El francés, que busca su gran noche con el Real Madrid tras ser el sostén hasta enero, vuelve al equipo bajo la lupa por su trabajo defensivo
El fútbol esconde trampas y recovecos infinitos. Puede ocurrir que un jugador que marca 38 goles hasta abril y sostiene durante semanas a un equipo depresivo todavía termine generando dudas en el ambiente. Ese es Kylian Mbappé antes de encarar la ida de los cuartos de Champions contra el Bayern Múnich (21.00, Movistar+)....
El caso Kiki en la previa de una cita límite como esta consta de dos patas. Por un lado, y pese a su abundante producción, tiene que ver con lo individual, con la tarea pendiente en el Madrid de marcarse un Valverde, una actuación apabullante en una gran victoria blanca, como hizo el uruguayo ante el City. Y por otro, y más delicado, con su engrase en los circuitos generales de los blancos. Aquí, el asunto del francés equivale casi tanto como al asunto del Madrid, un conjunto que aún busca cuadrar el círculo con todas las estrellas juntas, y que precisamente viene de encontrar el compromiso defensivo sin dos de ellas (él y Bellingham).
Kylian confesó en el programa que tiene Tchouaméni en Youtube (The bridge) que está cansado de conceder entrevistas porque le agota el “combate de boxeo” con el periodista, así que en la conversación relajada con su compañero dejó una reflexión de fondo sobre uno de los puntos más censurados de su juego. “Defiendo menos que otros y, a veces, puede ser un problema. Pero cuando lo hago, tiene un impacto real. Cuando aprieto, los demás también lo hacen y, aunque muchas veces se me critique por ello, no me molesta. Es una crítica constructiva”, admitió. Hace un mes y medio, el observatorio CIES publicó un dato de Gradient Sports donde se mostraba que Kylian era el delantero de la Champions que recorría más distancia (43,5%) a menos de 7 kilómetros por hora (velocidad de caminar), por encima de Victor Osimhen (41,9%) y Mauro Icardi (40,2%).






