La emprendedora malagueña suma 21 locales y prevé alcanzar los 20 millones de facturación en 2026, con cinco aperturas más y el respaldo de dos inversores

Un viaje a Bali (Indonesia) le abrió el apetito emprendedor a Lydia Nieto (Málaga, 43 años). Trabajaba en el área de gestión de pagos en una startup tecnológica en Barcelona, vinculada a proyectos alimentarios. Hasta entonces, su relación con la comida era sencilla: le gustaba comer, pero valoraba más la experiencia que rodea a un plato. Lo explica así: “Para un niño, ir a McDonald’s es una gran experiencia, más allá de la comida, por todo lo que hay alrededor. Por ejemplo, a mí no me gustaba la comida japonesa, pero me encantaba el ambiente, la experiencia que se vive en un restaurante de este tipo. Eso es lo que siempre me ha llamado la atención”....

Frecuentaba un local bajo su casa, en Barcelona, donde servían el típico brunch —a medio camino entre el desayuno (breakfast) y el almuerzo (lunch)— y en el que los cafés se decoraban con un corazón dibujado en la espuma. La primera vez que apareció impresa la palabra fue en 1895, en un artículo del escritor británico Guy Beringer en la revista Hunter’s Weekly, que proponía una comida dominical más tardía, ligera y relajada, pensada para quienes se recuperaban de las salidas del sábado por la noche, pero concebida también como un espacio para socializar. Antes de que se acuñara el término, en el Reino Unido era habitual entre la clase alta celebrar el llamado ‘desayuno de caza tardío’, que se servía tras una jornada de cacería a primera hora del día y en el que se ofrecían carnes, huevos, bollería y una amplia variedad de bebidas. Esa misma élite adoptó el brunch los domingos como sustituto del desayuno y el almuerzo: una comida abundante y social, que se tomaba después de acudir a la iglesia o levantarse más tarde. Con el tiempo, el concepto cruzó el Atlántico en las décadas de 1920 y 1930 y se popularizó en Estados Unidos, donde hoteles y restaurantes lo adoptaron como una experiencia sofisticada de fin de semana, hasta convertirse en un fenómeno global.