Juma Bilal, un albañil sudanés de 32 años, en mayo del año pasado, tomó la difícil decisión de huir de la guerra civil que asola su país desde 2023. Con su mujer y cuatro hijos, la familia dejó atrás Jartum, la capital, y encontró refugio en el campamento de Ajoung Thok, en el norte de Sudán del Sur. “Aquí no conocíamos a nadie, pero habíamos oído que había refugiados”, comenta, “así que decidimos venir con nuestros hijos para que pudieran encontrar una oportunidad”.Ahora dos de sus hijos están matriculados en una escuela local del campamento y Bilal espera poder inscribir pronto a los otros dos, aunque no lo tiene garantizado. De momento, celebra que pueden comer e ir al hospital de forma gratuita. “En Jartum, si no tienes trabajo, no encuentras nada”, lamenta por teléfono, “pero, gracias a Dios, al llegar a Sudán del Sur, me sentí feliz porque había organizaciones que se preocupaban y nuestros hermanos nos recibieron muy bien”.Cuando la guerra civil en Sudán se adentra en su cuarto año, sin embargo, toda esta ayuda de la que dependen familias de refugiados como la de Bilal está cada vez más amenazada por la escasez de recursos y los recortes de la financiación internacional. Dentro de Sudán, cerca de 34 millones de personas necesitan hoy asistencia. Pero la dramática falta de respuesta también se siente con fuerza entre quienes han buscado refugio en el exterior.Desde el inicio de la contienda, casi 12 millones de personas permanecen desplazadas de sus casas en Sudán, incluidos más de 3,5 millones que se han refugiado fuera del país. Al menos 1,5 millones se encuentran en Egipto, casi un millón más en Chad, y otros 1,3 millones en Sudán del Sur, más de la mitad de ellos sudsudaneses retornados. Otros países vecinos, como Libia, Etiopía y la República Centroafricana, también acogen a decenas o a cientos de miles de sudaneses.A mediados de abril, el jefe humanitario de la ONU, Tom Fletcher, alertó de que miles de personas permanecen atrapadas en centros de tránsito con servicios básicos limitados y que ya se han registrado muertes de ancianos por desnutrición severa. También criticó que, pese a las ingentes necesidades, el plan humanitario altamente priorizado de la ONU para Sudán del Sur, dotado con 1.250 millones de euros, solo cuenta con un 22% de la financiación.El interés de la comunidad internacional nunca ha sido proporcional a las necesidades del pueblo sudanésMamadou Dian Balde, director regional de Acnur para África Oriental y Meridional“Cada uno de estos países ha sido muy generoso al acoger a refugiados, [y nosotros] tenemos la capacidad para brindarles asistencia, pero no tenemos los medios”, alerta Mamadou Dian Balde, el director regional de la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) para África Oriental y Meridional. “El interés de la comunidad internacional nunca ha sido proporcional a las necesidades del pueblo sudanés”, admite, y aun así “el interés continúa disminuyendo”.Desprotección en Sudán del SurSudán del Sur ya afronta una de las mayores crisis de desplazamientos del mundo y casi 10 millones de personas necesitan ayuda humanitaria, por lo que la llegada de más de 400.000 refugiados sudaneses ejerce una gran presión sobre las comunidades fronterizas de acogida, donde la infraestructura es frágil y los servicios están saturados. Además, muchos de los más de 900.000 retornados se quedan a medio camino debido a la inseguridad y a la falta de recursos.Cuando comenzó la guerra en Sudán todavía podíamos arreglárnoslas, pero ahora mismo, sinceramente, todos nos encontramos en modo supervivenciaSarah Diew, responsable de protección de la ONG sudsudanesa Nile HopeSarah Diew, responsable de protección de la ONG sudsudanesa Nile Hope, advierte de que esta drástica caída de la financiación, acelerada tras el cierre en 2025 de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), está obligando a tomar decisiones difíciles como priorizar la ayuda alimentaria en detrimento de los programas de protección frente a la violencia de género. “Cuando comenzó la guerra en Sudán todavía podíamos arreglárnoslas”, reconoce, “pero ahora mismo, sinceramente, todos nos encontramos en modo supervivencia”.Recortes de comida en ChadChad, por su parte, acoge a alrededor de 1,3 millones de refugiados de Sudán, incluidos más de 900.000 llegados desde que comenzó la guerra actual. El Gobierno chadiano ha mantenido abiertas sus porosas fronteras, aunque en las últimas semanas ha desplegado tropas por motivos de seguridad. Se estima que actualmente una de cada tres personas en el este de Chad es refugiada, lo que también ejerce una gran presión sobre los limitados recursos de las comunidades de acogida.Amar Adam, nacido en 2002 en Anjimi, una aldea cercana a El Geneina, la capital de Darfur Occidental, es uno de ellos. Tenía apenas dos años cuando su familia se fue a Chad, expulsada por la violencia del genocidio de Darfur a comienzos de los 2000. Recuerda una infancia más o menos despreocupada en la que por lo menos “había comida siempre” gracias a los repartos de ayuda humanitaria. Lo que le faltaba era la oportunidad de estudiar, y por eso regresó a El Geneina con casi 17 años para matricularse en una buena escuela. En 2023, sin embargo, tuvo que volver a Chad después de que las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido tomaran su ciudad en una de las ofensivas más sangrientas de toda la guerra.Amar sigue en el mismo campo de refugiados cercano a Adré, en la frontera chadiana, donde sus padres se vieron obligados a echar raíces dos décadas atrás. Pero las cosas han cambiado: ahora apenas hay comida, ni medios para obtenerla, asegura este joven, que a sus 24 años es un chico alto, bien parecido y que siempre se las arregla para vestir camisas perfectamente limpias y planchadas. “Después de tantos años de guerra y dificultades, he logrado sobrevivir, aunque he perdido mucho en el camino“, dice el chico, que en El Geneina se vio obligado a aprender a manejar un arma y a tirar a matar para salvar su vida.Las condiciones en los asentamientos son hoy críticas y muchos refugiados sobreviven con menos de la mitad de la cantidad mínima de agua diaria necesaria. Casi 250.000 personas permanecen además en regiones fronterizas inseguras donde muchos se ven obligados a dormir a la intemperie debido a la falta de fondos para reubicarlas. Los centros de salud y servicios de protección se encuentran saturados.Con sus recursos actuales, Acnur solo puede brindar asistencia básica a cuatro de cada diez refugiados, mientras que el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ya se ha visto obligado a reducir a la mitad su ayuda a la mayoría de las más de un millón de personas a las que atiende en las zonas de acogida. Ambas agencias alertan, además, de que tendrán que reducir drásticamente sus actividades en Chad en cuestión de meses si no reciben fondos adicionales.Para Amar y tantos otros jóvenes, la alimentación no es el único desafío. Este joven también sufre hambre de conocimiento; quiere ser profesor de idiomas, o empresario, y para ello necesita una buena educación que le es imposible encontrar en los campos de refugiados, donde en el mejor de los casos se reduce a aulas desbordadas, con más de 100 alumnos por profesor. “La calidad de los maestros no es buena. Te enseñan un poco a ser buena persona, pero académicamente casi nada”, lamenta. Él sigue estudiando por su cuenta, últimamente con ayuda de Apps de idiomas como Duolingo, a falta de un maestro de carne y hueso. Es consciente de que sin ayuda extra no llegará muy lejos, así que ha depositado todas sus esperanzas en su hermano mayor, que trabaja en Libia y ahorra para que Amar pueda matricularse en una universidad en Egipto. De momento, él solo espera, con paciencia, una nueva oportunidad para marcharse.Cuatro dólares por persona en EgiptoEn Egipto, el número de refugiados sudaneses desde el inicio de la guerra se ha multiplicado por 14, hasta superar los 800.000 contando solo los registrados, lo que ha convertido al país en el principal destino de quienes huyen de Sudán y el mayor receptor de nuevas solicitudes de asilo del mundo. Sin embargo, pese a este fuerte aumento, Acnur en Egipto contaba en 2025 con aproximadamente el mismo nivel de financiación que antes del conflicto en Sudán.Por ello, los fondos de los que dispone la agencia de la ONU han caído en los últimos tres años de 11 a cuatro dólares mensuales por persona, con los que debe cubrir todas las formas de apoyo, incluida la asistencia financiera directa, la atención médica y servicios de protección. Desde enero de este año, Acnur también ha tenido que recortar en Egipto su ayuda a más de la mitad de las 20.000 familias que dependen de ella para cubrir sus necesidades más básicas.Nesreen Osman, ama de casa de Jartum que en julio de 2023 buscó refugio en El Cairo, donde vive con su marido y sus cinco hijos, explica que se registraron con Acnur al poco de haber llegado y empezaron a recibir asistencia financiera en 2024. Desde entonces han destinado la limitada ayuda, que no llega ni al equivalente a 25 euros al mes, a la educación de sus hijos y a médicos. Pero lamenta que, con los recortes, ya se ve obligada a tomar decisiones difíciles.“Cuatro [de mis hijos] están en edad escolar [pero] ahora dos van a la escuela y dos no; se quedan en casa conmigo. El año pasado iban todos, pero este año solo dos”, cuenta Osman, que repite varias veces que lo que más quiere es protección para sus niños. Preguntada por si contemplan la posibilidad de regresar a Sudán si les siguen recortando la ayuda, la mujer no expresa ninguna duda: “No, no vamos a volver, aunque la situación sea tan difícil”.Históricamente, Egipto había mantenido una política de relativa apertura hacia las personas refugiadas, aunque a menudo sin reconocerlas como tal ni asumir la responsabilidad de cubrir sus necesidades básicas, lo que en muchos casos acababa aumentando su vulnerabilidad. En los últimos años, además, El Cairo está cerrando este espacio y está adoptando restricciones cada vez más estrictas, incluidas amplias campañas de detenciones y de deportaciones.En este contexto, Acnur en Egipto alerta de que, hasta ahora, solo ha cubierto el 2% de su presupuesto para 2026, lo que podría obligarle a suspender por completo la asistencia que brinda a familias como la de Osman en los próximos meses si no recibe financiación urgente.Para Balde, el director regional de Acnur para África Oriental y Meridional, este deterioro general de las condiciones de los refugiados sudaneses en la región es uno de los principales factores detrás de la llegada irregular de más de 14.000 sudaneses a Europa el año pasado, un aumento de más del 200% respecto a las cifras anteriores a la guerra. “Es una señal, una demostración, de que cuando no se invierte en los países de asilo, en educación, en salud, en agua, en alimentos, en servicios y en protección, la gente termina marchándose”, concluye.
El desplome de ayuda humanitaria asfixia a los refugiados de Sudán tras tres años de guerra
La falta de recursos limita el acceso a servicios esenciales en Sudán del Sur, Chad y Egipto, los países que acogen a más de 3,5 millones de huidos de la mayor catástrofe humanitaria del mundo






