es exactamente lo que Rusia quería hacer con Ucrania: decapitarla en 2022. “No tenemos el lujo de decir que los eventos de un país lejano no nos van a influir, porque sí lo harán. Si Rusia tiene éxito en Ucrania significará que el más poderoso siempre tiene razón. Eso cambiará las reglas para todos e ignorar el derecho internacional se volverá normal. También entendemos que en América Latina existe el estereotipo de que la URSS era un país socialista y por tanto Rusia también lo es. En realidad era una potencia imperial que ocupó decenas de países, mató a millones y cometió crímenes horribles. Catástrofe militar: Ucrania desafía la retaguardia rusa con drones de largo alcance -¿Qué imagen te llevas de la Argentina? -La de un país muy diverso, con un pasado complejo, difícil de gobernar, pero un país de esperanza. Estos días en Buenos Aires, caminé con Artem Chapeye, escritor y soldado ucraniano que también participó en la Feria del Libro. Fuimos caminando de Recoleta a Caminito y nos gustó mucho. "Y nos dijimos varias veces: 'los argentinos no entienden lo afortunados que son al no tener como vecino un imperio que desesperadamente quiere vivir según las reglas coloniales del siglo XVIII. No saben lo que es vivir con el miedo a la guerra y de que solo aviones civiles vuelen sobre su hermosa ciudad'”. -¿Como imaginás el futuro? - Danutė Gailienė, una escritora lituana, también investigadora del trauma escribió en su libro sobre la ocupación soviética que para sanar un trauma se necesita justicia. Así que esperamos justicia. No solo que pare la guerra, queremos una paz justa.






