La escena se repitió muchas noches. Daniela Goicoechea (Estados Unidos, 41 años) salía de clase de su posgrado en Diseño estratégico y se iba directa al pequeño local de la calle María de Molina, en Madrid. No llevaba delantal ni comandas: su misión era sentarse a cenar, charlar un rato con su hermano y que, desde la calle, pareciera que Goiko estaba lleno. “Al principio costó mucho. Solo estar ahí, ocupando una mesa, ya ayudaba a que la gente entrara”, recuerda. Aquel restaurante, que en 2013 introdujo la idea de pagar 10 o 12 euros por una hamburguesa de calidad con servicio cercano, terminaría convirtiéndose en una cadena de 65 locales repartidos por toda España. En la operación de venta de Goiko, allá por 2018, el fondo de capital riesgo L Catterton adquirió el 80% de la cadena de hamburgueserías por cerca de 150 millones de euros.
Pero esta historia empieza mucho antes. La empresaria nació en Estados Unidos, donde sus padres estudiaban con becas del Gobierno venezolano. Su madre fue profesora de inglés y geógrafa; su padre, ingeniero. Creció en Maracay y a los 12 años se mudó a Caracas, donde descubrió que le gustaba el dibujo y el diseño, pero terminó estudiando arquitectura por falta de una carrera universitaria en diseño. Trabajó cinco años en una constructora antes de dar el salto a España. “No siempre supe lo que quería hacer, pero siempre tuve claro que quería crecer”.






