Imagen es percepciónMientras se contrata juventud por costo o rapidez, se desperdicia experiencia por prejuicio.
Cada 1 de mayo el país se detiene para conmemorar el trabajo. Hay discursos, hay asueto, hay cifras que se repiten. Más allá del descanso oficial de hoy, hay una verdad difícil de ignorar: cada vez hay más dificultad en reclutar buen personal. Entre oportunidades mal distribuidas y decisiones empresariales cortoplacistas, el mercado laboral termina desaprovechando tanto la energía de los jóvenes como la experiencia de quienes ya han recorrido el camino.
Guatemala es un país joven, y eso debería ser una ventaja. El 38.3% de su fuerza laboral tiene entre 15 y 29 años. Los jóvenes llegan con entusiasmo, dominio digital y una forma distinta de entender la productividad. Buscan propósito, flexibilidad, crecimiento rápido y ambientes menos autoritarios. Eso, bien entendido, puede modernizar a cualquier empresa.
El problema aparece cuando esa juventud se convierte en rotación permanente. Hay jóvenes que entran a un puesto y, pocos meses después, ya están buscando otro. Algunos se aburren rápido, otros no toleran presión, muchos simplemente no ven futuro. No siempre es falta de compromiso. Muchas veces es respuesta racional a empleos precarios, poca capacitación y rutas de ascenso que no existen.









