El tripulante de una narcolancha se puede llevar 10.000 euros por viaje y, si sabe de comunicaciones, 20.000; para el patrón de la embarcación, la cifra máxima: 45.000 euros

Hacía frío en el Parque Nacional de Doñana. Fue durante las pasadas Navidades, la temperatura no llegaba a los 4°C. Era una compañía de voluntarios para limpiar la zona. No recorrieron más de tres kilómetros de costa, según explicaron en la emisora de Canal Sur. Además de kilos y kilos de plástico, recogieron 210 garrafas: son grandes, muy visibles porque flotan o se incrustan en la arena. “Muchas de ellas llevan combustible, están rotas, gotean, contaminan el suelo y el mar”. La mayoría tienen capacidad para 25 litros. Acostumbran a llenarlas de noche en gasolineras de autoservicio. Las maf...

ias las guardan en pisos de barrios pobres hasta que les llega la información y se activa la operación porque son el envase fundamental en una de las fases logísticas del contrabando de hachís y cocaína. Es el petaqueo: la venta de garrafas –petacas- que permite repostar a las narcolanchas en altamar. Se están comprando por 250 euros, contó aquí hace unos meses Jesús A. Cañas. Ponía cifras al volumen de carburante que necesitan los motores de cuatro tiempos para ir a toda velocidad, cargar la droga de los buques nodriza y esquivar a la Guardia Civil: entre 2.000 y 4.000 litros.