En un principio se buscó el rastro del ratón, pero puede que esta haya sido la pista equivocada. El brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius tiene ocho infectados, tres de ellos confirmados. Tres de los afectados han muerto, uno permanece en cuidados intensivos en Johannesburgo (Sudáfrica) y otro en un hospital de Suiza. Teniendo en cuenta que todos habían compartido espacios y actividades, se pensó que podía tratarse de una infección conjunta, por inhalar aerosoles de heces, orín o saliva de ratones. Es la forma más común de infectarse de hantavirus. Puede que todos entraran en el mismo recinto cerrado con excrementos de roedor y aspiraran el mismo aire contaminado. Pero a medida que se van conociendo datos, esta hipótesis pierde fuerza y se considera, cada vez más, el contagio entre humanos a partir de un primer infectado. En primer lugar, la OMS confirmó el miércoles que la enfermedad ha sido originada por el virus de los Andes (ANDV). Es la única de todas las variantes del virus que no se contagia solo de ratones a humanos, sino también entre estos. La cronología de las infecciones parece corroborar esta hipótesis, confirman fuentes médicas consultadas. También el relato de los hechos que hace a este diario uno de los pasajeros del barco, que prefiere mantenerse en el anonimato.“Aquí se dice que es posible que fuera el matrimonio holandés”, explica en conversación telefónica este viajero. “Era un matrimonio que llevaba ​meses viajando por Sudamérica en su furgoneta. Cuando venía el invierno austral, decidieron aparcarla en Montevideo y volar a Ushuaia para montar en el barco”. Se da la circunstancia de que los ratones colilargos, que contagian el hantavirus, se mueven por el cono sur de América, pero no han sido detectados en Tierra de Fuego, de donde partió el barco. Es demasiado frío. Tampoco se han registrado casos de hantavirus en su historia epidemiológica. El periodo de incubación del virus, hasta que empieza a mostrar los primeros síntomas, va de la semana a las seis semanas. “Él se empezó a encontrar mal a partir del tercer o cuarto día de partir”, explica el pasajero. La expedición no había parado en ninguna isla desde que zarpó (no lo harían hasta que visitaron Georgia del Sur, unos días más tarde). El hombre se recluyó entonces en su camarote, con su mujer. “No salían de ahí”, comenta el pasajero. “Eso sí, recibieron la visita del médico y el ayudante del médico”. El hombre falleció el 11 de abril. Su cadáver fue guardado en una cámara frigorífica.“Uno de nuestros pasajeros murió anoche”, anunciaba el capitán a la tripulación, en un vídeo hecho público por uno de los pasajeros. “Los doctores han dicho que no es infeccioso. El barco es seguro a ese respecto”. Los pasajeros recibieron la noticia con tristeza, pero tranquilidad. Siguieron con la expedición, haciendo actividades juntos, comiendo en un restaurante bufé.La mujer del fallecido, el médico y su ayudante se contagiaron. El 22 de abril el barco atraca en Santa Elena, una isla remota del océano Atlántico, a casi 2.000 kilómetros de la costa de Angola. Allí desembarca el cadáver del fallecido, acompañado por su esposa, una mujer de 69 años, que desde allí iba a iniciar los trámites de la repatriación a Países Bajos, el país de origen de ambos. Junto con ellos desembarcan 23 pasajeros que terminan aquí su viaje e inician el retorno a sus casas. Ella no lo conseguirá.El 25 de abril, la mujer holandesa viaja, con el cadáver de su esposo, hasta Sudáfrica en avión. La idea era hacer conexión con Holanda, pero ella empieza a encontrarse peor durante el vuelo y ya en el aeropuerto de Johannesburgo se desmaya. Es trasladada a un centro de salud, donde fallece al día siguiente. Las autoridades comunican la muerte al barco, que se traslada a los pasajeros. Pero estos, una vez más, no le dan importancia. “Siempre se puede morir gente, yo pensé en esa muerte romántica, se murió de pena…”, explica el pasajero, que justifica su tranquilidad recordando que ella dio negativo en todas las pruebas que le hicieron. Los pasajeros siguieron haciendo vida normal.Pero cuando pasan junto a la isla Ascensión, empiezan a sospechar que algo no va bien. “Es una isla británica con la base americana más grande de todo el Atlántico. Ahora mismo está prohibido bajarse ahí, por temas militares”, explica el pasajero. “Pero ahí nos dijeron que iban a bajar a una persona que no estaba bien. Lo bajan en Ascensión junto a su señora. Y tres días después nos llegan las noticias de que está en Johannesburgo, que está estable y que presenta esto, el virus. Hasta entonces, el 25, nadie sabía que había un virus aquí”.El 28 de abril, una mujer adulta de nacionalidad alemana dice sentirse mal. Empieza a desarrollar síntomas de neumonía y empeora rápidamente. El 2 de mayo fallece. “Era mayor, de 80 años”, explica su compañero de viaje. Con ella iba siempre otra mujer con la que compartía camarote. Es una de las tres personas contagiadas a las que han evacuado del barco esta mañana. “Es asintomática total”, explica.