Ebtihal Sifeeddinn Adam, una joven de Sudán de 22 años, lleva unas semanas tratando de reconciliarse con su hogar en Omdurmán, una de las tres ciudades que conforman el área metropolitana de la capital del país, Jartum. Acaba de volver después de dos años de ausencia, marcados por una devastadora guerra civil que estalló en abril de 2023 y la obligó a huir con su familia. “Los primeros días fueron muy duros”, recuerda, “pero gracias a Dios, pasaron”.

Desde Omdurmán, Ebtihal y los suyos se trasladaron a un pueblo cerca de Kosti, una de las principales ciudades del estado de Nilo Blanco, al sur de Jartum. Se tuvieron que instalar en una zona casi sin electricidad ni agua potable. Tampoco había cobertura, lo que se convirtió en un dolor de cabeza constante para poder mantener su trabajo en una agencia de marketing. Allí se quedaron alrededor de un año y medio, hasta que la guerra empezó a dar un vuelco.

En septiembre de 2024, y por primera vez desde el inicio del conflicto, el ejército empezó a tomar la iniciativa y a arrebatarle terreno a las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido, que hasta aquel momento habían mantenido a las tropas regulares contra las cuerdas. La ofensiva comenzó en el Estado de Sennar, al este de Nilo Blanco, avanzó hacia Jazira, en el fértil centro del país, y culminó, el pasado mes de marzo, con la simbólica recuperación de todo Jartum.