El centro de la asediada capital de Sudán no es más que un vestigio de la metrópoli que fue. Aunque el Gobierno sudanés quiere reconstruirla tras haberla recuperado, la violencia y el trauma frenan a los ciudadanos

Quienes llegan a Jartum por la calle Madani, en el sureste, pueden ver sin dificultad la devastación que casi dos años de guerra civil han dejado en Sudán. La línea del frente atravesó la capital y la ciudad es hoy una sombra de la metrópolis que fue. Torres de oficinas icónicas y hoteles de lujo han quedado reducidos a ruinas y en las calles, donde no hay ningún edificio intacto, sobran los recuerdos de meses y meses de combates: coches calcinados, paredes plagadas de agujeros, maletas rotas y un mosaico de fragmentos y casquillos de bala.

Cuando la guerra estalló en abril de 2023, millones de personas huyeron. La disputa entre ejército gubernamental de Abdelfah al Burhan (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), el grupo paramilitar de Mohamed Hamdan Dagalo, sumió al país en el abismo. Según Naciones Unidas, el conflicto ya ha desplazado a casi 12 millones de personas y ha provocado la peor crisis humanitaria en décadas. Aunque no existe un recuento consolidado, se estima que la guerra ha dejado un saldo de cientos de miles de muertos.