Mientras en los despachos del Madrid se delibera si José Mourinho es la apuesta —y quién sabe si la última carta— para hacer funcionar una plantilla que consideran de calidad, la expectación crece por ver cómo reaccionará el Bernabéu el próximo jueves en el partido contra el Oviedo (21.30, DAZN) después de la rendición final en el Camp Nou. Habrá que ver si para este choque se encuentra disponible Kylian Mbappé, que se ha convertido en este desenlace de curso en un elemento de distorsión por sus ausencias, la última vía de fuga en una entidad que vive sus peores días en lustros. Ni siquiera Álvaro Arbeloa ocultó al concluir el clásico que desconoce si el delantero volverá a jugar esta temporada. El estadillo de trabajo del francés revela una diferencia evidente entre 2025 y 2026. Entre agosto y diciembre, solo se perdió una cita, contra el City en la liguilla de la Champions. Este año, sin embargo, ya se ha dejado por el camino 11 partidos completos, varios de ellos decisivos para el equipo. Las molestias físicas y lesiones están detrás de estas bajas, empezando por aquella que sufrió en la rodilla izquierda en la que, en un primer momento, los médicos analizaron imágenes de la derecha. Y es verdad también que siete días más tarde de quedarse fuera del compromiso con el City por ese problema en la rodilla, jugó los 90 minutos de Copa en Talavera, donde logró un doblete que le ayudó a igualar el récord de goles en un año natural de Cristiano en el Madrid. Pero más allá de los partes médicos, en este tiempo también se han producido señales de cierta desconexión del jugador. Mientras en enero viajó en solitario hasta Arabia Saudí para la final de la Supercopa contra el Barça pese a que no se encontraba en disposición de ser titular (solo disputó un cuarto de hora), este domingo se quedó en casa y no se unió a la expedición en un compromiso que se presentaba como un trago, un trance único en la historia del club, que el Barcelona se proclamara campeón de Liga en sus narices. El sábado, según aseguró la entidad, no terminó el último entrenamiento por su problema muscular en la pierna izquierda. El asunto alrededor del galo toma relevancia también porque bajo la marca Mbappé nada ha parecido casual en la carrera de un jugador acostumbrado a marcar los tiempos. De discurso elocuente delante de un micrófono, en las últimas semanas se ha comunicado más con fotos (este lunes publicó una en el gimnasio de Valdebebas en su día libre y el domingo subió otra a Instagram cuando el clásico iba 2-0) que de viva voz en un momento de gran crisis en el vestuario. El calendario de MourinhoSolo 12 de los 41 tantos los ha logrado en 2026, con Arbeloa. La mayoría los celebró en sus meses de salud plena y con la mirada cómplice de Xabi Alonso, que, al contrario de las críticas que recibe ahora, valoraba su “implicación en el trabajo”. “La influencia positiva en el equipo es casi tan importante [como sus goles] para que los compañeros le sigan con y sin balón. Eso nos está ayudando a controlar mejor los partidos. Kylian siempre va a marcar, pero luego la influencia es mayor”, destacaba el técnico vasco, muy sonriente siempre con él. A nadie se le escapa que una de las prioridades, u obligaciones, del futuro entrenador será mezclar a Vinicius, calificado como “líder” por Arbeloa, con Kylian. En el Madrid aseguran que la dirección analiza con calma la decisión del banquillo. En Lisboa, José Mourinho, cuyo nombre no es negado por la entidad blanca y al que parecen conducir todas las señales en este momento de la trama, se refirió al asunto este domingo con una declaración muy cocinada que no descartaba nada. “No he tenido contacto con el presidente, ni con ninguna de las personas importantes de la estructura [del Real Madrid]”, acotó el entrenador portugués, que puso fecha al siguiente escenario en esta incertidumbre. “Tampoco lo tendré [el contacto] hasta el último partido de Liga contra el Estoril [próximo domingo 17 de mayo]. Después de eso, hay un plazo de una semana en el que tendré la libertad de hablar con quien crea conveniente”, indicó. En Valdebebas, fuentes con acceso directo al vestuario consideran que, al margen de la necesidad de elevar la calidad en algunos puestos del campo, se necesita un técnico que trabaje sobre la cabeza de los futbolistas para que dejen de dudar de sí mismos. El Madrid se terminó de despedir en el Camp Nou de todo, hasta del milagro de las matemáticas, tras una velada de capitulación a la que ni siquiera viajó para hacer grupo su máximo goleador Mbappé. El último agujero en una semana en la que la pelea entre Valverde y Tchouameni empujó a la entidad a una inestabilidad y sensación de fragilidad desconocida en las últimas décadas.