Mohamed Brahim se pasa los dedos entre el pelo salpicado de cabellos blancos. “Tengo solo 40 años y muchísimas canas”, se lamenta, sentado en una sala del Hospital Nacional Bachir Saleh de Rabuni, situado en el centro administrativo de los campamentos saharauis en Tinduf, en Argelia. Cobra el equivalente a 150 euros cada tres meses como incentivo por su trabajo de enfermero y subdirector del hospital. El dinero “no me da”, cuenta con voz cansada. Para mantener a su familia, regenta además una pequeña tienda y acepta trabajos extra cuando aparecen. “¿Cómo voy a alimentarla? ¿Con los dos kilos de arroz de la ayuda humanitaria que me dan al mes?”, se pregunta. “Siempre verás a los trabajadores en los campamentos estresados, debilitados y resolviendo. Tenemos que buscar la manera de que entre dinero en casa”, continúa. “Hoy hay familias que no tienen ni para comprar un pedazo de pollo a la semana”, añade.Tras 50 años de exilio, el deterioro de la ayuda humanitaria ha precarizado aún más la vida de las alrededor de 173.600 personas que habitan en los cinco campamentos saharauis ubicados en la hamada argelina, un desierto pedregoso donde el horizonte solo se rompe por los miles de plásticos esparcidos sobre la tierra. En los almacenes centrales de la Media Luna Roja Saharaui, su presidente, Buhubeini Yahia, describe la ayuda humanitaria que reciben los saharauis como “dar un paracetamol a un paciente para mitigar su dolor”. Un parche, sí, pero imprescindible en un territorio donde alrededor del 90% de sus habitantes depende de una asistencia internacional cada vez más mermada, sobre todo después de 2025, año en el que el sector humanitario vivió un terremoto provocado por el cierre de USAID, la agencia de cooperación estadounidense, y por los recortes en la ayuda oficial al desarrollo de varias potencias europeas. En 2024, Washington aportó más de 8 millones de dólares (unos 6,8 millones de euros), cerca de la mitad de los fondos que recibió Acnur en Argelia. En 2025, esa contribución cayó a poco más de 2 millones de dólares (unos 1,7 millones de euros). Esto se ha sentido con fuerza en el presupuesto que esta agencia de Naciones Unidas destina a los saharauis en Tinduf. “En 2024, el presupuesto del Acnur para los refugiados saharauis fue de 9,4 millones de dólares (8 millones de euros). En 2025, cayó a 5,6 millones (4,79 millones de euros)“, resume Yahia.Este tajo abrupto ha afectado a las ONG que operan sobre el terreno, y ha dejado sectores estratégicos como el agua o la salud aún más desprotegidos. En abril de 2026, EE UU ya ni siquiera figuraba entre los principales donantes que han materializado aportaciones dentro del plan humanitario de respuesta conjunta para los campamentos.Mientras tanto, el sistema intenta sostenerse con fondos mucho más limitados y con donantes que han continuado contribuyendo, como la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que en 2025 aportó 12 millones de euros de ayuda humanitaria a la población saharaui refugiada, cifras similares a las de 2024. De cara a 2026, la previsión es mantener un nivel de financiación similar al de 2025.Una lucha mes a mesEn Smara, a unos kilómetros de los almacenes de la Media Luna Roja Saharaui, varios operarios descargan de un camión grandes sacos de 50 kilos de arroz y pasta del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Son las siete de la mañana y Mariam Jairi supervisa pacientemente la operación. Es la responsable de ese punto de distribución de la canasta de comida humanitaria, que abastece a los vecinos de uno de los barrios de este campamento. Dice que las cantidades ya no son las mismas. Tampoco la variedad. Hace tiempo que dejaron de venir alubias y los productos llegan más tarde. Es uno de mayo y los alimentos de abril todavía no se han terminado de repartir. Trabajadores descargan sacos de alimentos en uno de los puntos de distribución del campamento de refugiados de Smara, en Tinduf, Argelia, el 2 de mayo. Los camiones llegan desde los almacenes de la Media Luna Saharaui situados en Rabuni, el centro administrativo de los campamentos saharauis.