Las redes que fabrican narcolanchas gracias a expertos transportistas de cocaína cuentan con viejos aliados en Portugal y una potente clientela en las bandas que operan en el Estrecho
Desmantelar los medios de transporte de los narcos es un objetivo tanto o más inabarcable que la contención de alijos. Desde las épocas del contrabando de tabaco, las organizaciones que mayoritariamente dieron el salto al narcotráfico ya medían su potencial con la construcción de planeadoras para escapar de ...
las persecuciones de patrulleras de Aduanas o de la Armada. Acostumbrados a ganar con lanchas más veloces, el salto a la cocaína multiplicó la demanda de experimentados transportistas gallegos y de barcos con dimensiones nunca vistas hasta entonces. Así surgió otro suculento dividendo: la fabricación de barcos en astilleros clandestinos de Galicia y Portugal que tiene como uno de sus principales clientes las redes que operan en el Estrecho con la cocaína, el hachís y la inmigración ilegal.
En la era de los narcosubmarinos, la multiplicación de bandas y superproducción de cocaína, la logística náutica de las organizaciones no ha parado de crecer y perfeccionarse, lo cual recorta aún más las expectativas de que estos medios puedan ser requisados. Estos sumergibles operan como los clásicos barcos nodriza, así que requieren de lanchas rápidas para la descarga de los cargamentos que llegan constantemente a las costas, el mismo método de siempre. A pesar de la superioridad de esta narcoinfraestructura, desde 2008, tras la primera gran operación policial del que entonces era número uno del transporte de cocaína, Abal Feijoo, Patoco, la incautación de lanchas se cuenta por centenares y son decenas los astilleros clandestinos descubiertos. Pero es una batalla que no tiene fin. Las bandas llegan a abandonar o hundir sus costosos barcos tras una descarga, lo que da una idea de la capacidad de reemplazo de esta potente flota.






