Las organizaciones internacionales advierten de que la impunidad sigue siendo absoluta en este horror cotidiano
La tragedia de los desaparecidos en México ha dejado hace mucho de ser una emergencia coyuntural para convertirse en una herida estructural del país. Más de 132.000 personas siguen sin ser localizadas, según el último informe presentado por el Gobierno federal, una cifra que por sí sola retrata el fracaso acumulado de décadas de violencia, impunidad, corrupción y abandono de las víctimas.
La dimensión del horror no puede normalizarse. México convive desde hace años con fosas clandestinas, colectivos de madres que buscan a sus hijos, morgues saturadas y decenas de miles de cuerpos sin identificar. Las familias han tenido que asumir tareas que corresponden al Estado. La desaparición se ha vuelto un fenómeno cotidiano que atraviesa regiones, clases sociales y generaciones.
El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha dado señales de querer enfrentar el problema. La revisión del registro nacional, el reconocimiento público de las cifras y la apertura a la cooperación internacional representan un cambio de tono respecto a otros momentos en los que predominaron la negación o el maquillaje estadístico. Incluso organismos internacionales han reconocido cierta voluntad política para abordar la crisis.










