El pasado viernes, Nintendo anunció una subida de precios de la Switch 2, su última videoconsola. Se trata de algo excepcional: el fabricante japonés nunca había encarecido una de sus consolas ya en el mercado sin añadir nuevas funcionalidades. La tendencia general de estos dispositivos es la contraria: abaratarse a medida que pierden novedad y ampliar así la base de compradores de juegos. En España, la consola pasará de 469 a 499 euros.

Pero no ha sido la única. La PlayStation 5 también va al alza, a pesar de que es un modelo que salió a la venta en 2020 y se acerca al final de su generación. Sony aplicó en abril una subida de 100 euros, que deja la configuración más cara en 899 euros y la más barata en 599 euros. Esa configuración básica acumula un encarecimiento del 50% desde su lanzamiento, cuando se vendía por 399 euros. Una política de escalada a la que se ha sumado Microsoft, cuyas Xbox salidas en 2020 también son más caras ahora que entonces.

Comprar videoconsolas baratas esperando a que pierdan novedad ha dejado de ser una opción. Ninguno de los tres fabricantes da demasiados detalles. Se produce “debido al aumento de los costes, incluidos los precios de los materiales”, ha justificado Nintendo, y “dado que se prevé que el impacto de los diversos cambios en las condiciones del mercado se extienda a medio y largo plazo”.