Con ‘Train on the Island’, la voz inusual de la neozelandesa reafirma su espacio en una generación de cantautoras que han convertido la excentricidad en estilo

“Paso demasiado tiempo en mi propia cabeza”, le dijo Aldous Harding a Jude Rogers en una entrevista para The Guardian en 2019. Ciertamente, la música de esta cantautora evoca esa suerte de estado mental, porque casi siempre suena como si estuviera intentando contarnos las conversaciones que mantiene consigo misma mientras el mundo gira y ella gira alrededor del mundo. Su quinto álbum, Train on the Island, también es así y, al igual que sus predecesores, se divide entre las can...

ciones arregladas de manera más corriente y otras mantenidas por los sonidos justos. Pero incluso cuando Harding suena más tradicional, o cercana, o como lo queramos llamar, continúa sumergida en una dimensión que solamente ella conoce. Imbuida por los paisajes de su Nueva Zelanda natal, de Harding se ha dicho que es una “fantasmagórica cantautora de folk gótico rural”. La acumulación retórica no le quita razón a la frase.

La suya es una voz que nos cuenta lo que ve y siente de una manera inusual. En su segundo álbum ya había un título que llamaba poderosamente la atención: ‘What If Birds Aren’t Singing They’re Screaming’ (y si los pájaros no estuvieran cantando sino gritando). Detalles así han facilitado que se haga énfasis en su singularidad y que incluso se la haya etiquetado, también, como freak folk, una de esas tonterías de la prensa musical anglosajona que antes aceptábamos y ahora ya no tanto. La inquietante —también por cómo estaba interpretada— canción de los pájaros venía en Party (2017), su segundo álbum. Era el primero que le producía John Parish y estaba marcado por su ruptura con Marlon Williams, otro artista neozelandés para tener en cuenta. Con esta obra, Harding se integró al circuito alternativo global, pasando a formar parte de una generación de cantautoras que han convertido la excentricidad en estilo. No se trata de efectismo, sino de formas de expresión que recurren a las vías convencionales solamente en caso de necesidad. Cate Le Bon, Lael Neale o Flock of Dimes también funcionan así, cada una a su manera. Su rareza es también la nuestra.